Rodrigo Paz y el desafío de refundar la política local
Ya tenemos nuevo presidente, y mi percepción paranoica es que se vienen días aciagos para el país. Y no se trata de quien preside, sino de la dinámica decisionista que se avecina, concentrada en dos ejes cardinales: la estabilidad macroeconómica y el equilibrio fiscal. Sin embargo, ambos son quimeras imposibles sin una arquitectura política que asegure gobernabilidad legislativa y, sobre todo, sin un entramado de legitimidad social –ese tejido invisible que, más que leyes, gobierna los ánimos del país.
Sin cohesión social, cualquier intento de ajuste o reforma se convierte en un castillo de arena: puede resistir los vientos parlamentarios, pero no las tormentas de la calle. Porque en economías frágiles, los conflictos no solo paralizan al Estado, sino que clausuran la esperanza.
Por tanto, solo un pacto tácito de supervivencia nacional puede evitar que el país vuelva a caer en la espiral del bloqueo, el descrédito y la ruina económica. Y ese escenario nos lleva a las elecciones subnacionales, donde el PDC (Partido Demócrata Cristiano) enfrentará su hora más decisiva.
El éxito de Rodrigo Paz, ha sido una conquista coyuntural: no otra cosa significa que la mayor parte de su representación parlamentaria, constituya el subproducto de un arrastre electoral fortuito. Una suerte de “representación vicaria” sin densidad institucional. Por consiguiente, el partido gobiernista debe buscar consolidar espacios institucionales y territoriales en los gobiernos subnacionales, optando por los mejores cuadros, evitando outsiders sin obra, y representantes de logias recicladas.
Porque sin una red de gobiernos departamentales y municipales afines, el país corre el riesgo de trasladar el bloqueo legislativo al nivel territorial: una parálisis institucional que asfixiaría la recuperación económica y fracturaría la gobernabilidad.
Se requiere, por tanto, una revolución meritocrática dentro del partido. Que la selección de candidatos no se base en el arrastre electoral ni en la fidelidad cortesana, sino en la aptitud, la solvencia ética y la competencia técnica. La gobernabilidad del Estado no puede ser una ruleta de nombres ni una tómbola de favores.
Rodrigo Paz tiene en sus manos la oportunidad de refundar la política subnacional bajo un paradigma de eficiencia y compromiso histórico, porque hasta el momento en las principales ciudades capitales, considerando la talla moral de los precandidatos: el electorado se ha visto condenado a elegir entre el “mal menor” y un voto puramente “contra el pasado”.
El autor es comunicador y abogado
Columnas de FREDDY RIVAS OROZCO


















