Venezuela no es solo petróleo, es también gas natural
Entiendo que los recientes acontecimientos en Venezuela tienen mucho más de geopolítico que de un orden netamente energético o económico. La política exterior de Trump esta clarísima y es alejar lo más posible de Latinoamérica los intereses de China, Rusia e Irán.
También quiere poner en la guillotina al denominado socialismo del SSXI, que gobernó por alrededor de dos décadas un buen número de países en América Latina –y aún gobierna en algunos. Esos gobiernos dejaron escabrosos resultados en materia económica en muchos países de nuestra región.
He leído y escuchado sesudos análisis y proyecciones de cómo se podría levantar la alicaída industria petrolera venezolana bajo la tutela del Gobierno de EEUU y del actual presidente Trump. Los hay, desde los más agoreros hasta los más optimistas, como tiene que ser. Lo anterior se da por el contraste que hay entre un país con enormes reservas y recursos de hidrocarburos y una situación caótica en lo político, social y económico.
Decir que EEUU no necesita crudo de Venezuela porque hay shale oil (petróleo de esquisto) es ignorancia pura. Son crudos diferentes y se necesitan ambos. Venezuela necesita el shale oil y EEUU un crudo de aproximadamente 16° API. Este puede ser el primer impulso para detonar inversiones y recuperación de producción petrolera con intereses comunes. Ahí está Chevron, desde hace mucho tiempo.
Pero por el otro lado hay temas profundos que dan incertidumbre como migración, retorno a la democracia, facciones dentro del régimen, tutela de EEUU, la oposición política sin norte y, por supuesto, temas muy allegados al negocio del narcotráfico.
Existen intereses rusos, iraníes, cubanos y chinos. Hay falta de recursos humanos en la industria y conseguirlos externamente, no es ni será nada fácil.
Me permito ingresar al tema de gas natural, el más limpio de los combustibles fósiles, competitivo e imprescindible para descarbonizar el planeta. Primero, en Venezuela existe una ley de gas natural que es mucho más amigable a la inversión que la ley de petróleo antigua.
Por ejemplo, permite la participación de capitales 100% privados en la exploración y producción y en toda la cadena del negocio, una ventaja comparativa frente a las restricciones del sector petrolero. Impone también menores regalías: del 20%, establece un ente regulador, entre otras ventajas.
Venezuela cuenta con las octavas reservas de gas del mundo con aproximadamente 200 TPC (trillones de pies cúbicos). Esas resenrvas pueden ascender al cuarto o sexto puesto global tras nuevas certificaciones en el cinturón costero, principalmente.
El corazón del gas “no asociado” en Venezuela late en el mar. El 80% de estas reservas citadas se encuentran costa afuera, distribuidas en proyectos estratégicos como Cardón IV, el Proyecto Mariscal Sucre y la Plataforma Deltana.
En el extremo oriental, el potencial es también enorme, pero subdesarrollado. Los campos Patao, Mejillones, Río Caribe y Dragón suman alrededor de 14 TPC de reservas probadas. Están también los campos transfronterizos (Loran-Manatee) que es un yacimiento compartido con Trinidad y Tobago y que alberga 10 TPC (7 en aguas venezolanas y 3 en trinitarias), donde empresas como Shell y Chevron tienen participación.
El gas natural en Venezuela no solo tiene ventajas en su regulación sino también por el bajo riesgo geológico y por la abundancia y ubicación de los yacimientos que están plenamente identificados y con acceso a mercados. Lo más importante, existe infraestructura actual y proyectada que permite evacuar al mercado, y que a mi gusto es el impulso más importante para la industria del gas natural.
Menciono el gasoducto binacional Antonio Ricaurte hacia Colombia (un país que se va de lleno a importar cada año más gas natural licuado, (GNL, a precios con marcadores internacionales) que es demanda asegurada. Este gasoducto necesita inversiones del orden de 50 a 60 millones de dólares para ponerlo operativo y las reservas están en Cardon IV, operado por ENI (multinacional energética italiana) y Repsol, española.
Añado el suministro de gas a los cuatro trenes de licuefacción en Trinidad y Tobago, ya construidos y que van quedando con capacidad ociosa para una demanda global creciente de GNL de 6% (2015-2024) promedio anual. Un tren de capacidad 12 MMMCD (millones de metros cúbicos día) ya está totalmente ocioso. Las reservas están en el campo Dragon, asignado a Shell con reservas probadas de 4 TPC y un gasoducto de conexión de 1kilómetros de lomgitud que se debe construir. El banquete está servido, solo falta devorarlo.
Visualizo también oportunidades dentro del país con gas natural para gasoductos virtuales y por supuesto para la demanda de energía en los centros de datos, que buscan energía firme y competitiva, y eso otorga el gas natural. La recuperación de gas de quema para transformar las pérdidas actuales en ingresos es otra oportunidad inmediata.
Existe en Venezuela enorme infraestructura que necesita ser habilitada con inversiones menores y que dan mercado a las reservas descubiertas, pero se necesitan mejores precios en ciertos sectores de demanda.
Resumiendo, queridos lectores, Venezuela no es solo petróleo es también gas natural. Mi apuesta es que varios proyectos pueden materializarse en los próximos cinco años. Existe mercado, existen reservas y existe infraestructura avanzada.
El autor es exministro de Hidrocarburos de Bolivia y actual socio director de Gas Energy Latin America
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