Municipios y departamentos: de la sostenibilidad a la resiliencia fiscal
Durante años, la gestión pública se enfocó en la sostenibilidad fiscal, equilibrio presupuestario, planificación y control del gasto. Y claro que eso importa. Pero hoy vivimos una realidad distinta, marcada por crisis económicas, eventos climáticos extremos, presión sobre los sistemas de salud y una incertidumbre cada vez mayor. En ese contexto, la sostenibilidad ya no alcanza por sí sola.
El fenómeno del ‘Súper Niño’, la desaceleración económica y el incremento de demandas sociales están demostrando que muchos municipios fueron diseñados para administrar estabilidad, no para enfrentar crisis permanentes. Ahí aparece un concepto fundamental para esta época, la resiliencia fiscal.
La resiliencia fiscal no significa abandonar la disciplina financiera, significa que los gobiernos tengan capacidad de adaptación y respuesta cuando los ingresos caen o las necesidades aumentan. El problema es que gran parte de nuestros municipios siguen dependiendo casi exclusivamente de transferencias, coparticipación tributaria o recursos externos. Cuando esas fuentes se reducen, el margen de acción desaparece.
Entonces aparecen las respuestas tradicionales, ajuste, paralización de inversión o debate sobre nuevos impuestos. Pero el verdadero desafío es otro: cómo construir municipios menos dependientes y con mayor capacidad de generar recursos propios, diversificar su economía y desarrollar mecanismos flexibles de financiamiento.
Durante mucho tiempo se pensó la gestión pública desde modelos excesivamente rígidos y ultraplanificados, como si el contexto no cambiara. Pero la realidad actual demuestra que las crisis rompen cualquier planificación tradicional. Por eso, hoy no basta con administrar bien, también se necesita capacidad de reacción.
En los próximos años, gobernar no será solamente ejecutar presupuestos. Será gestionar incertidumbre. Y en ese escenario, los municipios y gobiernos departamentales que sobrevivan mejor no serán necesariamente los más ordenados en el papel, sino los que tengan mayor resiliencia, capacidad adaptativa y margen de maniobra frente a las crisis.
En definitiva, el debate sobre la gestión pública ya no puede quedarse únicamente en la sostenibilidad financiera tradicional. El desafío de esta época es construir instituciones capaces de resistir, adaptarse y responder en contextos cada vez más inciertos y cambiantes.
Porque en un mundo atravesado por crisis económicas, ambientales y sociales simultáneas, la verdadera fortaleza de un municipio no estará solo en cuánto recauda o cuánto ahorra, sino en su capacidad de sostener a su población cuando las crisis lleguen.
El autor es analista de políticas públicas
Columnas de CÉSAR AUGUSTO CAMACHO SOLIZ




















