Experiencia de la aviación boliviana y mundial
Con 54 años de trayectoria en el ámbito aeronáutico, formación y experiencia adquirida en Boeing, así como participación en distintas funciones directivas dentro de empresas aéreas en Bolivia y el extranjero donde fui distinguido, he podido observar de cerca las dinámicas reales que determinan el éxito o el fracaso de una aerolínea.
A lo largo de mi carrera, incluyendo mi breve designación como presidente interino de Lloyd Aéreo Boliviano (LAB), comprendí que no estaba capacitado para manejar una empresa aérea, ya que no contaba con capacidad y por esta razón estuve muy poco tiempo de interino. En ese contexto, la correcta administración no solo es una cuestión de eficiencia, sino de responsabilidad estructural. Por lo tanto, si aceptas manejar una empresa para lo cual no estas capacitado, ya eres corrupto.
Uno de los aprendizajes más importantes en la industria es la relación directa entre la red de rutas y la sostenibilidad operativa. Una aerolínea no puede sostener su viabilidad únicamente incrementando flota sin una planificación adecuada de destinos. Las rutas generan utilización de aeronaves; sin ellas, los aviones permanecen en tierra, lo que representa pérdidas económicas significativas. El LAB con menos aviones tenías más rutas que BoA.
En términos operativos, aeronaves como el Boeing 737-700 o 737-800 requieren una utilización eficiente, idealmente superior a nueve horas de vuelo diario, minimizando los ciclos de despegue y aterrizaje, ya que estos impactan directamente en el desgaste estructural y en los costos de mantenimiento. La gestión de ciclos y horas de vuelo es un factor crítico en la rentabilidad aeronáutica.
Por otro lado, mantengo una convicción firme respecto a la necesidad de evaluar críticamente a los organismos internacionales que influyen en la aviación civil. Mi experiencia con instituciones como la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) me llevó a cuestionar ciertas prácticas y enfoques que, en algunos casos, no reflejan plenamente las realidades operativas de países en desarrollo.
Durante mi trabajo en la Dirección General de Aeronáutica Civil de Bolivia, contratado por la OACI, vinculado a programas de cooperación internacional, observé dinámicas administrativas que me generaron una reflexión crítica sobre la transparencia de algunos esquemas de cooperación técnica, llevándome a replantear la forma en que se implementan ciertos estándares internacionales.
Uno de los procesos más complejos en la aviación boliviana ha sido la obtención de la categoría 1 en materia de seguridad operacional, bajo auditorías internacionales como las de la Federal Aviation Administration (FAA). Este proceso ha sido históricamente exigente y continuo, con múltiples evaluaciones técnicas y requisitos que deben cumplirse de manera sostenida.
Recuerdo que, en distintos períodos equipos técnicos vinieron a evaluar y en muchos casos no entendían el problema, tenían observaciones constantes y exigían mejoras. Finalmente, la certificación fue alcanzada en un contexto político y diplomático, gracias al ex Presidente Jaime Paz Zamora, lo que permitió acuerdos bilaterales y apertura de rutas a Norte América.
En ese sentido, la apertura de rutas internacionales y acuerdos bilaterales, en las que participe, representó oportunidades relevantes para aerolíneas como AeroSur y el propio Lloyd Aéreo Boliviano, como los vuelos MIA-HAV con excelentes resultados económicos, con derechos de quinta libertad como único país en el mundo.
En conclusión, la aviación es una industria donde la técnica, la gestión y la regulación internacional convergen de manera compleja. La experiencia acumulada demuestra que el éxito no depende únicamente de la tecnología o la flota, sino de decisiones estratégicas coherentes, políticas aeronáuticas sostenibles y una comprensión realista del entorno operativo.
Columnas de Constantino Klaric



















