Prevenir los incendios
Bolivia está cerca de ingresar a la época, que comprende junio y julio, cuando reaparece el riesgo de los incendios forestales que año tras año afectan a enormes extensiones del territorio nacional, particularmente, en el oriente, los valles y se ensañan particularmente con los parques nacionales.
¿Qué hacer antes de que la humareda vuelva a cubrir el horizonte en Santa Cruz, Beni, Pando, Cochabamba y otros departamentos? La prevención será un tema clave, pero, también aplicar la normativa que limita y regula los chaqueos, una práctica ancestral que perdura y es en un grave riesgo para la salud.
El chaqueo es uno de los factores de riesgo debido a que si bien se utiliza como práctica agrícola se suele desbordar hasta convertirse en fuego voraz que arrasa vegetación, animales, casas y todo cuanto encuentra a su paso.
Ahora nos encontramos a tiempo para prevenir antes de que nos encontremos ante la necesidad de dictar declaraciones de emergencia departamental y nacional para tratar de ganar a las llamas.
La prevención no puede seguir en condición de ser una simple palabra que se incluye en los planes para la contención de los desastres naturales, sino que debe servir para aplicarse. Este trabajo pasa por revisar y fiscalizar las autorizaciones de quemas a nivel nacional y local, de asignar presupuestos y equipamiento a los grupos de primera respuesta y aplicar sanciones contra quienes atenten contra el patrimonio natural de todos.
La época seca se agudiza en San Juan, el 24 de junio, por lo que las acciones entre las instituciones deben ser coordinadas con anticipación para no lamentar desastres que destruyan el medioambiente.
Según los registros, los incendios en 2025 tuvieron una reducción considerable en comparación a la gestión anterior, cuando el fuego afectó a más de 12,5 millones de hectáreas. El año pasado el fuego dejó 741 mil hectáreas afectadas en la época crítica que va de septiembre a octubre.
En el caso de Cochabamba, la temporada de incendios de 2025 afectó al Parque Nacional Tunari, el principal pulmón de la región metropolitana, pero con menor incidencia que años anteriores por la instalación de cámaras para la detección de incendios, lo que permitió una respuesta más rápida, oportuna y eficaz.
La atención de los incendios este año no debería medirse por la cantidad de incendios que se apaguen o por las hectáreas que se quemen, sino por los focos de fuego que se eviten. Las lecciones del pasado deben servir para que las autoridades realmente trabajen por la prevención y para que la sociedad civil insista en evitar las quemas y fiscalice a través de los planes de prevención que reduzcan al mínimo los riesgos de los incendios.















