Señor presidente Paz, aún podemos salvar la aviación boliviana
En una oportunidad tuve la satisfacción de colaborar en la puesta en marcha del vuelo de Amazonas entre Salta y Asunción, ocasión en la que usted nos recibió en el aeropuerto como gobernador. También tuve el honor de mantener una relación de amistad con su señor padre, así como con destacadas personalidades que, me solicitaron contribuir al desarrollo de la aeronáutica boliviana. A través de ellos conocí a importantes actores del sector, entre ellos Ramón Prada e Ivo Kuljis.
Con 91 años de vida y 54 años dedicados íntegramente a la aviación comercial y civil, considero que tengo el derecho y también la obligación moral de expresar algunas reflexiones sobre el presente y futuro de la aeronáutica nacional.
Durante las anteriores gestiones ministeriales se realizaron diversas denuncias relacionadas con la administración de BoA. Entre ellas, presuntas adquisiciones de seguros con sobreprecio, contratos de alquiler de aeronaves fuera de los parámetros habituales del mercado y un déficit económico que, según información pública, habría alcanzado cifras preocupantes.
Si estas denuncias fueron ciertas, corresponde preguntarse por qué hasta la fecha no se han determinado responsabilidades ni se han adoptado las acciones legales o administrativas correspondientes. Y si las denuncias fueron falsas, también es imprescindible que las autoridades lo aclaren públicamente para preservar la imagen de las personas involucradas y, sobre todo, la credibilidad institucional del país.
Cuando el capitán Mario Borda me solicitó colaborar con BoA, acepté bajo una sola condición: no recibir salario ni viáticos. Únicamente se cubrían los pasajes por asuntos relacionados con la empresa; incluso muchos gastos los asumí personalmente.
Entre los casos que considero importantes destacar se encuentra la reapertura de rutas internacionales. Recuerdo que para determinados trámites relacionados con autorizaciones de vuelo hacia Estados Unidos mencionaban costos legales cercanos a los 25.000 dólares. Gracias a las relaciones profesionales construidas durante más de cinco décadas en la industria aeronáutica internacional, logré gestionar procedimientos por apenas 170 dólares, monto que incluso salió de mi propio bolsillo.
A lo largo de mi carrera fui director de diversas líneas aéreas bolivianas e internacionales, director de la DGAC bajo contratación de la OACI y embajador de Boeing para Bolivia, Perú y Ecuador. Asimismo, participé en la obtención de autorizaciones que permitieron a empresas bolivianas operar en mercados estratégicos.
Por ello me resulta difícil comprender por qué, contando con una flota superior a la que tuvo en su momento el histórico LAB, BoA no logró consolidar o recuperar destinos tan importantes como México, Washington, Panamá, Bogotá, La Habana, Arica o Santiago. Cada ruta abandonada representa miles de pasajeros que terminan utilizando aerolíneas extranjeras, generando una permanente salida de divisas que el país necesita retener.
La experiencia demuestra que el éxito de una aerolínea no depende únicamente del número de aeronaves que posee, sino de la eficiencia con la que las utiliza. Un avión estacionado genera costos; un avión volando genera ingresos. Por esa razón, la gestión de una aerolínea requiere conocimientos altamente especializados y decisiones basadas en criterios técnicos y comerciales. Por lo tanto, manejar una empresa es con conocimiento, de lo contrario aceptar es corrupción.
Como ciudadano boliviano y como alguien que dedicó gran parte de su vida a representar al país en la industria aeronáutica internacional, considero que aún estamos a tiempo de corregir errores, aclarar dudas y construir una estrategia que permita a nuestra línea aérea estatal cumplir verdaderamente con los objetivos para los cuales fue creada.
La aviación boliviana merece un futuro basado en la eficiencia, la transparencia y la experiencia. Ese es el legado que debemos dejar a las próximas generaciones.
Columnas de Constantino Klaric















