La importancia y urgencia de expandir el TGN en Argentina
El TGN, para los que no son de la industria, es la empresa argentina Transportadora de Gas del Norte. Hasta hace un tiempo transportaba gas natural de Bolivia y de los campos del norte de Argentina hacia el centro de este país. La dirección de su flujo tuvo que ser revertido por la declinación de los campos en el norte, la imposibilidad de Bolivia de cumplir contrato y entregar gas hasta 2027, como estaba pactado, y el desarrollo de gas y petróleo de esquisto en Neuquén.
La reversión ya ha sido realizada y ampliada, pero aún se necesitan nuevas ampliaciones que son importantes y urgentes para atender la demanda de gas en el norte del Cono Sur de Sudamérica.
Empecemos con Brasil. Existe en el imaginario la idea de que Brasil habría llegado a una posición confortable de autosuficiencia en gas natural, principalmente debido al crecimiento de la producción asociada al presal (capa geológica submarina que está debajo de una masa de sal) y a la incorporación de GNL (gas natural licuado) importado.
Empero, gran parte del gas natural producido en Brasil continúa siendo asociado a la producción de petróleo offshore (costa afuera), especialmente en el presal y se reinyecta y continuará siendo reinyecatdo por razones técnicas, operativas y económicas.
Además, Brasil todavía enfrenta importantes limitaciones de infraestructura de evacuación, procesamiento y transporte capaces de transformar plenamente la producción del gas asociado en oferta “competitiva” para el mercado consumidor.
El sistema brasileño todavía necesita complementación externa (fuera del GNL) para garantizar suministro firme y confiable que logre atender la demanda perdida, existente y potencial, con una nueva señal de precios. Esta dependencia se vuelve aún más relevante frente a la reducción progresiva de la oferta de Bolivia, cuyo flujo –creo yo– será interrumpido totalmente en 2027 para, posteriormente, importar el energético a partir de 2029.
Durante casi tres décadas, Bolivia desempeñó un papel estratégico en el abastecimiento de gas a Brasil y, posteriormente, a Argentina por gasoducto sistema que tiene previsibilidad, firmeza y precios mucho más estables y competitivos que el GNL, por ejemplo.
Lastimosamente, las políticas fallidas de nacionalización y del Estado empresario implementadas en Bolivia, con YPFB a la cabeza, no han permitido reponer reservas descubiertas hace tres décadas. Merced a esto, el país se está tornando en un neto importador de energía cada día que pasa.
El Gobierno actual tiene avanzada una nueva ley de hidrocarburos para tratar de cambiar esta situación, empero la conflictividad social y política conocida por todos no permite, hasta el momento, tener avances concretos para ver cómo se reponen reservas y se activa una nueva producción.
Por lo tanto, Brasil inevitablemente necesita buscar alternativas de suministro competitivo para preservar su seguridad energética y la competitividad industrial y productiva. Así, el gas argentino es su única alternativa, debido a la masiva expansión que se viene en el shale (esquisto) de Vaca Muerta de gas asociado y no asociado (al petróleo), y los múltiples gasoductos que conectan a este actual y futuro desabastecimiento con Chile, Brasil, Uruguay, Bolivia y Brasil. Nada mejor que gas regional.
Al mismo tiempo que se visualiza la expansión futura de nueva producción de gas natural, aún no queda claro cómo será la expansión de infraestructura hacia el norte del Cono Sur. El norte de Argentina y el norte de Chile también tienen demanda no satisfecha y potencial. A esta demanda se debe sumar la de Bolivia, que se dará a partir de 2029 (lo considero un hecho) y la de Brasil, ya comentada anteriormente.
A partir de la frontera Argentina - Bolivia hay y habrá amplia capacidad ociosa de transporte para satisfacer demanda de Bolivia y Brasil. Por lo expuesto es que la ampliación del TGN desde Neuquén hasta la frontera con Bolivia es –para mi gusto– el gasoducto más importante y urgente que debe consolidarse en el Cono Sur. No hacerlo tiene serios impactos futuros en la economía y seguridad de abastecimiento energético de los cuatro países estudiados.
En otro ámbito de cosas, me place comprobar que instituciones de financiamiento multilateral, como el BID, CAF, BM y otros han dejado atrás la férrea idea de no financiar proyectos con gas natural. El gas natural es simplemente el energético que permite descarbonizar más rápidamente el planeta, además es competitivo, y mejor aún si es suministro regional.
Disponer de financiamiento de estas instituciones da una tónica diferente para que se pueda facilitar la expansión del TGN para que se vaya atendiendo la demanda regional no satisfecha de largo plazo.
En la medida que la ampliación del TGN se estanque y no avance, en Brasil se habla con más fuerza de la reversión del flujo del Gasoducto Bolivia-Brasil (Gasbol), Transportadora Brasileira Gasoducto Bolivia-Brasil, en el lado brasileño, y más preocupante aún es el riesgo de que Brasil pase a depender mucho más del crecientemente y más costoso GNL importado para complementar su oferta interna.
Se debe concentrar esfuerzos –y muy rápidamente– para firmar contratos de compraventa de gas natural y de transporte en firme entre productores argentinos y demandantes regionales en el norte del Cono Sur y, paralelamente, ver cómo se financia la ampliación del TGN.
Argentina, Bolivia y Brasil deben revisar tarifas con ductos depreciados y con volúmenes adicionales, y los Gobiernos deber ser facilitadores de que esto ocurra y se dé seguridad al tránsito de gas.
No hacer estas tareas y otras va en detrimento de la economía de todos los países (productores y demandantes), porque se tendrá que optar por productos alternativos e importados, y una costosa infraestructura construida pasará a ser chatarra.
La oferta de gas de Bolivia de 60 a 61 millones de metros cúbicos diarios (MMmcd) al Cono Sur que se tenía en 2015 necesita ser reemplazada y ampliada por gas argentino. Y todo depende de la ampliación del gasoducto TGN. Tanto nos enjuagamos la boca con integración energética. Veamos: los dados están rodando.
El autor fue ministro de Hidrocarburos de Bolivia y actualmente es socio director de Gas Energy Latin America
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