Batallas de hoy: desmontar la maquinaria del populismo radical
Bolivia enfrenta un punto de inflexión histórica marcado por la crisis terminal del modelo populista y corporativista del MAS-IPSP, cuya maquinaria de poder y prebendas –financiada por la bonanza del gas– se desmorona tras dos décadas de hegemonía.
Los bloqueos actuales evidencian esta batalla en desarrollo, vulnerando derechos fundamentales como la salud, la alimentación y el libre emprendimiento de los ciudadanos.
Ante este escenario, el desafío crucial para la conducción del presidente Rodrigo Paz y las fuerzas ciudadanas radica en transitar de la intuición hacia la institucionalización.
Solo asumiendo la batalla de las ideas como eje central se consolidará este cambio de época, garantizando la supervivencia democrática y evitando un retorno al autoritarismo en el país.
1. Desgranar las fuerzas del populismo
La batalla política es la faceta más visible de esta crisis. El MAS-IPSP operó como un complejo entramado corporativista. En la coyuntura actual, Morales y sus sindicatos del trópico de Cochabamba, ejecutan una estrategia de estrangulamiento mediante el bloqueo sistemático de caminos y el asedio a las principales ciudades, concentrando su presión sobre La Paz.
Frente a este corporativismo con rasgos delincuenciales se alza una enorme ciudadanía urbana: una base transclasista y transétnica mayoritaria que apuesta por la resistencia civil y la paz.
Aunque las minorías violentas del evismo castigan la vida cotidiana, no hay un empate técnico. La estrategia del Gobierno de Rodrigo Paz ha consistido en "separar el trigo de la cizaña", desgranando a estas bases y atendiendo demandas legítimas.
Durante los últimos 40 días de crisis, este diálogo diferenciado liderado por el Ejecutivo, combinando firmeza democrática y prudencia en el uso de la fuerza pública, ha debilitado la columna vertebral del MAS, ganándole la partida política al corporativismo.
2. Desmontar mitos y recuperar al "ciudadano”
En el terreno vital de las ideas, el populismo radical está perdiendo de forma contundente. Durante dos décadas, el MAS montó, desde la Vicepresidencia, una robusta maquinaria de hegemonía cultural para adoctrinar a la sociedad bajo la premisa de la supremacía del sujeto "indígena-originario-campesino" como único representante legítimo del "pueblo".
Esta narrativa polarizadora secuestró el concepto histórico de lo nacional-popular –proceso integrador nacido relanzado en 1952– para convertirlo en una herramienta de exclusión sindical/etnicista y estigmatización del sector privado.
Hoy, ante una Bolivia urbana ampliamente mayoritaria, esos mitos se derrumbaron: la ciudadanía asocia los símbolos evistas con la violencia callejera, desabastecimiento y muertes por falta de oxígeno en los hospitales.
Sin embargo, la batalla cultural requiere la ofensiva del nuevo bloque democrático. La administración de Rodrigo Paz posee ideas-fuerza potentes y modernas –el modelo de la patria institucionalizada, autonomía 50/50, capitalismo para todos y Bolivia en el mundo–, pero urge un aparato comunicacional más amplio y cohesionado.
Es prioritario que el Gobierno coordine una estructura estatal y ciudadana que popularice la narrativa de la “ciudadanía democrática”, sustituya el mesianismo por el culto a la ley, defienda la plena validez del Estado autonómico frente a los ataques de odio hacia regiones motor como Santa Cruz, y dignifique a la libre empresa y la propiedad privada como las verdaderas herramientas de ascenso social.
3. Contener la provocación asimétrica
El frente militar representa el escenario latente y más peligroso. En este reducto terminal, las milicias sindicales del trópico cocalero, reforzadas por la infiltración de exguerrilleros colombianos y financiamiento del narcotráfico transnacional, buscan provocar un error de las Fuerzas Armadas y de la Policía para generar escenarios de victimización.
Ante esta amenaza asimétrica, el presidente Rodrigo Paz mantiene una postura de estricta prudencia estratégica: esperar a que el desenlace irreversible en los frentes político, ideológico y cultural termine de aislar por completo a los radicales antes de ejercer el uso legítimo y proporcional de la fuerza del Estado.
Asimismo, para asegurar el descabezamiento del reducto conspirativo y consolidar el cambio de ciclo histórico, la administración aguarda el respaldo material y de coordinación de la comunidad internacional.
4. Hacia el pactismo institucionalizado
La superación del populismo radical podría alcanzarse mediante un diseño institucional de participación denominado "consejismo". Este esquema se perfila como un factor clave para la profundización de las autonomías departamentales en el país.
En este escenario, el Consejo de Desarrollo Económico y Social funcionaría como una vía para procesar de forma institucional las presiones callejeras y los bloqueos del corporativismo sindical radicalizado.
Bajo la conducción de Rodrigo Paz, tras la transición y las reformas de estabilización económica, se buscaría consolidar un nuevo ciclo estatal en Bolivia. Este periodo proyecta al “pactismo institucionalizado” (acuerdos mínimos, intermedios y máximos) como la práctica central para viabilizar la convivencia democrática a mediano y largo plazo.
El éxito de esta propuesta dependerá de la solidez y recepción de los acuerdos que logren implementarse.
El autor es sociólogo
Columnas de CARLOS HUGO LARUTA






















