Política de cielos abiertos en Bolivia
Hablar de cielos abiertos en Bolivia no es una novedad para mí. Durante mi trayectoria profesional tuve la oportunidad de participar en la suscripción del 65% acuerdos bilaterales entre Bolivia y otros países. Esa experiencia me permite afirmar que la apertura aérea es un proceso de largo plazo que ha sido construido durante décadas y que hoy vuelve a cobrar protagonismo en el debate nacional.
Los antecedentes son claros. Primero estuvieron los acuerdos bilaterales tradicionales, posteriormente iniciativas de integración regional como el Pacto Andino, que permitió operaciones con derechos de quinta libertad entre sus miembros, y más tarde los acuerdos del Mercosur, destacando el trabajo y seguimiento realizado por la actual administración de la DGAC. Todos estos instrumentos buscaron un mismo objetivo: facilitar la conectividad, fortalecer la integración y generar mayores oportunidades para el transporte aéreo.
En el marco de los lineamientos establecidos por el Ministerio de Transportes se viene impulsando la implementación de una política de cielos abiertos, orientada a fortalecer la conectividad aérea de nuestro país, que, en los primeros siete meses de gestión, se concretaron seis Memorándums de Entendimiento con Brasil, Paraguay, Chile, Perú, Panamá y El Salvador, además de dos acuerdos multilaterales en el ámbito de la Comisión Latinoamericana de Aviación Civil (CLAC).
Más allá del número de acuerdos firmados, lo relevante es su alcance. Estos instrumentos permiten liberalizar operaciones hasta la sexta libertad para pasajeros, carga y correo, y hasta la séptima libertad para transporte exclusivo de carga. En términos prácticos, esto brinda a las aerolíneas mayores posibilidades para desarrollar rutas, ampliar frecuencias y operar con mayor eficiencia.
Algunas voces expresan preocupación ante una mayor apertura del mercado. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que el crecimiento de la aviación está estrechamente vinculado a la conectividad y la competencia.
Los resultados comienzan a evidenciarse en el transporte de carga. Hasta junio de 2026, cuatro compañías cargueras extranjeras ya realizan operaciones en Bolivia, mientras que nuevas rutas internacionales conectan a Santa Cruz con importantes centros logísticos de la región, las cuales son: Aercaribe S.A., Copa Cargo S.A., Tampa Cargo S.A. y ABSA Cargo S.A. Total contratada por Ecojet y fue una solución para movilizar carga parada por los bloqueos de 50 días. Estas iniciativas fortalecen el comercio exterior y amplían las alternativas para productores, exportadores e importadores bolivianos.
En el transporte de pasajeros también se observan avances concretos. A partir de agosto de 2026, la aerolínea Paranair S.A. iniciará operaciones bajo derechos de quinta libertad en la ruta ASU–VVI–JUJ, generando nuevas opciones de conectividad regional y demostrando que Bolivia puede convertirse en un punto estratégico de enlace dentro de Sudamérica.
Otro aspecto que merece destacarse es la participación de Bolivia en escenarios internacionales donde se define el futuro de la aviación regional, como el director ejecutivo José Antonio Fanola, que participó como panelista en el IV Foro de Transporte Aéreo de la Comunidad Andina de Naciones. Asimismo, las acciones orientadas a simplificar trámites y reducir la burocracia mediante convenios interinstitucionales muestran una voluntad de modernizar la gestión aeronáutica y mejorar la atención a usuarios y operadores.
La apertura aerocomercial no resuelve por sí sola todos los desafíos del sector, pero constituye una herramienta clave para impulsar el desarrollo económico, el turismo, el comercio y la integración regional. Con una visión estratégica de largo plazo, altos estándares de seguridad operacional y una gestión eficiente, esta política puede fortalecer significativamente la conectividad y competitividad de Bolivia en los próximos años.
Columnas de Constantino Klaric















