Bolivianos sin oportunidades
La historia de los bolivianos que fueron a combatir en la guerra ruso-ucraniana ha generado una serie de reacciones, desde quienes exigen ubicar a los reclutadores que los enviaron a ese infierno y hasta quienes consideran que es un tema particular en el que la justicia no debería intervenir. Lo cierto es que estamos ante una dura realidad para cientos de familias y jóvenes que deben decidir entre quedarse en un país que no les ofrece oportunidades de superación o probar suerte lejos de su tierra, aunque eso implique perder la vida en el intento.
Solo esos 16 o 30 bolivianos que decidieron ir a Rusia con el riesgo de estar en el frente de combate conocen las razones de peso que tuvieron para marcharse a enfrentar una realidad desconocida. Es probable que la oferta económica haya inclinado la balanza hacia ese peligro; pero, es algo tan personal que solo ellos podrían explicar a quienes hoy los reclaman en su país, en su hogar, con sus seres queridos. Está claro que no todos volverán, hay dos jóvenes que presuntamente han muerto o están desaparecidos.
Desde que la historia de los bolivianos en Rusia se conoció; también, salió a la luz el nombre de la comunidad en la que fueron captados, Rincón de Palometas, en el municipio de Portachuelo, en Santa Cruz. En esa población, la partida y el destino fatal que encontraron los jóvenes que se enlistaron para pelear por Rusia en la guerra ha marcado un antes y un después, especialmente, entre los adultos quienes desconocen a dónde fueron los muchachos y hoy, lamentan, no haber hecho algo para evitarlo.
Todas las familias coinciden en afirmar que los jóvenes y otros ya mayores enfrentaban dificultades económicas y no hallaban un trabajo para sostenerse. Esa es la gran oportunidad que encuentran siempre los tratantes de seres humanos para convencer con ofertas fantasiosas a sus víctimas para enviarlas a vivir en una realidad complicada y probablemente sin retorno.
Antes de señalar si es correcto o no pelear en una guerra como “mercenarios” es necesario detenernos a mirar alrededor y preguntarse: ¿Qué oportunidades tienen los bolivianos y particularmente los jóvenes en Bolivia? Seguramente muy pocas, porque no existe crecimiento económico y las regiones que deben mirar de cerca está realidad continúan con la misma visión: vivir del Estado. Son pocas o nulas las propuestas de generar ingresos para las gobernación y alcaldías. A ello se suma que somos un país bloqueado, porque es fácil cerrar un camino y perjudicar a todos.
Esa lógica de depender de otro es la que encontramos con más fuerza en las instituciones y mientras esto no cambie, los traficantes de personas siempre encontrarán una oportunidad para aprovecharse de los desdichados.
Hoy, solo queda que las autoridades trabajen en la prevención de la trata y tráfico de personas, que se mejoren las estrategias para detectar este delito con más controles en las terminales, aeropuertos y retenes y con una investigación que identifique a los responsables de este reclutamiento irregular.





















