Quillacollo, más allá de Urkupiña
El municipio de Quillacollo confirma cada año que es un importante centro de peregrinación católica por la llegada de miles de peregrinos para la Festividad de la Virgen de Urkupiña. La fe en la imagen sacra, incluso, ha traspasado fronteras, pues llegan creyentes de Salta, Argentina, España, Italia y Estados Unidos principalmente.
Aunque no existe un estudio oficial de la afluencia, el área de turismo estima que durante toda la festividad llega un millón de visitantes y genera un movimiento económico de al menos 50 millones de dólares.
Por ello, Quillacollo tiene un enorme potencial para convertirse durante todo el año en una “ciudad santuario” sobre todo cuando se logre la declaratoria de Patrimonio Cultural de la Humanidad de la festividad. Otras condiciones son que alberga al templo de San Ildefonso y el Santuario de la Virgen de Urkupiña, en el cerro de Cota, que colinda con la laguna de Cotapachi.
Quillacollo es el tercer municipio más poblado del departamento de Cochabamba con una población de 165.830 habitantes, según el Censo de 2024, después de Cercado y Sacaba.
El gran desafío es que Quillacollo convierta a la devoción en la Virgen de Urkupiña en parte permanente de su desarrollo al consolidarse como la “ciudad santuario”; pero, también, al mejorar las condiciones para sus habitantes y para los visitantes.
Al ser un lugar de tránsito del transporte pesado entre oriente y occidente y la región andina es necesario que mejore su infraestructura vial y se organice el transporte urbano mediante la eliminación de los puntos de caos vehicular para lograr que sus espacios públicos sean más seguros.
Otro de los desafíos es que finalmente también se pueda beneficiar con el agua de Misicuni. Aunque la represa se encuentra en su jurisdicción, la dotación del líquido para consumo humano aún no se ha concretado por falta de financiamiento y de la construcción de la red de distribución interna.
El municipio también necesita sentar las bases para desarrollar una universidad pública que se aboque a la formación de los jóvenes quillacolleños y de las regiones vecinas debido a que todavía hay estudiantes que deben trasladarse hasta la capital departamental para continuar sus estudios superiores.
Las autoridades municipales y cívicas deben encontrar una solución para que el matadero y la terminal de buses dejen de ser dos obras inconclusas que, por ahora, son perjudiciales.
Quillacollo es mucho más que Urkupiña y está en las manos de sus vecinos y autoridades impulsar su desarrollo integral para que cada año reciba a más visitantes y en forma permanente para dinamizar su economía y preservar su cultura e identidad.





















