Reclusos tienen una 2da oportunidad en talleres de El Abra
Varios internos del penal de máxima seguridad de El Abra encontraron una segunda oportunidad, un nuevo oficio y a muchos hasta un estilo de vida diferente en los 18 talleres de reintegración social.
Según el delegado de la cárcel, Lenar G., más del 95 por ciento de la gente que se halla recluida cumpliendo una pena por el delito que cometió, realiza un trabajo en el interior del recinto carcelario y tiene deseos de superarse.
“La cárcel de El Abra no es un lugar donde sólo se suscitan actos de violencia o se hallan las personas más peligrosas; sino también un centro de rehabilitación y un lugar productivo. Se tiene 18 talleres, entre estos están carpintería, pelotería, artesanía, pintura, pirograbado y otros en los que realizamos diferentes trabajos para ofrecer a la ciudadanía”, sostuvo.
Historias
Marco Antonio, un interno relató que antes de llegar al penal de máxima seguridad, era transportista y se dedicaba a trasladar carga de un departamento a otro. Pero hace un año, por ganar dinero extra, cometió un delito que es sancionado por la Ley 1008 (narcotráfico) y fue sentenciado a ocho años de cárcel.
“Esta parte de mi vida lo veo como una experiencia más, una lección de vida. Escuché decir que el que no arriesga no gana, por ese motivo yo me arriesgué, pero en algo ilícito, lo que pasa también es que tengo ocho hijos y necesitaba dinero”, dijo.
“Pero ahora hago prendas de vestir”, continuó. “Todo lo que confecciono, mi esposa y mis hijas lo venden en la República y Pulacayo (…) mi esposa compra la tela y lo confecciono”, acotó.
Otro reo, Mario, más conocido como el Charanguero, porque se dedica a la fabricación de charangos y guitarras, aseveró que no desea ni a su peor enemigo que llegue a la cárcel.
“Yo soy de la provincia Campero (Cochabamba), de la tierra del charango, mi padre era fabricante de instrumentos y le ayudaba. Cometí un error, por eso estoy aquí. No deseo a nadie que llegue aquí, ni a mi contraparte. Me faltan 10 años para salir, y cuando salga voy a volver a mi taller. Mi sueño es subir a un escenario y cantar”, expresó.
Además, aseguró que ya lleva nueve años encerrado. “He esperado un año para empezar a fabricar charangos y guitarras. Ahora oferto mis instrumentos a las visitas y a mis amigos que alguna vez vienen”, añadió.
Por su parte, Juan M., delegado del sector de pelotería, dijo haber llegado al penal en 2012 y desde entonces se dedicó al rubro de la pelotería.
“Antes de entrar a la cárcel, era cerrajero. No quiero recodar el delito que cometí, es algo grave, por ese motivo debo dar gracias a Dios por haberme hecho llegado aquí, porque aquí conocí a Dios, creo que él me dio una segunda oportunidad. Mi familia me abandonó y sólo vivo del rubro. Cuando salga quiero dedicarme a elaborar pelotas”, relató.
Mientras el reo conocido como el “Camba Mario”, indicó que se dedicaba al consumo del alcohol y a las drogas hasta que un día cometió homicidio y llegó a parar al penal de máxima seguridad, donde ahora elabora artesanías de vidrio y en madera.
Todos los internos esperan que sus trabajos sean comprados para poder generar recursos económicos.
Los testimonios fueron compartidos con Los Tiempos durante una visita a la primera versión de la Alasita El Abra 2025, que se desarrolló el 31 de enero, 1 y 2 de febrero de este año. En este evento se expuso todos los productos elaborados por los reclusos.
Buscan mercados para la venta
Los delegados señalaron que una de las prioridades que tienen es mostrar la producción que realizan en el centro penitenciario de El Abra, que cuenta con 1.280 internos, divididos en dos bloques, el A y el B. “Esta actividad es por única vez al año, pero se está buscando lograr más feria”, indicó Lenar G






















