Exposición: “Coca no es cocaína, coca es la hoja sagrada”
JORGE LUNA ORTUÑO |
La experiencia de disfrutar una exhibición de arte no comienza mientras no se haya encontrado una obra en especial que nos cautive, y desde donde podamos empezar a hilar nuestro propio recorrido singular del espacio expositivo.
En mi caso visitar la muestra retrospectiva “El objeto del deseo” en Nube Gallery significó encontrarme con el video de Alejandra Delgado “Danza Macabra Op.40” (2013): sobre un rectángulo de hojas de coca en el piso se proyecta la sombra de los pies femeninos de una bailarina, revoloteando más que pisando las hojas al ritmo de la “Danza macabra Op. 40”, de 1875, compuesta por el francés Camille Saint-Saëns. Sacar a este poema sinfónico de sus contextos habituales para que se escuche dentro de una galería de arte donde se relaciona al acto de pisar coca con el ballet clásico, resulta en una operación hipnotizante que invita al goce estético.
Temática
La coca (Erythroxilum coca) es un arbusto de origen amazónico, que se cultiva en los valles calientes y húmedos, como los Yungas y el Chapare en Bolivia.
Tradicionalmente considerada por los pueblos indígenas como planta sagrada con gran valor alimenticio y curativo. Su uso evoca a antiguos rituales y forma parte de un conocimiento ancestral milenario. Aunque bolear/pijchar la coca se ha ido popularizando en otros estratos sociales y en las jóvenes generaciones, no goza del reconocimiento que merece, habiéndose naturalizado en el imaginario colectivo la idea de que puede identificarse con la cocaína, es decir, con un compuesto químico que se le extrae y que mediante un largo proceso de laboratorio que selecciona el alcaloide de la hoja termina convirtiéndola en estupefaciente.
La muestra “El objeto del deseo”, vigente hasta el 4 de marzo del presente año, cruza esta cuestión de manera distante, siendo la alusión a la existencia de plantaciones de coca para la producción de cocaína una de sus líneas.
Colocados como espectadores frente a una exhibición de este tipo, cabe preguntarse: ¿muestra la hoja de coca desde dónde? Queda claro que no corresponde a una mirada desde la óptica de los pueblos indígenas del territorio boliviano. La referencia que el texto curatorial de la exhibición hace al psicoanalista Jacques Lacan provee la pista de que concibe visualmente a la coca como una cosa en sí imposible de representar, inalcanzable, por haberse convertido en un significante tan abierto que corre el riesgo de vaciarse de su significado original.
Se trata pues de una invitación a la mirada crítica, algo lejana y desencantada, frívola en el caso de las obras “Como por arte de magia”, “Pan, mermelada, coca y otros mitos” y “Blanca”, correspondiente a los artistas Gastón Ugalde, José Ballivián y Alejandra Alarcón, respectivamente. En su mayoría se conjugan velozmente con la frialdad de la sala pintada con paredes blancas y totalmente vacía al medio. Sin embargo, también alcanza algunos puntos altos de poética y traviesa polisemia.
Las obras
Puede inferirse que las obras elegidas para la muestra son aproximaciones que se posan no en la cosa en sí, sino en la relación imaginaria colectiva que se ha establecido con la coca, desde ciertos estratos sociales y modos de vida citadinos.
Habíamos comenzado refiriéndonos al video de Alejandra Delgado Danza Macabra Op. 40. La artista, radicada actualmente en Perú, nos comenta que le pareció interesante aludir dentro de la obra al papel que juegan las mujeres en las plantaciones de coca, por ello la elección de las siluetas de pies femeninos. Esta obra se mostró en una exposición en el Museo Nacional de Arte el año 2013. Pero el gran acierto de su montaje en Nube Gallery fue el de colocar la proyección ya no en la pared –como ocurriera en el MNA– sino en el piso y concebida como video-instalación.
El objeto intervenido es otro de los lenguajes que se aprecian en la muestra. Sugerentes son el “Mapamundi relleno” (2012) de Rodrigo Rada, que muestra al globo terráqueo rebalsando de hojas de coca en un rincón de la sala, así como la divertida intervención de José Ballivián sobre el símbolo de Adidas, una operación que domina, la de trabajar sobre la marca de empresas multinacionales como interpelación de doble sentido. Quizá pueda asociarse sin encasillarse a esta categoría a la obra de Roberto Unterladstaetter “Bolivian Camouflage” (2021), patrón fotográfico sobre tela de una camiseta con textura visual de hojas de coca.
Otra participación que encuentra un antecedente inmediato en el Museo Nacional de Arte es El Boliviano Patria (2007) de Alejandra Dorado; lo que ofrece en realidad es, no tanto un registro, pero sí una alusión a aquella performance cuando se realizó en La Paz en el marco del Festival “Arte en la calle”. Se trata de un interesante ejercicio de historia del arte, un guiño, puesto que aquella acción (basada en textos de la novela Felipe Delgado de Jaime Sáenz), si bien incluye el elemento de la coca, va más allá, pues versa sobre el problema de la construcción de la identidad boliviana en tiempos de conflictividad.
El resultado final de aquella acción se encuentra en la sala en la forma de una bandera boliviana colocada en el piso con los colores representados por la sangre, el polvo de oro y las hojas de coca. Su disposición rectangular y horizontal dialoga con la obra de Alejandra Delgado, al frente.






















