Crear para sanar: artista uruguaya que promueve el arte como terapia cotidiana
La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que el arte puede ayudar a atravesar situaciones difíciles y procesar emociones complejas. A pesar de esa evidencia, la creatividad suele quedar relegada en la vida diaria, como si fuera un lujo reservado a unos pocos y no una posibilidad al alcance de todos. En ese cruce entre necesidad y oportunidad, la artista uruguaya Giovanna Gil Alves encontró un camino propio.
Con 34 años, Gil Alves decidió desafiar el mandato de dejar la creatividad en segundo plano. Pintora, ilustradora, ceramista y escritora, forjó su recorrido tras abandonar un destino profesional seguro en el mundo de la construcción y otros empleos alejados del arte. Su libro Diario Creativo, publicado por Editorial Planeta, propone un regreso a la imaginación como derecho cotidiano y herramienta de autoconocimiento.
La artista comparte la convicción de que el arte está disponible para todos y puede tener un impacto transformador, independientemente del trabajo o el entorno. “Todos somos creativos; simplemente, muchas veces lo olvidamos por las exigencias y el ritmo de la vida”, explica.
Mientras avanza en la tercera edición de su obra, repasa el papel del arte en su historia personal, el desafío de apostar por la vocación, la recepción de sus lectores y la convicción de que todos pueden redescubrir su capacidad creativa.
Desde su infancia en Uruguay, Giovanna Gil Alves convivió con la creación artística, aunque durante años no imaginó que ese universo sería su destino profesional.
“El arte estuvo presente en mi vida desde muy chica, aunque nunca imaginé que terminaría dedicándome a él. Comenzó como una forma de terapia: escribía y dibujaba todo lo que sentía porque no me resultaba cómodo hablar con un desconocido”, revela.
En esa etapa, su vida se orientaba al estudio de arquitectura, hasta que a los 22 años decidió seguir su verdadera pasión y dedicarse por completo al arte.
Antes de esa decisión, trabajó en áreas tan diversas como diseño, atención al cliente, promoción y tareas administrativas. “Cada una de esas experiencias me permitió desarrollar habilidades y conocer diferentes realidades”, recuerda Gil Alves, quien reconoce que esos recorridos también nutrieron su mirada creativa.
La decisión de dejar un trabajo estable para apostar por el arte implicó dudas y riesgos. “Fue una decisión difícil, pero sentía que si no lo intentaba, me iba a arrepentir toda la vida. Aposté por lo que realmente amo, aun sin saber qué iba a pasar. Preferí asumir el riesgo antes que quedarme con la duda de no haberlo intentado”, destaca.


























