Osvaldo Guevara: las anécdotas que dejan 60 años de canillita

23/05/2019
En la memoria de Osvaldo transcurren 60 años de sucesos, de noticias, figuras y amistades que solo en el rol canillita pudo apreciar como un fiel testigo de la historia.

Jessica Vargas

Osvaldo Guevara es parte de una larga tradición familiar con el oficio de canillita

Su rutina empieza cuando la luz amarilla de los faroles toma las calles, cuando los automóviles dejan de transitar y el silencio se apodera del casco viejo de la ciudad.

No es la primera ni, seguramente, la última entrevista de Osvaldo Guevara Gamboa, un canillita de larga data al que nada le cuesta hablar sobre su oficio. Heredó el rol de su padre invidente con el que recorría las calles desde los cinco años.  

Él era el guía, a su corta edad conocía a los clientes asiduos, las rutas y las habilidades de un buen vendedor de periódico.  Al quedar huérfano, aun siendo un niño, la destreza que adquirió le sirvió para hacer un camino solo. No tuvo opciones, cuenta, tenía que subsistir de lo único que sabía hacer. “Con mis hermanos íbamos a vender a El Prado y de paso los clientes nos daban comida, y en la noche teníamos  un mixto para cenar. De pícaros a veces, de pasada, les quitábamos el Parker”, detalla en medio de risas. 

Pronto se iría encariñando con el papel y las noticias. 

El porte carismático y amable le ha hecho merecedor de preciadas anécdotas, charlas con autoridades y amistades con figuras públicas que con orgullo y una gran memoria, recuerda.

A Víctor Hugo Cárdenas  lo visitaba  durante su vicepresidencia.

Manfred Reyes Villa le ofreció otro empleo que nunca aceptó. Mientras que con Gonzalo Sánchez de Lozada logró construir el barrio de los canillitas, en la ruta a Quillacollo,  donde ahora vive.

Guevara presume haber conocido al fundador de Los Tiempos, Demetrio Canelas, diario con el que comparte casi la misma edad. Como parte de su historia cuenta los momentos junto a Pedro Rivero Mercado, fundador de El Deber, a quien tuvo el  privilegio de llamar “amigo”.

Su relación con autoridades llegó hasta el actual presidente Evo Morales. Algunas muecas en su rostro develan su opinión de la política. Lo  que más recuerda de ese almuerzo es el plato y los cubiertos de plata en los que ahora le sirven a Morales, “muy franco yo le dije: qué platos, qué comida”, acota.

“Un lustrador, un clefero, un alcohólico, también son amigos que incluso nos cuidan”,  agrega.

Los 60 años de labor le han hecho testigo de la historia, de las noticias más trágicas y gloriosas.  

La represión en la plaza principal durante la dictadura obligaba a los canillitas a correr en medio de turba. “Somos como los cuervos, vivimos de las malas noticias”.

A los 69 años, lejos de jubilarse, conoce todas las intimidades del oficio, es un conversador nato que no teme mostrar su picardía. Algunos de sus hijos y sus nietos continúan su legado; una familia con cuatro generaciones de orgullosos canillitas. “Lo primero que hago es leer el periódico, creo que me enfermaría si no me dedico a esto”.

Se despierta a las 3:00 una hora después está presto para preparar y recibir los diarios. A esa hora Guevara y los demás canillitas ocupan la avenida Heroínas en el afán de enpaginar los diarios recién impresos, todavía con el olor a tinta. 

Lo primero que lee es la editorial, “ahí se ve la calidad de un diario”, enfatiza.

La acera con luz tenue, bicicletas estacionadas para los que distribuyen cerca, automóviles para otros y uno que otro  vendedor, hacen parte de la rutina mañanera del canillita.

A Osvaldo, todos los días lo acompaña una gorra y una chamarra para el frio. Saluda a su sobrina, a su comadre y a su compañero de casi 50 años de antigüedad en el rubro, a quien ya se le notan los rastros del paso del tiempo.

Los clientes son diferentes, pero él los conoce a todos, los que quieren noticias en la oficina o los que llevan el diario al mercado y al bus. “El mejor marketing somos nosotros  los canillitas”.

A las 6:00, Guevara se queda en su kiosco de Quillacollo y deja que sus hijos recorran el municipio sobre una bicicleta, con los diarios en mano.

Al grito de ¡Los Tiempos! acaba la faena.

Osvaldo Guevara, Canillita de Los Tiempos

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Jessica Vargas Quiroga

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Fotografías: 
José Rocha.

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Producción audiovisual: 
Gerardo Bravo