"Caserita Metegol": compañerismo y perseverancia de unas campeonas

11/07/2019
Comenzaron sin saber patear el balón, pero aún así seguían jugando fútbol, su perseverancia las llevó a coronarse dos veces consecutivas como campeonas del torneo municipal intermercados. En el camino, los lazos de su amistad se afianzaron.

Yvonne León

El ruido de los vehículos, las voces de las personas comprando, regateando y comiendo. Todo es un caos, pero tiene una pausa por la tarde. Hay un momento de entrenamiento para las caseras que conforman el equipo de fútbol del mercado Uruguay, ubicado en el barrio Max Paredes de la ciudad de La Paz.

Algunas de las jugadoras están con las enaguas de sus polleras, otras visten deportivos, pero sus trenzas largas son su mejor distintivo.

 

En los campeonatos no suelen jugar con las polleras porque "el balón se pierde", explican.

Así, el balón comienza a rodar en la cancha, que se ubica en ese centro de abasto donde los comensales y compradores se reúnen alrededor del campo de juego para alentarlas.

"La canchita parece estadio", cuenta Nieves Condori de 32 años, goleadora del equipo bicampeón (2017 y 2018) del campeonato "Caserita Metegol", organizado por la Alcaldía paceña.

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La señora Sinforosa durante el partido inaugural de la novena versión de "Caserita Metegol".
EFE

Nieves vende café, su jornada arranca en la madrugada cuando la oscuridad aún envuelve la ciudad y se extiende hasta cerca del mediodía.

En una pared de su puesto cuelga la medalla que ganó el año pasado. No recuerda el número exacto de goles que hizo, pero su equipo asegura que ella fue quién más anotó. Este año quieren ratificar su título.

"Si no voy a la cancha, me siento mal, siento que me falta algo".

El plantel está conformado por 18 mujeres, la mayoría son del sector de venta de café (desayunos), ya que por los horarios pueden entrenar por las tardes. El resto del equipo son vendedoras de pescado, cereales y comida.

"Es un poco complicado, porque a la vez tenemos que ser amas de casa, y tenemos que llevar mercadería", cuenta Martha Poma, de 34 años, también vendedora de café. 

Ella explica que no pueden entrenar a diario, pero se organizan por WhatsApp cuando existe algún feriado o un momento libre.

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Nieves se prepara para el duelo en la ceremonia de inauguración de "Caserita Metegol".
EFE

Nieves también juega fútbol con sus hijos: una niña de doce y un niño de ocho. Ambos acompañan a su mamá desde muy pequeños y se animaron a participan en el campeonato de su colegio al verla.

“Mi hijita me dice: ‘En esto haz fallado, pero sigues mejorando. Ya eres mayorcita, luego no vas a poder. Aprovecha’”, cuenta Nieves, entre risas.

Martha tiene una hija de 10 años y un bebé de 2, su compañero permanente en los partidos.

“Él siempre está junto conmigo. Nunca lo dejé”, explica y asegura que recibe ayuda de sus compañeras suplementes para cuidar al pequeño mientras disputa los cotejos.

Campeonas

Las maestras mayores del mercado Uruguay, Victoria Yahuita, Angélica Luna y Josefa Choque. | Giovanna Mallcu

Las campeonas suelen entrenar los jueves, durante una hora, en una cancha de fútbol de salón. Si el partido se torna emocionante, el encuentro dura hasta tres horas.

Es parte de la rutina. "Si no voy a la cancha, me siento mal, siento que me falta algo", confiesa Nieves. Cuenta que juegan amistosos por refrescos o el precio por usar la cancha. 

Hace años cuando comenzaron su participación, eran goleadas por sus rivales. Incluso con marcadores de 15-0. "Ha sido una humillación para nosotras. Una pena perdíamos", confiesa Nieves.

"Yo no sabía ni jugar, mis hermanos mayores no me dejaban jugar porque me decían: "No eres hombre" y como nunca he pateado una pelota, no dejaban jugar y la mayoría (de las niñas) no jugaba porque criticaban las personas mayores", recuerda la goleadora.

"Mediante el fútbol he conocido la mayor parte de La Paz".

Irene Tolín, de 45 años,  lleva alrededor de décadas en el fútbol y cuenta que tampoco sabía jugar, pero ahora es una parte importante del grupo, ya que puede desplazarse en cualquier posición. Mejoró tanto que le llegaban invitaciones para jugar con otros equipos.

"Mediante el fútbol he conocido la mayor parte de La Paz", señala alegre. Ella agregó las competencias a su rutina de cuidados del hogar y del puesto de venta.

Martha recuerda que solían ser eliminadas en cuartos de final, pero perseveraron en la práctica.

La alimentación es parte de un buen rendimiento. Irene presta atención a lo que come, tras recibir hace años los consejos de un entrenador, de quien no recuerda el nombre, pero sí el apellido: Vaca.

"Cuando entrenábamos, el profesor nos decía: "Cuidado se vayan a comer su asado. Si quieren van a tomar leche, quinua",  suspira al mencionar que "el profe" falleció.

"La amistad sincera es mucho mejor que otras cosas"

Ella trata de transmitir esos conocimientos, pero sus compañeras "no hacen caso. Igual se van a comer", dice entre risas, junto a Nieves y Martha.

La calidez de su relación es evidente, el deporte fortaleció su lazo. "La amistad sincera es mucho mejor que otras cosas", enfatiza Irene.

"Nos unimos más como amigas. A parte de eso, nos quitamos el estrés. Usted sabe que en el negocio, en la calle siempre hay pena, preocupación. Al jugar nos quitamos el estrés y volvemos a nacer. Estamos más tranquilas, más relajadas ya no estamos enojadas ni renegonas. Es bueno hacer el deporte", explica la experimentada deportista.

La siguiente semana arrancan los encuentros del noveno campeonato "Caserita Metegol" y se inscribieron más de 80 mercados. Aún no se conocen el fixture, pero las "cases" del mercado Uruguay ya se preparan.

Créditos redacción: 

Redacción: 
Yvonne León

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Fotografía: 
EFE y Cortesía de las entrevistadas