Justino, el “Panda” que disfruta su vida entre helados y sonrisas

18/07/2019
Recorre varias calles del centro de la ciudad, siempre con su uniforme y una sonrisa. Usa abarcas porque se siente libre y son más cómodas para las largas jornadas. “Si alguien me llama, ahí estoy”.

Fabiola Chambi

No fue una entrevista convencional. Tener a Justino Mamani libre 15 minutos para lograr una charla fluida era casi imposible, su presencia se convirtió en un imán para los clientes en el prado cochabambino que reconocían de inmediato los colores característicos de la tradicional marca de Helados Panda en su uniforme.
 
Con una sonrisa amplia y trato cordial se daba modos para atender todos los requerimientos de sus ansiosos compradores, que eran de diferentes edades y por tanto con gustos muy variados. 

Uno de canela, tres sándwiches, cinco cremosos, siete de agua, los pedidos hubieran puesto en apuros hasta al más experimentado vendedor, pero no a Justino que parecía disfrutar plenamente el momento.
 
Esta escena no hubiera ocurrido hace unos días. Todo cambió desde que se conoció la noticia, a inicio de este mes, de que la empresa de Helados Panda estaba en una situación administrativa complicada debido a las deudas con el banco y pagos atrasados, provocando un apoyo masivo de la población para evitar su cierre.

Justino apenas se había enterado, pero prefería mantenerse optimista y es que casi 25 años de estar en el negocio de los helados le daban cierta tranquilidad porque sabe que una marca tan grande como esa no puede desaparecer de la noche a la mañana.

“Siempre he vivido con los helados, ahora en la empresa parece que han quebrado mal, plata debe faltar, pero yo creo que van a seguir produciendo”, dice.
 

Justino, el “Panda” que disfruta su vida entre helados y sonrisas

Este trabajo le ha permitido mantener a su familia y conseguir un lote para poder levantar su casa. Tiene dos hijos mayores, uno de 26 años y otro de 19, ya no vive con su mujer, pero está satisfecho con lo que ha podido aportar a su familia.

Nació en la provincia Chayanta de Potosí y decidió echar raíces en la Llajta porque le gusta sobre todo el clima y la gastronomía. “De aquí no me voy a ningún lado, Cochabamba es lindo”.

A sus 54 años Justino está convencido de que el trabajo sacrificado es la clave para mantenerse en un negocio y la venta de helados demanda mucha disciplina. Su recorrido regular es la avenida Heroínas, la Antezana, la plaza Colón, las canchas del Olympic, el estadio y algunos colegios del centro. Estar en el lugar indicado y a la hora precisa puede hacer la diferencia entre un buen o mal día de venta.
 

Pero además el ingrediente especial: el trato cordial. “Hay que vender cariñosamente, a los clientes hay que tratarles bien, cuando tratas bien a la gente, ellos te agradecen. Cuando me gritan ‘Panda’ voy corriendo, alegre para vender, así siempre debe ser”, asegura el carismático Justino.

Al inicio recuerda que eran como 80 heladeros distribuidos en toda la ciudad, ahora solo quedan 13 porque la crisis afecta a todos, aún así se apoyan entre ellos para cubrir todas sus rutas. “Entre pandas nos tenemos que ayudar”, sentencia.

En épocas de calor vende de 300 a 350 helados por día en invierno en el mejor de los casos llega a 200, pero desde que se impulsó la campaña para salvar a los Helados Panda, los números se han incrementado. Reconoce que hasta las tres de la tarde ya da fin con todo.
 

“Yo solo sé vender helados, toda mi vida he estado en esto, no quiero que Panda cierre”

“Estos días bien me he vendido bien, dice que es porque hay una campaña de ayuda, no sé bien, pero rápido se están acabando mis helados. El otro día en la Colón, me han atrapado, tenía que ir a otro lado más, pero ya no he llegado”, cuenta con una gran sonrisa.

Debido a la incertidumbre por el futuro de Helados Panda, Justino piensa en cómo hubiera sido su vida si no se dedicaba a este oficio.

“Yo no quisiera que se cierre, si se cierra, ¿dónde vamos a ir?, ¿dónde vamos a trabajar?  No sé hacer otra cosa, no tengo  profesión”.

Pero luego, después de vender uno o dos helados, levanta la cabeza y me dice con convicción: “Tengo fe, creo que va a haber una solución”.
 

Créditos redacción: 

Redacción: 
Fabiola Chambi

Créditos fotografía: 

Fotografías: 
Pablo Rivera y Gerardo Bravo

Créditos vídeo: 

Vídeo: 
Gerardo Bravo