Desigualdad laboral, el "machismo disimulado" que persiste en Bolivia

09/03/2020

Reivindicaciones políticas y sociales, en favor de la igualdad de género, son el origen del Día Internacional de la Mujer, celebrado ayer en todo el mundo. Se trata de una fecha importante e histórica que supone un homenaje a todas las mujeres que lucharon por los derechos y libertades de este sector, pero también a quienes lo siguen haciendo enfrentando restricciones que les impiden, por ejemplo, acceder a las mismas opciones y condiciones laborales que los hombres. 

Para Viviana Herrera, de profesión arquitecta, la situación de las mujeres en el campo profesional  es complicada. "Que una mujer dirija a un grupo de hombres no es el problema, no para la mujer, que tiene la misma capacidad, sino para ellos que les cuesta aceptarlo (…) Se les hace difícil aceptar las órdenes de una mujer".

Considera que aún hay resistencia en ese ámbito que reluce, por ejemplo, a la hora de encontrar un trabajo, en el que la edad y la experiencia, son algunos aspectos que se ponen en cuestión, al igual que la capacidad, ante actividades que requieren fuerza o estar al mando de otras personas.

Si bien en los últimos años, Bolivia logró avanzar en el área y se incrementó la  incorporación y participación de las mujeres en el mercado laboral, su presencia sigue casi 30 puntos por debajo de la de los hombres. Según el último Índice Global de la Brecha de Género, serán necesarios más de 200 años para que la grieta económica entre hombres y mujeres se cierre.

Un ejemplo de la desigualdad en el área del trabajo, que aún se mantiene, es el caso de la brecha salarial por género.

Una lucha continua

Las transformaciones y avances tecnológicos trajeron consigo muchos cambios, entre ellos el papel que desempeñan las mujeres en los diferentes ámbitos de la sociedad, sobre todo en el área laboral, en el que si bien se dieron grandes pasos a favor de ese sector, a la hora de su aplicación, es otra la realidad.

Así como Viviana hay miles de mujeres que consideran el entorno del trabajo como un campo de batalla, en el que se libran a diario desafíos difíciles, aunque no imposibles, como es el hecho de estar en constante capacitación, aunque ello signifique, en muchas ocasiones, quitar horas de sueño.

Para Carla Pérez, de profesión médico veterinario zootecnista, ser más competitiva es, en muchas ocasiones, esforzarse el doble para obtener, tal vez, el mismo reconocimiento que un hombre.

En ese sentido, dice que existe aún cierta discriminación en el ámbito laboral y un desequilibrio a la hora de poner en cuestión las capacidades y oportunidades entre ambos. "Cuando una mujer asume algún cargo en el área de producción, por ejemplo, hay cierto rechazo de la población masculina de que una mujer los dirija, ya sea por ser mujer o joven".

De acuerdo al Informe Global de la Brecha de Género 2019, Bolivia ocupa el puesto 42, entre 144 países del mundo. A nivel regional, está en el peldaño 10. Estos datos demuestran un deterioro en ese ámbito debido a que la grieta creció en 25 puntos solo en los dos últimos años.

En la actualidad, la situación de la brecha de género en la participación económica y la desigualdad en la remuneración laboral, lejos de cerrarse, continúa creciendo. Todo ello, a causa de la falta de medidas concretas para conciliar el trabajo del hogar con el mercantil, y para incentivar y garantizar la permanencia de las mujeres en el plano laboral.

Entre la casa y el hogar

En los años 60 la vida de la mujer giraba en torno a su hogar y la crianza de sus hijos. En la actualidad, este sector se empoderó y está en constante preparación, sin dejar de lado su rol de mujer, y en muchas ocasiones, de madre y esposa.

Por ello, ahora, la participación laboral de las mujeres se incrementó considerablemente, pero hay una dualidad. Es decir, dividen su tiempo entre los quehaceres de su casa, la familia y el trabajo. Esta sobrecarga de tareas hace que la situación de la mujer sea más vulnerable.

Para Carla tener que dividirse es una carga pesada. "Ser madre te obliga a replantear la crianza de tus hijos para poder cumplir con los distintos roles (…) Muchos todavía delegan a la mujer, quien aparte de trabajar tiene que hacerse cargo de la familia y las responsabilidades del hogar, labores que no son remuneradas".

El panorama es más complicado para las mujeres que, además, son jefas de hogar y representan el sustento de su familia. Muchas cumplen las horas laborales y al llegar a sus casas siguen trabajando.

Todo ello, tiene que ver con los "los clásicos estereotipos de género", dice Lisbeth Jaclyn Salazar, para quien las diferencias se dan sobre todo por la idea de que ver al hombre como el proveedor y a la mujer como cuidadora del hogar.

"Para una mujer es un poco más complicado. (Yo) llego a casa y tengo que ocuparme de las cosas que tienen que ver con mis hijas. Los hombres están mal acostumbrados en ese sentido".

Según el estudio ¿Hacia dónde va la economía y la fuerza laboral cochabambina?, realizado este año por el Centro de Planificación y Gestión (Ceplag-UMSS), en Cochabamba, las mujeres siguen siendo relegadas de realizar actividades relacionadas a servicios sociales y personales; además de las labores del hogar, impidiendo su inserción adecuada al mercado de trabajo. Todo ello se traduce en desempeñar doble o triple jornada, muchas veces, no reconocida y no remunerada.

De acuerdo a un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), las mujeres dedican, en promedio, más horas que los hombres a realizar trabajos no remunerados (actividades sin pago y se desarrollan mayormente en la esfera privada).

La informalidad, una opción

En el ámbito del empleo y la fuerza de trabajo, existe inequidad en cuanto a condiciones y estabilidad para las mujeres, quienes optan, en muchas ocasiones, por labores autogeneradas, precarias e informales.

"En la mayoría de los trabajos informales están las mujeres sacando cara", expresa Carla.

Para Viviana esto se da, en gran medida, por la segregación ocupacional, que lleva a las mujeres a concentrarse en determinados segmentos del mercado, muchos de los cuales son oficios con remuneración baja, pero que tienen  horarios flexibles.

"Cuando mi hija era más chica, mientras ella estaba en el colegio yo me dedicaba a trabajar. En ese época estaba más en la construcción, ya que me daba chance de tener horarios flexibles para poder atender a mi hija, ayudarle con sus tareas", recuerda.

Esta situación se repite en todo el mundo. Tanto en países desarrollados, como en América Latina y el Caribe, estas disparidades persisten incluso cuando se comparan a trabajadores en la misma ocupación e industria y con la misma educación, experiencia y cantidad de hijos, según el último Índice de Mejores Trabajos realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Hacia la igualdad

Wilger Lizarazu, representante del Ministerio de Trabajo en Cochabamba, dice que si bien no se logró una paridad total en el tema de la igualdad de género en el país, sí se avanzó en el tema. Esto se puede notar, sobre todo, en empresas legalmente establecidas, aunque el problema persiste en las entidades informales que incumplen las normas.

En ese sentido, una de las políticas de esa cartera de Estado es precautelar el respeto a los derechos de las mujeres en el área laboral y que no haya desigualdades.

Comenta que en años anteriores la brecha de género en el área era mucho más marcada. "Antes, en entrevistas laborales, se les preguntaba si eran casadas o con hijos. Por el tema del tiempo porque, por ejemplo, una persona que tiene un bebé será más difícil que haga horas extras", explica.

En Bolivia, hay normas que protegen los derechos de la mujer en el trabajo. Asimismo, existen varias políticas en el tema de protección  e incentivo a la contratación de las mismas.

Sin embargo, en muchas ocasiones, esta protección es vista por algunos empleadores como excesiva. "Se da un efecto contrario, de que no se contrate a mujeres. Que no es lo correcto, pero se hace".

Lizarazu dice que desde el Ministerio de Trabajo se busca el equilibrio entre ambas partes, pero considera que todo ello también depende de la trabajadora. "Ella tiene que lograr espacios de trabajo, a través, de la constante capacitación y preparación, eso es fundamental".

Según el Análisis de las Dinámicas de Desarrollo Económico e Inserción Laboral con Perspectiva de Género, realizado a partir del Censo Nacional de Población y Vivienda, en Cochabamba existe un predominio masculino entre los económicamente activos y una marcada predominancia de mujeres entre la población inactiva. 

Esto porque las personas que realizan las tareas domésticas o las tareas del cuidado en el espacio doméstico han quedado excluidas de la denominada población económicamente activa, debido a que en la lógica del mercado capitalista, la misma al no percibir un salario en dinero o en especie, no forma parte de la valoración del trabajo como parte de las cuentas nacionales, in-visibilizando su contribución en la producción nacional bruta PIB.

¿Mujeres machistas?

A pesar de los avances, hoy el machismo sigue profundamente arraigado en la familia y en las creencias de la sociedad. 

Para Carla se dieron grandes pasos en la concientización de la población masculina, pero se debe ir más allá, porque el tema también es responsabilidad de ellas. "No nos olvidemos que somos las que criamos a los hijos y hay que hacerlo con la visión de esta equidad y equilibrio de igualdad de condiciones entre ambos".

En ese sentido, el trabajo debe empezar desde la casa, dice Lisbeth, ya que muchas los educan en un entorno machista, en donde el hombre solo trabaja y nada más.

Las brechas de género en las oportunidades y resultados laborales están lejos de cerrarse. A pesar de que se avanzó, los esfuerzos del sector privado y público, son aún insuficientes. El desafío para los siguientes años será encontrar el equilibrio entre todos los actores involucrados, no sólo porque la igualdad sea un derecho, sino porque el resultado de ello tendrá un potencial efecto en el bienestar de la sociedad.

Créditos redacción: 

Redacción: 
Giuliana Jaldín

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Gerardo Bravo