El 35% de incendios devasta áreas protegidas; viene la desertificación

13/10/2020

Josué Hinojosa

La desoladora imagen de animales silvestres quemados a consecuencia de los incendios forestales en áreas protegidas de Bolivia es sólo una parte del daño, pues la afectación del fuego también da paso a la desertificación de los bosques.

Y es que, en la última semana, el 35 por ciento de los 27.152 focos de calor estuvieron en áreas protegidas. En este complejo escenario, marcado por la quema de cerca de 1,4 millones de hectáreas de vegetación, el Gobierno hizo la declaratoria de desastre nacional.

La Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra (ABT), en su reporte semanal que abarca del 28 de septiembre al 4 de octubre, contabiliza 9.556 focos de calor en áreas protegidas de las diferentes categorías. Este número equivale al 35 por ciento de los focos.

La situación es preocupante para el director de Fundación Tierra, Gonzalo Colque. Afirma que, por ejemplo, los bosques de las áreas protegidas de la Chiquitanía tienen características diferentes a la Amazonía, puesto que presentan una tendencia a secarse más rápido. Explica que estos bosques, al ser alcanzados por los incendios, sufren una inmediata degradación de su biodiversidad, la cual no llega a recuperarse en su totalidad con el paso del tiempo.

“Las especies que tienden a ser dominantes son aquellas que la gente llama espinosos, matorrales, entre comillas las malas hierbas, que empiezan a apoderarse de estas zonas boscosas; es decir, aquellas variedades que son más propias de zonas casi desérticas. Entonces se desertifica la calidad del bosque”, señala el investigador.

Añade que este tipo de bosque pierde, además de su calidad de biodiverso, su capacidad de resiliencia, es decir, su capacidad de adaptarse con resultados positivos a situaciones adversas.

Por su parte, Álex Villca, vocero de la Coordinadora Nacional de Defensa de los Territorios Indígenas Originarios Campesinos y Áreas Protegidas de Bolivia (Contiocap), considera que la afectación de los focos de calor e incendios forestales en las áreas protegidas eliminan la mayor riqueza natural del país; sin embargo, manifiesta su preocupación por el daño ocasionado a los pueblos indígenas que habitan allí. Indica que una de las áreas afectadas es Ñembi Guasu, ubicada en la Autonomía Indígena Campesina Charagua Iyambae, que acoge a la nación Ayoreóde que vive en aislamiento voluntario. “No sabemos de la situación de nuestros hermanos”, dijo.

Para el representante de la Contiocap, las normas que permiten el desarrollo de actividades extractivas en áreas protegidas están estrechamente relacionadas con los focos de calor e incendios forestales dentro de éstas. Por ejemplo, el Decreto Supremo 2366, promulgado en mayo de 2015, permite el desarrollo de actividades hidrocarburíferas de exploración en las diferentes zonas y categorías de áreas protegidas.

Según Villca, para iniciar alguna actividad hidrocarburífera es necesario contar con caminos carreteros y vías de acceso, algo que involucra nuevos asentamientos, los cuales tienen la necesidad de realizar chaqueos y quemas, lo que da paso a los incendios forestales.

Añade que ocurre lo propio con las normas que posibilitan la expansión de la frontera agrícola.

No alcanza con abrogar normas

Aunque el pedido más frecuente para frenar los incendios forestales es la abrogación de leyes y decretos que posibilitan el chaqueo y quemas, el vocero de la Coordinadora Nacional de Defensa de los Territorios Indígenas Originarios Campesinos y Áreas Protegidas de Bolivia (Contiocap), Álex Villca, considera que ello no será suficiente, pues es necesario dejar de apostar por un modelo económico meramente extractivista.

“Se trata de revisar la política económica de nuestro país, la política pública tiene que empezar a cambiar de dirección y necesitamos con urgencia dejar atrás este modelo económico extractivista que por cientos de años nos ha inducido a una mayor pobreza y miseria en nuestro país y nos está contaminando el agua suelo aire”, dijo.

No hay política de control del fuego

El director de Fundación Tierra, Gonzalo Colque, observa que Bolivia no cuenta con una política de Estado que permita la ejecución de una estrategia de control y manejo del fuego, puesto que los anuncios del Gobierno respecto al tema tienen un carácter político.

Menciona que, pese a la experiencia vivida el año pasado en la Chiquitanía, donde se quemaron al menos 4 millones de hectáreas, no se implementó el plan diseñado a inicios de 2020 debido a la falta de financiamiento. Refiere, además, que el Gobierno anunció la compra de un avión cisterna destinado al control de incendios, pero tampoco lo concretó.

“El plan que existe ahora ha sido utilizado políticamente; el Gobierno transitorio anunció que tiene un plan, pero no tiene financiamiento; sería mejor tener un plan realista con financiamiento garantizado”, dijo Colque.