El aborto y la reproducción social
En este espacio inserto en el diálogo público sobre la modificación del código penal en referencia al aborto quiero hacer algunos apuntes sobre el desafío de ampliar los términos del debate que actualmente se presenta como una lucha entre absolutos. Generalmente, los discursos se despliegan sobre una base dicotómica que contrapone derechos/libertad, mujer/feto, moral/amoral, asesina/dadora de vida, entre otros.
Los dos paradigmas sobre el aborto que han predominado en la región: el de derechos y el libertario han confluido sobre la idea de que las mujeres somos los sujetos de la reproducción biológica, cultural y simbólicamente, es decir las mujeres hemos sido consideradas en cuanto a nuestra capacidad biológica de embarazarnos y, en ocasiones, parir. El problema con esta perspectiva es que con ella se continúa reforzando la premisa de que la mujer es la encargada exclusiva de tomar la decisión del aborto, es la mujer la que transgrede mandatos (divinos, morales, culturales), por ende es la asesina, la pecadora, la culpable. También reduce la cuestión del aborto al entendimiento liberal de las elecciones reproductivas.
No se trata de dejar de lado la tarea de visibilizar y denunciar las maneras sutiles y/o descarnadas de cómo operan sobre los cuerpos de las mujeres algunos mandatos que mellan su dignidad, su libertad y sus derechos. Pues siguen siendo normalizados y naturalizados matrimonios forzados de niñas (violadas o no); continúa el cristianismo transmitiendo un profundo sentido de culpa en las mujeres en cuanto a la vivencia de su cuerpo, su sexualidad y su misión maternal, los Estados siguen interviniendo sobre el cuerpo de las mujeres a través del argumento de “las necesidades de la nación” (infertilidad forzada en Perú, incentivos para la maternidad en Cuba, por ejemplo). En ese marco, es difícil asumir que las mujeres tienen o pueden tener “decisiones libres”. Las mujeres pobres no tienen opción y ciertamente no son libres, no de acuerdo a la definición liberal de libertad.
Aquí quiero rescatar el espíritu de la propuesta oficialista de ampliar las causales para la práctica legal del aborto en Bolivia pues se basa no en postulados ideales liberales, sino de las condiciones histórico-sociales concretas que median los abortos, como un hecho social que ocurre en el cuerpo de las mujeres. El hecho es que las mujeres ricas tienen dinero para pagar abortos seguros (y sin embargo ilegales), en cambio, para las mujeres pobres, la legalización del aborto no es principalmente la promoción de una nueva arena de libertad, sino un medio y una condición mínima para la dignidad, y una forma de evitar morir en abortos clandestinos, que constituyen la real y concreta amenaza.
La propuesta también plantea el nexo que existe entre el aborto y el cuidado, como tarea que recae en las mujeres casi completamente. Considero que estos abordajes buscan entender a las personas individuales como aquellas cuyas vidas están conectadas con otras vidas, que coexisten en todos los aspectos y contextos de nuestra vida compartida. “Nosotros sobrevivimos juntos en el proceso de muerte y vida. Esto es vida. Y juntos somos responsables de vivir más humanamente como ciudadanos de un planeta compartido e interdependiente”. También se alejan de pretensiones liberales que proyectan la ilusión de que los derechos de los individuos existen sin referencia a los derechos y responsabilidades de las comunidades existentes.
La autora es miembro del EPRI.


















