La papa en el mundo andino
Hace un tiempo hablamos de la civilización de la papa, que en Europa sustituyó a la civilización del trigo en el Mediterráneo y produjo un desplazamiento del poder al Norte frío de aquel continente, de modo que hoy se consideran de Occidente las primeras potencias donde se produce y consume papa en clima frío, pues los países del Mediterráneo, según los banqueros londinenses, son pigs, cerdos. Entre ellos están España, Italia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Albania, Grecia y, por supuesto, los del norte del África y también los del medio oriente, no obstante que fueron primeras potencias en su tiempo.
Encontré en la revista Khana N° 60 un artículo de Osvaldo Rivera Sunt sobre el origen y significación de la papa, que en realidad es un pequeño arbusto de la misma familia del tomate, que sufrió transformación genética para concentrar los nutrientes bajo tierra. ¿Quiénes lo hicieron? Todos y nadie, porque desde entonces solo interesa la comunidad, no el individuo. Dice Rivera que en aymara el arbusto se llama apharu, y que en Tiwanaku hay 36 variedades silvestres, con un fruto amargo llamado makunku. En términos genéticos, “el apharu es un haploide simple, cuyo valor cromosomático es ‘1 n’. Mediante cruces polínicos u otras circunstancias parecidas, esta planta se convierte en un diploide, con valor cromosomático ‘2 x’. Es muy posible que la intervención del hombre en la antigüedad haya podido cruzar un diploide con un haploide original, dando por resultado a los primeros triploides comestibles –toda la serie de papas luki de valor ‘3 n’. Estas papas luki son amargas, pero de ellas se hace chuño.
Los tiwanakotas obtuvieron el tetraploide, valor ‘4 x’, denominadas choke, madres de todas las papas del mundo andino y, con el correr del tiempo, de todas las variedades conocidas del orbe. Con verdadero orgullo podemos decir que Tiwanaku y el mundo andino, regalaron al resto del mundo a la papa, producto que se consume diariamente en varios millones de kilos, especialmente como papa frita”.
Dice también Rivera Sunt que “cada 2 de febrero, el más anciano del pueblo recibe la primera papa y la consagra untando con grasa de llama los ojos del tubérculo y poniendo una hoja de coca en cada ojo. Con esta ceremonia, no sólo pide permiso para seguir cosechando, sino agradece a la naturaleza el haberles proporcionado este alimento que hoy es universal. En realidad, es un “rito agrícola propiciatorio”. Las mujeres cantan “algo que parece un himno a la papa”. Las más antiguas, que han dado hijos a la comunidad, deben cosechar, mientras las más jóvenes dan una vuelta la parcela. Citan las variedades cultivadas y van invitando a la fiesta. La madre de las semillas de la papa se llama Ispalla. En ella, un anciano coloca unto de llama y una hoja de coca; baña la papa con chicha de quinua y dice: “Te damos de comer y beber hoy –dice–, porque tú nos alimentas todo el año”. Es la consigna de la retribución.
El autor es Cronista de la ciudad
Columnas de RAMÓN ROCHA MONROY


















