El carnaval y la música en los andes
Textos: Marco Antonio Flores Peca, vicepresidente de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí
Fotos: Archivo El Potosí
Las diversas culturas que habitan los Andes de Bolivia, cuya visión es agrocéntrica, tienen a los ciclos agrícolas anuales como principales rectores de sus manifestaciones sociales y culturales. Así, el Carnaval es un tiempo de música, fiesta, regocijo y agradecimiento a las deidades del panteón andino, pero principalmente a la Pachamama, diosa de fertilidad y la producción agrícola.
DE VIENTO Y DE AGUA
En las regiones andinas, la interpretación de uno u otro instrumento musical tiene su propio tiempo y espacio, además de un profundo sentido simbólico. De manera general, en el tiempo de secas (3 de mayo al 1 de noviembre) se interpreta instrumentos de viento (jula julas, sikus, surisikus, etc.) mientras que en el jallupacha (tiempo de lluvias), al cual corresponde la celebración del Carnaval, se interpreta la melodiosa música proveniente de los instrumentos del tiempo de agua como ser: las tarkas o anatas, pinquillos, rollanos, lawatos, erkes, entre otros.
Según Arnaud Gerard, los pinkillos y tarkas “son tocados exclusivamente en la estación de lluvias, desde un poco antes de la fiesta de Todos los Santos, de noviembre, hasta el carnaval, en febrero o marzo. Se dice que su sonido atrae la lluvia y aleja la helada y la granizada y, a veces, en periodos de sequía se toca toda la noche hasta la madrugada”.
DE MUERTE Y DE VIDA
El ayarachi es un instrumento aerófono de tipo unitario y, según Enrique A. Cuentas Ormachea, su denominación proviene de las voces quechuas y aimaras aya=espíritu (muerto), ara= fuerza vital y achi = divinidad. Es decir que podría entenderse como “el llanto de la fuerza vital del difunto”. Este es un instrumento ejecutado por excelencia en la celebración de Todos los Santos, aunque también es ejecutado en carnavales, es decir, que se interpreta en la temporada de secas y en la temporada de lluvias.
Según la visión andina, existe una relación opuesta y complementaria entre estas dos celebraciones; así, en Todos los Santos, tiempo de siembra, las energías vitales de los difuntos (ajayus) ingresan al ukhu pacha, (mundo espiritual subterráneo) para producir vida, fertilizar los campos de cultivo y atraer las lluvias. Mientras que en Carnaval, tiempo de cosecha, las energías de los muertos y las deidades relacionadas a la producción otorgan sus bienes a los vivos que celebran la abundancia de alimentos proveídos.
LAS SIRENAS EN CARNAVAL
Según varios informantes, las melodías andinas de tintes monótonos y fuerza intensa son el resultado de la expresión creativa de los músicos de cada comunidad, pero también son un obsequio de deidades pisciformes del escenario andino. Según varios cronistas, estudiados por Paola Revilla, en los albores de la conquista española, los indígenas jóvenes de las zonas lacustres dejaban sus instrumentos cerca del agua, además de interpretar suaves melodías a las deidades femeninas pisciformes, quienes a cambio encantaban los instrumentos, permitiendo a los jóvenes músicos tañer sonidos agradables para conquistar a las mujeres.
Estas deidades, confundidas con las sirenas por los conquistadores españoles y entendidas como sirinus por los indígenas, se encuentran asociadas con la abundancia en la producción piscícola, pero también con la música andina, como se puede apreciar en las singulares representaciones artísticas, en las que se encuentra sirenas tocando algún instrumento musical.
Según la tradición, antes de la celebración de Carnaval, las personas deben llevar sus instrumentos musicales hacia algunos arroyos o cuevas, donde se encuentra el sirinu; es decir, es necesario serenar los instrumentos. El sirinu o sirena que habita en estos desolados lugares afina los instrumentos, dotándoles de un sonido encantador, además que, a través del viento, el agua y demás sonidos de la naturaleza, inspira al músico para la composición de la melodía (huayño) que será ejecutada una y otra vez durante las celebraciones de Carnaval.
La música del tiempo de Carnaval es un elemento indispensable de comunión entre las personas y las deidades, reflejando un conjunto de significados culturales.


























