El coleccionista paceño que no necesita un DeLorean para “Volver al futuro”
Ángela Carrasco
En una sala de paredes cubiertas con pósters, miniaturas y destellos metálicos, Beimar Rodrigo Guaygua no necesita de una máquina del tiempo para regresar a 1985. Basta abrir la puerta de su estudio, ubicado en un céntrico barrio de la ciudad de La Paz, para encontrar una colección de automóviles DeLorean a escala, una réplica del almanaque deportivo y todas las figuras de Marty McFly y “Doc” Brown, que solamente parecen esperar la señal del condensador de flujo para arrancar un nuevo viaje.
A sus 38 años, Guaygua es probablemente el único coleccionista boliviano especializado en Volver al Futuro, la trilogía de ciencia ficción dirigida por Robert Zemeckis que este 2025 cumple 40 años desde que se encendió el condensador de flujo y llevó a millones de espectadores a un viaje que mezcló humor, ciencia ficción y aventuras temporales. Protagonizada por Michael J. Fox y Christopher Lloyd, la película se convirtió en un fenómeno cultural que anticipó tecnologías, inspiró generaciones y dejó frases que aún resuenan en la cultura popular: “A donde vamos no necesitamos caminos”.
COLECCIONISTA DEL TIEMPO
En estantes descansan las tres versiones del DeLorean, figuras de las tres películas de Marty McFly y el Doc Brown, diferentes pósters que rememoran diferentes escenas icónicas, una de ellas es Encanto bajo el mar y una licencia de conducir con el nombre del protagonista. Su colección, que ocupa cada rincón sigue en crecimiento. “Nunca quise ser coleccionista”, confesó. “Solo quería tener algo que me recordara la película. Pero sin darme cuenta terminé con una colección”, agregó.
Su historia con la saga empezó cuando tenía 10 o 12 años, frente a la televisión abierta. “Vi primero la tercera parte, ni siquiera completa, y me quedé con muchas preguntas. Después busqué la segunda, luego la primera. Así empezó todo”, agregó.
Ese desorden involuntario despertó su curiosidad. Lo atrajo la mezcla de humor y aventura, pero también el misterio de las líneas temporales, los saltos entre décadas y el encanto ingenuo de los ochenta. Desde entonces, la trilogía quedó instalada en algún rincón de su memoria, lista para reaparecer años después, hoy se transformó en un hobbie, una dedicación meticulosa de rastrear objetos originales, encontrar piezas en ferias o importarlas.
En sus estantes descansan los tres modelos del DeLorean —en tamaños que van de cuatro centímetros hasta 1:24—, la camioneta Toyota negra de Marty McFly, la Ford de Biff Tannen y varias figuras aún en sus empaques originales.
“De algunas piezas tengo dos: una para abrir y otra para guardar intacta”, indicó con un orgullo que se parece al de un curador de museo. Entre sus piezas más queridas está un reloj Casio CA-53, idéntico al que usa McFly, y un set completo escala 1:64, de la trilogía, de Hot Wheels versión retro difícil de conseguir. “No son tan costosos, pero sí raros. Eso les da valor”, explicó.
Coleccionar en Bolivia no es sencillo. “Somos un país limitado para estas cosas”, afirma. “Las jugueterías traen productos genéricos, no de colección. En Internet uno puede hallar todo, pero con las restricciones bancarias y los costos de importación se hace complicado”.
Pese a esas limitaciones, no se rindió. Durante la pandemia, cuando la trilogía cumplía 35 años, encontró el tiempo y el impulso para dar forma a su hobby. Desde entonces, la colec-ción crece con paciencia y un toque de nostalgia.
De todos los objetos que posee, hay dos que guardan una historia especial. El primero es el DeLorean con el que todo comenzó: un regalo de cumpleaños, el punto cero de su travesía. El segundo, un Hot Wheels diminuto de Volver al Futuro III, que buscó durante meses hasta importarlo. “No es lo que cuesta, es lo que significa”, refirió. “Cada pieza tiene su tiempo, su historia”.
El reloj, que usa de vez en cuando —un Casio CA-53, igual al de Marty—, completa el personaje. A veces lo mira sin razón, como quien revisa un recuerdo. “Lo uso seguido. Es un pedazo de película en la muñeca”, indicó.
Otra parte de la colección evoca los momentos más emblemáticos de la trilogía con un toque nostálgico y futurista a través de las figuras (muñecos) de los protagonistas de la trilogía además de sus accesorios. El corazón de este set es un maletín —idéntico al que usaba el Doc Brown— lleno de billetes de distintas décadas. Este maletín contiene billetes de años como 1864, 1914, 1934, 1955 y 1985, entre otros. En la película, Doc lo utilizaba para tener “dinero de buena denominación” en cada periodo al que viajaba, lo que muestra su obsesión por cubrir cada contingencia temporal, un verdadero tesoro para los que aman los detalles.
Junto al maletín, destaca una mini patineta voladora (hoverboard), en escala de unas siete pulgadas, un icono indiscutible de Volver al Futuro II. Esa tabla rosa que Marty McFly usa para surcar el aire es una de las imágenes más icónicas de la franquicia. Al tenerla en tamaño coleccionable, se convierte en una pieza que evoca no solo la fantasía del futuro, sino también la moda futurista que imaginaban en los años 80.
Otra joya en esta colección es una videocámara, a escala de siete pulgadas, al estilo JVC GR-C1, el modelo que aparece en la película operado por Marty McFly. En realidad, esta cámara fue de las primeras en utilizar el sistema VHS-C, una tecnología muy representativa de los años 80.
Al mismo tiempo, hay un walkman (o reproductor de música) a escala, acompañado de audífonos, que recuerda la estética ochentera, perfecto para recrear la escena de un Marty viajero del tiempo capturando sus aventuras en video o escuchando su rock de esa década.
Finalmente, el set incluye figuras (muñecos) vestidas con ropa futurista, tal como la que Marty McFly y otros personajes usan cuando viajan al “futuro” en la segunda película. La moda en la saga es una mezcla de lo que los creadores de los 80 imaginaban para 2015: chaquetas que se ajustan solas, zapatillas autoajustables, colores neón y diseños audaces. Estas figuras a escala no solo son un homenaje a la estética, sino una pieza de nostalgia y creatividad.
La saga también ha dejado huella fuera de su estudio. Este año, Universal Pictures relanzará la trilogía en versión remasterizada y prepara un libro conmemorativo. En distintas partes del mundo se realizan maratones, exposiciones y reestrenos. En Bolivia, los homenajes son más silenciosos, pero igualmente apasionados. “La mejor forma de celebrar es verla otra vez”, dijo, “y si sale algún producto nuevo, conseguirlo”, sonríe.
EL COLECCIONISMO EN BOLIVIA, UN DESAFÍO
Para un coleccionista en el país, la búsqueda se convierte en una labor de detectives que trasciende las fronteras. La alternativa es apelar a plataformas globales como eBay o Amazon, asumiendo un riesgo y un costo significativos.
“Las importaciones han hecho que se vuelva muy caro, y que sea más difícil con las trabas que tenemos con los bancos, con las tarjetas de crédito,” explica, refiriéndose a las dificultades de la cotización del dólar y la logística.
Esta limitación ha llevado a Beimar a adoptar la técnica de customizar o adaptar piezas hechas en casa (o fan-made), buscando la máxima fidelidad a la pantalla. “La gente nunca consigue todo lo que quiere, entonces, ¿qué hace? Opta por customizar, por imprimir, por diseñar,” explica.
UNA JOYA DEL CINE
Para él, Volver al Futuro no es sólo una película: es una forma de recordar un tipo de cine que, aseguró, “ya no existe”. “En la década de 1980 todo era más puro. Películas como Rocky, Jurassic Park o Star Wars marcaron una época, y Volver al Futuro está entre ellas. No la toca-ron, no hay remake, y eso la hace más valiosa”, insistió.
La película ofrece una “experiencia pura,” un factor que, según él, la diferencia de las franquicias modernas que constantemente se reescriben o actualizan. Además, la película trasciende la mera ficción: anticipó tecnologías y planteó una visión optimista del futuro, un futuro que, como el año 2015 de la secuela, ya ha quedado en el pasado real.
Su hija, cuenta, empieza a reconocer los nombres y las frases. “Ella ve las figuras, me pregunta quién es Marty, quién es el Doc. Tal vez no lo entienda todavía, pero ahí está”. Y así, entre vitrinas, luces y un leve zumbido que parece de condensador de flujo, mantiene viva una chispa que no se apaga en el tiempo.
Para Beimar Guaygua, el acto de coleccionar no es solo una acumulación de objetos, sino una forma de honrar el legado de una película y la frase atemporal de Doc Brown: “El futuro no está escrito. El de ninguno. El futuro es el que uno se forja.” Y Beimar ha forjado el suyo manteniendo viva una de las narrativas más queridas del cine.
“Mientras haya pasión y un poco de imaginación”, dijo, “siempre habrá quienes estén listos para volver al futuro”.



























