David Santalla: “Al mal tiempo, siempre buena cara”

Entrevista
Publicado el 09/12/2019 a las 0h00

Las primeras actuaciones de David Santalla no se realizaron en tierra, sino sobre las olas del océano Pacífico. Un debut internacional se produjo cuando viajaba al sur de Chile a encontrar a su padre. Tenía 12 años y vivió una travesía de seis días en barco por Arica, Iquique, Tocopilla, Antofagasta, Coquimbo, La Serena y San Antonio. En medio del tedio, se puso a hacer mímicas y gracias que había ensayado incontables veces en casa. Y atrajo exitosamente la atención de viajeros y tripulantes.

“Al hacer lo que había repasado en Bolivia, desperté interés de la gente que iba en el barco -recuerda-. La nave se llamaba el Puyehue y hoy funciona como una especie de casino. En casa, yo jugaba con la espuma de afeitar de mi padre, me la ponía como barba o bigote. Me gustaba hacer voces porque mi papá, aparte de militar, también era hombre de teatro y yo le había escuchado cómo preparaba las obras. Y, como a esa edad hay un carácter imitativo, empecé a hacer lo que él hacía”. La única, primera y sonriente espectadora de aquellas actuaciones era su madre, doña Lilí Barrientos Méndez, dama cochabambina afecta a la poesía.

En Bolivia, hasta ese tiempo del viaje a Chile, Santalla había sido un niño solitario pues sólo tenía hermanos mayores que no jugaban con él. Además, la familia no solía comprar juguetes. Él cuenta que por esa razón también empezó a dibujar caras en las piedras, cajas o en los dedos de las manos. Les daba además personalidades, fueron una especie de prototipos de los personajes que décadas más tarde haría famosos. “Actuando me fui acercando a la gente porque era un niño muy solitario, me aburría conmigo mismo”.

“Mi papá (el general paceño Alfredo Santalla Estrella) había sido exiliado por la dictadura del MNR -explica a tiempo de recordar con un dejo emotivo a su progenitor-. (…) Él participó en la Primera Guerra Mundial por parte de Francia, pues estudió en la Academia de Saint Syr, también combatió en la Guerra del Chaco. Me gusta siempre hacer las cosas con alma vida y corazón. Y papá tenía la buena costumbre de alentarme en las actividades que yo hacía, por ejemplo, en la natación o la gimnasia. Siempre me decía que siguiera adelante, que me esforzara”.

Tras meses de separación, aquel día del arribo a puerto San Antonio, Santalla cambió prontamente su espontáneo show por un emotivo abrazo con su padre. Su adolescencia sería moldeada en el Internado Barros Arana de Santiago, uno de los más estrictos, exigentes y modernos de Chile. Recuerda que siempre fue extrovertido, pero, claro, 10 años en aquellas tierras le dieron una marca adicional a su personalidad y habla. Fue allí donde, además, sus primeras experiencias laborales en radioemisoras lo impulsaron a hacer algo de locución e imitación.

 

NI INGENIERO NI ARQUITECTO

De retorno a Bolivia estudió ingeniería civil en la Universidad Mayor de San Andrés. “Cuando recuerdo cómo de niño pintaba y construía edificios con piedras y cajas, pienso más que en mí había un arquitecto oculto -confiesa-. Es una carrera que siempre me gustó”. Pero también en aquellos años su experiencia en radio le había vuelto a acercar a micrófonos y auditorios. Paulatinamente, el destino no sólo relegaba al arquitecto en ciernes, sino también al ingeniero graduado.

“Fui primero a radio Agustín Aspiazu, pero no me daban mucha bola, entonces me pasé con las cosas que quería hacer a radio Méndez -puntualiza-. Don Alberto Méndez se entusiasmó con la voluntad que yo tenía de trabajar. Empecé casi accidentalmente con animación. No sabía nada de animar, pero desarrollé la personalidad. Además, inicié el denominado “teatro leído” que yo no sabía que existía, pero que había sido una costumbre en Francia y otros países. Hicimos eso con un señor (Hugo Eduardo) Pol y dio mucho resultado”.

Corría el año 1968 y junto con Pol, Santalla conformó el duo Alí y Babá que fue el salto consagratorio para su singular histrionismo. Talentosos ambos, mantenían pendiente a la audiencia y eran la parte cada vez más esperada del espectáculo semanal que ofrecía la radio en su auditorio. Santalla cuenta que Pol no tenía la misma voluntad para apostar por el teatro y surgieron desacuerdos. La sociedad se disolvió, al parecer de forma no muy amistosa.

“Me fui a Chile un tiempo, realicé también viajes a Argentina donde vi cómo había mucha entrega y esfuerzo -precisa con tono indignado-. Recuerdo que pertenecí al club Juventud Sokolista. Fíjese que habían puesto todo un gimnasio en el tercer piso del teatro San Martín, pero no era mi país y me volví. Ya luego en los 70 seguí solo con Santallazos”.

Entre el salto de “Alí Babá” a “Santallazos”, basado además en su dedicación al deporte, Santalla ofreció un espectáculo que marcó época. Corrían los años del boom de la lucha libre. En el Coliseo Cerrado Borelli se presentaban luchadores internacionales que llegaban desde diversas latitudes del continente. Entre “los rudos” destacaba “La Bestia”, que con sus 1,95 metros de altura destronó a la mayoría de los idolatrados “técnicos”. Y a alguien se le ocurrió, en medio campeonato, hacer un espectáculo que combine la comedia con aquella práctica teatral-deportiva.

 

EN LA LUCHA LIBRE

Las radios y la prensa anunciaban la gran pelea: “Toribio frente a la Bestia”. El escenario quedó chico para la multitud que asistió, festejó y saludó con una ovación las ocurrencias y acrobacias de Santalla y sus coanimadores. “Claro, me acuerdo, se resbaló, cayó sobre mí con sus cien kilos, casi me rompe una costilla y yo me casaba al día siguiente -ríe-. Actuaba conmigo Cacho Mendieta, pero pese a que llenamos el coliseo e hicimos el espectáculo, el empresario nos pagó una propina, nada más. Un país de mamones, mucho mamón ha habido en el ambiente artístico y gimnástico”.

Probablemente la etapa más prolífica de la carrera de quien es considerado por sus propios pares como “maestro de la comedia boliviana” llegó con Santallazos. Entre las décadas 70 y 80 encarnó a al menos una decena de inolvidables personajes inspirados en las clases sociales y regiones bolivianas. Los más emblemáticos son Toribio, el alter ego de Santalla y el típico antihéroe del occidente boliviano. También, don Enrredoncio, el más antihéroe y antihéroe de los antihéroes, o sea, un cincuentón que halla motivos para discutir con quien sea. Y la Salustiana, probablemente, una de las más brillantes representaciones de la vivacidad y, a la vez, inocencia de las inmigrantes campesinas aimaras.

Pero Santalla, además, creó un bachiller (Tato), un afroyungueño (Dominguín), una abuelita, un camba, un chino, un argentino y una afroyungueña (Lambada) con su propio sello. En Santallazos logró sumar el talento de otros comediantes que aportaron, a su vez, su propia diversidad de personajes. Fue así que su versatilidad llamó la atención de los directores del séptimo arte. En 1977 resultó una de las figuras estelares del filme “Chuquiago”, uno de los tres más taquilleros de la historia boliviana. Actuó en otras nueve producciones, entre ellas, la emblemática “Mi Socio”, cuya segunda parte espera el fin de la crisis política actual para estrenarse.

 

EL CINE

“Los papeles más serios que hice fueron los de un empleado público con su vida gris, en ‘Chuquiago’, y el de un exparamilitar en ‘Cuando los hombres quedan solos’ -explica-. También suelo ponerme a veces serio en otras circunstancias. De ‘Chuquiago’ recuerdo que una vez, estando en Estados Unidos, fui a ofrecerla a una empresa de distribución. Un mexicano, un patán, que me recibió y me dijo: ‘No me interesa Bolivia salvo que hable de narcotráfico’. Lo mandé a rodar a tal lugar y me salí, y si me respondía yo también le hubiera dado”.

El éxito de Santalla también se puede medir en viajes. Ha recorrido incontables veces todo el país. Recuerda que ha conocido lugares de ensueño, desde los centros mineros hasta el Chaco y las ciudades de la Amazonía. “Conocí lugares que ni sabía que existían y de gente muy buena -cuenta-, tan buena que me soportaban”. También actuó en el exterior, empezó en los 70 con una exitosa gira por el sur de Perú y llegó hasta Costa Rica. Además, se presentó en EEUU varias veces para la comunidad de inmigrantes bolivianos.

Ha dado igualmente un sinfín de talleres y varios de sus alumnos han formado sus propias compañías. Ha marcado un estilo particular con una también particular característica: no apela a las palabrotas ni a los chistes subidos de tono. “Alguna vez me tentó, pero hubo gente que me dijo que no lo haga y yo sé recoger las críticas -señala-. Tengo hijas e hijos y no quiero que la gente diga de mí: ‘Ése es un cochino’. No hice cosas crasas y me sirvió porque hasta he sido invitado a dar charlas o hacer shows en organizaciones religiosas”.

Cincuenta y siete años de carrera continua a la que añade tres libros y artículos de prensa donde reflexiona e, infaltablemente, ironiza con juegos de palabras. Una carrera en la que en cierta ocasión recuerda que fue abucheado. “Cuando Alí y Babá, nos llevaron al teatro municipal, invitados por la Fuerza Aérea, como no teníamos experiencia, llevamos un libreto para leer. La gente esperaba que actuemos, nos gritaron, nos silbaron, salimos del escenario con la muela suelta. Me dije ‘voy a volver’, Pol me dijo que ya estábamos viejos, ‘vos serás viejo’, le respondí, ‘yo voy a seguir’”.

Y siguió, llenando auditorios, y sigue... Hoy espera superar el problema de salud que le afecta desde hace algo más de un mes, mientras repasa la lista de proyectos en marcha. Resume además su forma de encarar la vida: “Al mal tiempo, aunque sea feo, siempre hay que ponerle buena cara porque tenemos muy poquito tiempo para vivir. Entonces lo viviremos con mucho entusiasmo que es la mejor forma de mejorar la calidad de persona que uno es. Si vivimos amargados, nos volvemos limón nomás”.

 

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INICIOS
ARCHIVO LOS TIEMPOS

INICIOS

Su carrera artística empezó a finales de los años 60 junto CON El humorista boliviano Hugo Eduardo Pol.

 

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PERSONAJES
ARCHIVO LOS TIEMPOS

PERSONAJES

En 1962 nació una pareja que hizo historia en las ondas radiales, pero también en el teatro y la tv (1969): Alí y Babá.

 

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SU PADRE
ARCHIVO LOS TIEMPOS

SU PADRE

Es hijo del Gral. Alfredo Santalla, único militar boliviano que estuvo en la Primera Guerra Mundial y fue héroe de la Guerra del Chaco.

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