Empatía, una “vacuna” imprescindible en la niñez
Comentarios hirientes, actitud egoísta, manipuladora y a veces incluso agresiva es la sombra de la infancia con la que los padres lidian y de la que pocos hablan fuera del hogar. Aprovechar el confinamiento para ayudarles a desarrollar empatía, una “vacuna” contra la intolerancia, puede ser quizás el mejor regalo para ellos.
Las psicólogas Gisela Delgadillo y Ninón Bessé coinciden en que la empatía es mucho más que ponerse en el lugar del otro. “Es la habilidad o competencia de saber lo que siente el otro y de reaccionar en consecuencia”, afirma Bessé y añade que esta capacidad entra en juego en diversas facetas de la vida de las personas: el trabajo, la vida familiar, las actividades de recreación y la política.
Delgadillo aclara que ello no supone necesariamente compartir las mismas opiniones y argumentos que justifiquen las reacciones de la otra persona, ni siquiera significa estar de acuerdo con el modo de interpretar las situaciones.
Ambas concuerdan en que esta capacidad es la base para la inteligencia emocional. “Nos permitirá una mayor y mejor adaptación emocional…Una mayor sociabilidad y ayudará también con nuestra autoestima. Al ser una habilidad social, podemos decir que es fundamental para vivir en sociedad”, resalta Bessé. Afirma que la empatía también está relacionada con el altruismo y con el desarrollo moral. “Sentir lo mismo que el otro es preocuparse y por consiguiente es actuar, es solidarizarse, es hacer algo”, enfatiza.
¿SE HEREDA O SE APRENDE?
Bessé señala que el desarrollo de la empatía va junto al desarrollo evolutivo y emocional del niño y se remonta hasta la primera infancia, cuando los niños (siendo aún pequeños) sienten una preocupación solidaria por el otro. Por ejemplo, cuando oyen llorar a otro bebé o niño y lloran ellos también. “Aún no logran diferenciarse del otro completamente y llegan a creer que el dolor del otro lo sentirán ellos también”, agrega. Posteriormente, señala que comienzan a darse cuenta que ese dolor no es el de ellos. “Empiezan a verse como personas diferentes y a tener mayor capacidad para consolar al que llora o sufre, porque ya interpretan los sentimientos y emociones del otro”, dice.
La especialista especifica que alrededor de los cinco a seis años los niños van más allá y se dan cuenta de las historias propias del resto y comprenden más fácilmente los motivos de los diferentes sentimientos de los otros niños.
“Al finalizar la infancia y comienzos de la adolescencia, los niños ya pueden comprender al otro…, aunque todavía no entiendan muy bien lo que piensan. En la adolescencia no sólo pueden ponerse en los zapatos del otro, sino también comprenden lo que piensan”, expone Bessé.
Delgadillo acota que si bien no nacemos siendo empáticos, como seres humanos nacemos con una predisposición a aprender, por lo que esta habilidad interpersonal forma parte de nuestro desarrollo emocional y social. “Se va construyendo desde la más tierna infancia a través de las interacciones con los adultos, facilitando la creación de vínculos afectivos”, complementa.
Bessé enfatiza que la empatía no es algo que heredamos como si fueran rasgos físicos, sino que está más relacionada con las conductas que el niño observa en su entorno familiar y tiene que ver con la sintonía que se desarrolla en la relación padres-hijos. Explica que la sintonía da a entender que se comprende los sentimientos del otro. Indica que cuando un bebé llora, la madre entra en sintonía con él, “entiende” por qué está llorando y actúa en consecuencia, ya que los llantos son diferentes para cada una de sus necesidades.
“Ante las repetidas sintonías entre la madre y el bebé, este se da cuenta que la madre puede entender sus necesidades, sus emociones. El que los padres no entren en sintonía con los hijos, puede ser muy perturbador para los niños”, asegura y recalca que esta capacidad es la base de la empatía.
Delgadillo coincide en que la actitud y la educación emocional de los padres son fundamentales para que un niño desarrolle empatía.
CLAVES PARA AYUDARLES A DESARROLLAR ESTA HABILIDAD
Ambas expertas coinciden en que los padres pueden ayudar a sus hijos a desarrollar y potenciar esta habilidad interpersonal. A continuación, comparten algunas claves:
1 SER SU MEJOR EJEMPLO
“Si queremos que nuestro hijo sea empático, debemos serlo nosotros también”, dice Delgadillo. Aconseja que para ello es bueno preguntarles cómo se sienten cada día, tratarlos con amor y hablar de sus emociones. Aclara además que el trato debe ser empático con todas las personas que nos rodean.
“Los niños aprenden con el ejemplo”, acota Bessé y sugiere que los propios padres pongan atención a cómo se comportan. “De nada servirá ayudar a desarrollar la empatía en los niños, si nosotros no valoramos positivamente esta habilidad”, remarca.
2 MOSTRAR EMPATÍA CUANDO ESTÉN MOLESTOS O ENOJADOS
Delgadillo afirma que es importante mostrar sensibilidad a cómo se sienten los niños cuando están molestos. Recomienda que cuando no se les puede dar gusto en algo, se les explique el motivo y preguntarles qué es lo que sienten.
3 REFLEXIONAR CON ELLOS SOBRE SUS EMOCIONES
“Para que nuestros niños entiendan y manejen sus emociones, primero deben reconocer sus emociones en ellos mismos y en los demás”, dice Delgadillo. Apunta que como padres es importante poner nombres a los comportamientos y sentimientos.
Bessé acota que reflexionar sobre sus emociones posibilita que aprendan o se den cuenta que tanto adultos como niños podemos enojarnos ante algo, sentirnos alegres o tristes. Esta recomendación lleva al siguiente punto:
4 VALIDAR EN ELLOS LAS EMOCIONES DIFÍCILES (COMO EL ENFADO O ENOJO)
Bessé comenta que muchas veces los padres pasan por alto estas emociones o hacen lo que sea para que el niño no las sienta. Sin embargo, los niños también se enojan. “Es importante trabajar con ellos estos sentimientos, puesto que deben aprender a controlar su enfado y reflexionar sobre la situación que los llevó a sentirse de esa manera”, recomienda.
5 DARLES RESPONSABILIDADES DE ACUERDO A SU EDAD
Delgadillo apunta que los niños deben tener responsabilidades en casa, como ayudar a poner la mesa y doblar sus medias o ropa y que estas responsabilidades vayan aumentando de acuerdo a su edad. “Así incentivamos en ellos que sean atentos, considerados y responsables”, dice la psicoterapeuta infantil.
6 ENSEÑARLES A SER AMABLES
La neurocientífica Helen Riess sostiene en su libro “The Empathy Effect” que la automatización de ciertos comportamientos que expresan amabilidad, como acostumbrarse a dar las gracias o a ofrecer ayuda cuando alguien la necesita, es una manera de ir desarrollando esta capacidad. Riess insiste en vigilar el lenguaje y no normalizar comentarios como “odio a este profesor”. “Enséñale a ser amable”, dice.
7 FOMENTAR LA SOLIDARIDAD Y CARIDAD
“Cada vez que encuentres situaciones en las que puedas enseñar a tuhijo a mostrar empatía y solidaridad es importante reforzar y explicar”, dice Delgadillo. Apunta también que es importante convertir la bondad en un proyecto familiar. Una actividad que sugiere es la de alistar con ellos juguetes para donar, además de realizar actividades de servicio comunitario.
APROVECHAR EL CONFINAMIENTO COMO UNA OPORTUNIDAD
“En este tiempo de cuarentena, si bien nuestros niños no están en las escuelas, están en la mejor escuela de la vida que es la familia y los padres son los educadores naturales”, enfatiza Delgadillo. Reitera que ahora que están todo el tiempo en casa, es importante ser el ejemplo a imitar, asignarles tareas, que aprendan a identificar sus emociones e inculcarles la solidaridad.
Bessé manifiesta que uno de los recursos que se puede aprovechar en el hogar es el juego, ya que no sólo es una actividad recreacional, sino que también posee cualidades educativas y puede ayudarles a desarrollar empatía.Para inculcarles ello, sugiere que con niños pequeños (tres a seis años) se juegue a adivinar qué sienten y piensan los otros, ya sea viendo una película o una serie de televisión, con una mascota o un juguete.
Otra actividad que recomienda es la de dibujar caretas que expresen distintas emociones para luego poder relacionarlas con las emociones que sentimos las personas ante distintas situaciones. “Los cuentos e historietas son recursos también valiosos para trabajar con los niños las emociones. Debemos no sólo leerles los cuentos, sino también hablar sobre los mismos”, indica. Delgadillo coincide con ello y agrega que las películas con contenido y cuentos con valores siembran aprendizajes significativos y desarrollo emocional.
Con niños más grandes (entre seis y 12 años), además de las anteriores actividades, Bessé aconseja aprovechar los juegos de intercambio de roles: hacer como el padre/madre, como el profesor, etc. “Así podrán aprender a ver diferentes puntos de vista”, complementa.
Delgadillo sugiere que en este confinamiento también es imprescindible controlar y dosificar el uso de la tecnología, además de darles independencia respetando sus pensamientos y sentimientos. “Es importante hablar con nuestros hijos de su estado emocional, qué desea, qué necesita y qué anhelos tiene”, propone para criar futuros adultos capaces de ponerse en el lugar de los demás.



















