Por una canica
La verdad del Gobierno sobre cómo ocurrió la muerte del ciudadano Jonathan Quispe no fue aceptada por la comunidad universitaria alteña, tampoco por la sociedad. Poco a poco fueron cayendo los argumentos ante las pruebas presentadas, a pesar de la amenaza velada en sentido de que quien dijera lo contrario a la versión oficial tendría problemas.
Los problemas han sido para las autoridades nacionales, que al final de cuentas tuvieron que admitir que estaban equivocadas. El autor material de la muerte fue identificado como subteniente de la Policía Nacional, quien seguramente será sometido a un proceso que esperemos no sea una forma de protección desde el aparato gubernamental.
Se dice que la canica no es parte de la dotación de la Policía Nacional, pero eso no aclara cómo llegó a manos del oficial y tampoco el arma con la cual fue lanzada en contra de la humanidad del estudiante universitario. Esto es algo que no puede estar en la sombra y para que la luz se haga, se precisa una investigación que salga del ámbito de la Policía y del Ministerio Público, con exclusividad.
El acusado no puede ser aislado. Se precisa transparencia, diligencia, investigadores imparciales, proceso abierto, interrogatorios públicos y sobre todo garantizar la seguridad del policía; quien debe estar en un lugar seguro y libre de presiones.
El pueblo boliviano debe saber cómo es que llegan esas canicas que muchos dicen se usan en la represión allá en Venezuela. Aquí es al Gobierno a quien le interesa deslindar responsabilidades. ¿Esa canica y el arma fue entregada en el Comando de la Policía? ¿Por qué se la utilizó contra los universitarios? ¿Es cierto que ya fueron disparadas en las manifestaciones de los cocaleros de Yungas?
Hay que llegar a la verdad porque la palabra del Presidente está en entredicho pues él afirmó que no habría muertos en su gobierno.
Hay interés desde dentro que algunos hipotéticos candidatos sean defenestrados como ya lo fueron Patzi, Surco, entre otros. Si es así el ministro Romero debería ser el más preocupado para que la verdad se sepa aún más cuando le dan información falsa.
No es creíble que un subteniente identificado como autor lo haga solo, sin orden de nadie, espontáneamente. Si esto fuese así, que poderes supremos nos libren de la ira de quienes deben protegernos.
El pueblo alteño no va descansar hasta saber la verdad. La comunidad universitaria tendrá que ir más allá de la lucha por un presupuesto, deberá constituirse en parte civil, proporcionar investigadores imparciales para que el proceso se cumpla sin la chicana jurídica, pero sobre todo con apego a la verdad con el fin de que la familia de Quispe y la sociedad boliviana se sientan seguros con el fallo de un sistema judicial desacreditado.
La credibilidad de las autoridades está en juego en un momento donde la popularidad va en bajada.
El autor es periodista
Columnas de JORGE MELGAR RIOJA



















