El iluminismo... en la era digital
Este año se cumplen 81 años de la publicación de la Dialéctica del Iluminismo, de Max Horkheimer y Theodor W. Adorno, un libro que es hasta hoy considerado una de las cumbres del pensamiento crítico; para algunos, incluso equiparable con la Crítica de la razón pura de Immanuel Kant. La fuerza actual de la obra se prueba en la vigencia de sus conceptos, pues pese a que todos ellos tienen que ver con la realidad de la primera mitad del siglo XX, las herramientas de análisis de los dos maestros alemanes pueden servir para analizar algunos componentes de las sociedades actuales a nivel mundial. ¿Qué es la razón, esa palabra tan profunda e incluso como un fetiche para los filósofos? La razón puede ser “el motivo” o “la causa”, pero cuando se pierde en su mismo concepto, es decir, cuando se hace ella misma autosuficiente, puede perder el sentido y ser una forma más del totalitarismo.
Publicado en 1944, el libro está dividido en siete partes: ‘Prólogo’, ‘Concepto de Iluminismo’, ‘Odisea o mito e Iluminismo’, ‘Juliette o Iluminismo moral’, ‘La industria cultural’, ‘Elementos de antisemitismo’ y ‘Apuntes y esbozos’. Cada una elucida desde una arista diferente lo que es la ilustración: el deseo del ser humano de emanciparse de los miedos, la religión y las tradiciones supersticiosas. En ‘Juliette o Iluminismo moral’, por ejemplo, se da cuenta de cómo la razón “libera” al hombre de sus ataduras morales que le impiden, entre otras cosas, un disfrute hedonista de la vida; en ‘Elementos de antisemitismo’ se expone cómo la razón puede deshumanizar al enemigo (en este caso, a los judíos), llevando a los verdugos a actuar con una frialdad sin precedentes. Pero quizá son ‘Concepto de Iluminismo’ y ‘La industria cultural’ las partes más interesantes de la obra. En la primera, se hace una explicación filosófica del concepto mismo de razón y de cómo aquel presenta serias limitaciones que le impiden, llegado a un determinado punto, seguirse criticando a sí mismo. En la segunda, Horkheimer y Adorno exploran la cultura de masas, que enajena al individuo y, haciéndole creer que elige (decide por sí mismo) y se va individualizando, lo va haciendo lo que Ortega y Gasset llamaría un hombre-masa; a saber, un sujeto alienado y que sigue pautas de comportamiento y gustos plebeyos, en todo caso alejados del ideal de la autenticidad.
‘Odisea o mito e Iluminismo’ es una reflexión en torno al poema homérico; según los pensadores alemanes, los impulsos racionales del ser humano ya se veían anunciados, y hasta puestos en práctica, en la conducta de Odiseo; pese al ambiente preñado de dioses y musas, la razón se devela en todo su esplendor en algunos pasajes, como aquel en el que el héroe decide no escuchar el canto de las sirenas. Finalmente, ‘Apuntes y esbozos’ es una sección de pequeños ensayos o artículos breves sobre diversos temas, todos obviamente vinculaos con la razón y la cultura de masas; los más notables pueden ser “Sociedad de masas”, “Filosofía y división del trabajo”, “La idea”, “Hombre y animal” o “Sobre la génesis de la estupidez”. Estos pequeños fragmentos, todos ensayísticos, provisionales e hipotéticos, abordan las contradicciones que existen entre una vida plena y el progreso, la realidad de lo que supone la división y especialización del trabajo, la reducción del problema de la muerte humana a un problema de orden “químico”, la transformación de la autoconservación humana en una permanente ilusión sin esperanza, las ansias humanas de dominar la naturaleza y aun el cosmos o la perplejidad del ser humano respecto a su misión o labor final en la Tierra. Son apuntes incisivos y provocadores que, más que a respuestas definitivas, llegan a más preguntas o a hipótesis susceptibles de crítica, como siempre hizo la gran filosofía.
Sin embargo, las tesis expuestas por Horkheimer y Adorno, elaboradas para criticar a las sociedades industriales del siglo pasado, pueden ayudarnos a comprender o por lo menos poner en tela de juicio el tiempo presente, que yo llamaría de sociedades digitales o virtuales. Si bien la digitalización de muchos aspectos de la vida cotidiana aún está en ciernes, estimo que ya pueden hacerse ensayos especulativos sobre cómo la razón utilitaria está actuando en el contexto de la todavía primitiva sociedad digital en el mundo.
Podría decirse que la digitalización de muchas de las operaciones y acciones que antes se realizaban de manera física o analógica posee la misma esencia de lo que fue la máquina en las industrias y factorías: así como la máquina cumplía un papel de facilitación de la vida humana, del mismo modo lo digital se va hundiendo cada día en una mitología que no puede explicarse por sí misma. ¿Para qué se ahorra tiempo pagando la cuenta de la electricidad por una aplicación móvil, si el tiempo me sigue pareciendo escaso? ¿Por qué me comunico con mi amigo que vive en Europa por Zoom, si al final de la comunicación me siento más solo de lo que estaba antes? Son paradojas análogas a las que resultaron en su momento del uso de la máquina; en realidad, análogas a las que resultaron de casi todos los avances de la tecnología humana, desde las primeras sociedades agrícolas. Si se mira desde esta perspectiva el fenómeno, tenemos que el progreso termina siendo un mito inexplicable y quizá tan absurdo como aquellos a los que el ser humano se va enfrentando soberbiamente con el paso de las décadas.
Una de las paradojas de la fe en una religión es que mientras que se predica algún tipo de bienestar futuro, se perpetra en el presente un mal físico o psicológico. Los altos índices de ansiedad o de sensación de soledad, sobre todo en las generaciones jóvenes, como resultado directo del uso de pantallas y artilugios conectados a internet, pueden ser una prueba de esto. No se puede negar que la digitalización de la vida obedece a un impulso racionalista y de bienestar, pero no necesariamente razonable, y es por esto que el avance de la inteligencia artificial, como en su momento fue el de las máquinas, no se puede detener: es imparable.
Lo más posible es que en unos años justicia, educación y salud estén gobernadas por inteligencias artificiales que administren un servicio más eficiente que los abogados, profesores y médicos de carne y hueso. Pero no es menos probable que esas labores se conviertan en ecuaciones burguesas que tengan el fin primordial de hacer dinero. El capitalismo tardío, que podría ser la causa del actual declive estadounidense, terminará su ciclo sin interrumpirse, apropiándose de bienes y servicios que ahora estarán administrados por ordenadores. No es un panorama muy alentador, pero no por ello habría que renunciar a la acción crítica ni a la esperanza.























