Rescatar la autoestima ante el cáncer, la motivación de Jhiovana

20/04/2019
La vida de Jhiovana Ibañez dio un giro cuando encontró la posibilidad de ayudar a mujeres que luchaban, sin respaldo y esperanza, contra esta devastadora enfermedad.
"Siempre necesitan una palabra de apoyo, alguien que las impulse y en este grupo hemos logrado unirnos".

Vivir con cáncer no es batalla de una sola persona y eso lo entendió muy bien Jhiovana Ibañez, una boliviana que emigró a Brasil en busca de un sueño profesional y por las vueltas de la vida también encontró un camino de solidaridad.

Hace nueve años partió a Sao Paulo para trabajar y estudiar artes escénicas, ahora está a un paso de completar una licenciatura en teatro en Río de Janeiro. Como todo inicio no fue fácil, pero “depende de las personas con las que te encuentres”, dice Jhiovana. Alguien clave en su viva es su esposo quien la apoyó en su travesía.

“En Bolivia hay la idea de que cultura, teatro, cosas de arte no te dan ingresos, por eso hasta ahora mi madre me dice, ¿cuándo vas a estudiar?, pero yo quise intentarlo y demostrar que podía”.

Una de las mayores trabas fue conseguir toda la documentación y comenzar sola, de cero, en un lugar. “Sentí la discriminación por mi idioma y porque soy boliviana. Muchos aquí no tratan bien a los bolivianos, piensan que no tenemos educación y que llegamos a delinquir o trabajar en talleres de costura, directamente”.

Con esfuerzo fue ganando espacio y haciendo camino en Brasil, pero sin dejar de añorar Bolivia.

 

Su vida tomó un giro con la partida de su tía Silvia, que murió de cáncer de colon con una afectación muy compleja de sus órganos. “Hasta ahora no comprendo cómo pasó todo, fue un golpe muy duro”.

“Por la falta de información y porque no contaba con una ayuda social y psicológica se hundió en la depresión y eso ha sido un factor importante para que ella nos deje”, lamenta con pesar Jhiovana.

“Cuando fui al Oncológico en Bolivia todos lloraban, estaban con la cabeza abajo y me cuestioné por qué no había alguien que los ayude”.

Esta experiencia la motivó a emprender hace dos años, un grupo de apoyo que se denomina “Yo puedo”, enfocado el rescate de la autoestima y la valoración personal.

 

“En el cabello no está la feminidad sino en ellas mismas”.

Unas 40 mujeres forman parte de esta agrupación que se reúne periódicamente cada mes, pero se mantienen en constante comunicación a través de un grupo de WhatsApp donde han podido estrechar lazos y ayudarse.

“Siempre necesitan una palabra de apoyo, alguien que las impulse y en este grupo hemos logrado unirnos. Mi trabajo es hacer que se sientan amadas, queridas y puedan luchar contra el maltrato psicológico de sus parejas que les hacen creer que no son mujeres o no sirven más porque les falta algo”.

Con esta experiencia, ella ahora es vicepresidenta de la ONG Pérolas en Brasil que colabora a más de 300 mujeres que no aceptan el diagnóstico de cáncer como una sentencia de muerte.

“Contamos con psicólogas, terapeutas, nutricionistas, asesores jurídicos, empresas que nos ayudan con viáticos, tatuaje de areola, maquillaje, pelucas y yo trabajo con la expresión para que puedan desenvolverse y perder la timidez”

 

Para formar pate del grupo pueden contactarse al número de WhatsApp de Jhiovana 5521981493077.

Cuando piensa en el futuro, Jhiovana se ve en Bolivia, extraña la comida, “desde las planchitas hasta el chicharrón”. Nació en Potosí, pero su corazón está en la Llajta.

Quisiera tener una sede para la atención psicológica de las mujeres con cáncer, 24 horas.

“Quiero ayudarlas a conocer sus derechos, qué procedimientos deben seguir para tener atención en los centros de salud y demás. Hay mucho por hacer”.

“La realidad en Bolivia es muy difícil, si no tienes dinero te mueres; pero  tampoco tienes apoyo para sobrellevar la enfermedad”, añade.

Tiene el apoyo de Rotary Club Cochabamab para trabajar esta gestión con el proyecto Yo puedo. “Solo espero que un día no muy lejano podamos crear conciencia y ayudarnos entre todos.
 

Créditos redacción: 

Redacción: 
Fabiola Chambi

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Cortesía de la entrevistada: 
Jhiovana Ibañez