
Pablo Huanca, el hombre que volvió a nacer en la oscuridad
Romané Paredes Jaldín
Era un viernes 20 de mayo del 2011, Pablo Huanca, un diligente peluquero, se encontraba en su fuente de trabajo como cualquier otra jornada laboral, sin pensar que ese día sería el inicio de una vida que nunca antes había imaginado.
El reloj marcaba las 10:30 de la mañana, después de un cambio de look a uno de sus clientes empezó con el cepillado del cabello. Mientras observaba que todos los mechones quedaran perfectos, cayó al piso el cepillo con el que trabajaba, se agachó a recogerlo y al levantarse una “niebla” negra lo invadió.
“¿Qué me pasa?, ¿Qué está pasando?” eran las preguntas que una y otra vez resonaban en su mente. Conforme pasaban los minutos, esa “niebla” se hacía más espesa y oscura cubriendo completamente su vista, a las 11 de la mañana solo veía oscuridad total, ni un solo destello o hilo de luz. Todos los colores, situaciones, rostros y formas que sus ojos habían registrado hasta ese momento ya no estaban, había quedado ciego.

Visitó al médico, pero ya era demasiado tarde, la retina se había desprendido. Después de algunas semanas escondido en su hogar, un día, animado por un amigo que le recordó que no es el único en esa situación, decidió visitar el Centro de Rehabilitación para Ciegos Manuela Gandarillas.
“Muchos piensan que (los no videntes) ya no servimos, yo mismo lo pensé. En el centro aprendí todo otra vez, ahora puedo hacer lo mismo que los demás, cocinar, jugar futbol, incluso cortar cabello como lo hacía antes. Y tal vez hasta lo hago mucho mejor que los que ven”, dice entre risas.
Ocho años después, Pablo se convirtió en un hombre nuevo y con muchas más aspiraciones. Cursa su cuarto semestre en la carrera de Derecho en la Universidad Católica Boliviana (UCB), volvió a aprender todas las cosas que ya sabía hacer, pero ahora de una manera diferente.

“Fue un golpe muy fuerte. Cuando perdí la vista, también todos los que estaban a mi alrededor desaparecieron, ya no estaban amigos, amigas, incluso algunos de mis hermanos se fueron. Solo quedamos yo y mis dos hijos”, cuenta Pablo recordando ese momento que le cambió la vida para siempre.
Logró entrar a la universidad gracias a la directora de carrera de Derecho, después de varios intentos por encontrar trabajo y al no tener respuestas positivas decidió vender dulces y chocolates en la puerta de la Universidad Mayor de San Simón, pero los ingresos económicos eran demasiado escasos por la competencia de las “caseras” que tenían sus kioscos. Así que decidió ir a la UCB, ahí después tener una charla amistosa con la directora le comentó el deseo de estudiar Derecho para superarse y ayudar a sus hijos.
La directora lo invitó de oyente a las clases y sus compañeros tuvieron la incitativa de inscribirlo al primer semestre de la carrera, recaudando fondos para poder pagar la matrícula.

“Mis compañeros me ayudan bastante. Con las notas voy mejorando, me gusta estudiar con anticipación”, expresa.
Para estudiar, graba las clases o a sus compañeros leyendo los textos que les dan de tarea y los escucha en sus tiempos programados. Realiza los exámenes de manera oral.
Pablo se apoya en su sentido del oído y tacto para realizar diferentes actividades, como caminar por las calles de la ciudad, e incluso utilizar celular. Sin embargo, considera que en la ciudad aún falta que los espacios se adecuen para las personas con capacidades diferentes.
Para poder pagar los gastos de la universidad, Pablo sigue vendiendo dulces y chocolates en la entrada de la UCB antes y después de sus clases. Ayudado con su bastón, guarda las cajas de las golosinas e ingresa a las aulas cuando ya es hora, algunos de sus compañeros al reconocerlo se acercan y lo llevan para pasar clases.

“Cuando sea abogado me quiero dedicar a la educación inclusiva para que todos los que tienen capacidades diferentes salgan adelante. También me gustaría ejercer en Derecho Comercial”, cuenta con tono de esperanza.
Pese a que le dijeron que su ceguera es permanente esta puede mejorar con un tratamiento que por falta de recursos económicos no puede acceder.

En sus mayores sueños está tener una computadora con un programa que le ayude a realizar sus trabajos de investigación para la universidad.
“Pese a la discapacidad no hay límites, no me siento como una persona con discapacidad, me siento igual que los demás”.
Si desea colaborar con Pablo, puede comunicarse al 77918921.





