Tradicional y científica, la fusión de la medicina que convive en una clínica de Cliza

17/10/2019

Yvonne León

La medicina tradicional, pese a que no es una práctica totalmente aceptada por la población, es reconocida por la contribución a la salud humana “en particular como proveedores de atención primaria de salud al nivel de la comunidad”, por la Organización Mundial de la Salud.

En Cliza, conocida por mantener sus tradiciones gastronómicas y culturales, muchas personas con diferentes afecciones óseas llegan desde la madrugada a la Clínica Escobar, atendida por Faridt Escobar, miembro de una familia con cuatro generaciones de “hueseros” o frotadores.

 

“Hemos estado en esta práctica muchos años y con el avance de la ciencia, tienes que tomar en cuenta sí o sí la medicina científica (y por eso) es que nos hemos profesionalizado. Somos médicos en la rama y estamos fusionando la medicina científica con la medicina tradicional”, asevera Faridt, quien estudió la carrera hace casi dos décadas.

El tatarabuelo de Fardit, Manuel Escobar, comenzó a ayudar a los cliceños con sus problemas de salud. En ese entonces la medicina convencional no llegaba a la zona. Una parte de la historia relata que Manuel sobrevivió a un rayo y que eso lo impulsó a hacer curaciones. Otra relata que él se hacía sus propias curaciones y que al tener buen resultado, su fama se extendió en el valle.

La técnica, que Manuel usaba para reparar fracturas y dolores, fue pasando por generaciones junto a la receta de un emplasto, elaborado a base de hierbas y huevo. La fórmula es un secreto de la familia y Fardit asegura que este elemento ayuda en el proceso de regeneración del cuerpo.

La clínica

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“Yo primero trato a la gente con la medicina tradicional y si no podemos, pasamos a la científica”, explica Escobar.

En la planta baja de la clínica se encuentra el gabinete de consultas, la sala de espera y ambientes para las máquinas de rayos X. En el primer piso, están las habitaciones de recuperación y en el último piso se halla el quirófano, donde son atendidos los casos que no se pudieron resolver con medicina tradicional.

En la recepción de la zona de internación se puede observar una imagen de la Virgen de Urkupiña. Una de las enfermeras comenta que fue un obsequio de las monjas de un hogar de niños, donde Faridt colabora cuando alguien necesita de tratamiento.

Saturnina Osorio, uno de los pacientes, relata que su rodilla “se salió de su lugar” en un accidente cuando intentaba cruzar una calle en la ciudad de Cochabamba. La mujer recuerda que al llegar a la clínica le sacaron una radiografía para realizar un diagnóstico. Posteriormente, envolvieron su pierna con vendas, cartón y el emplasto secreto.

El doctor revisa la rodilla de Saturnina y verifica el movimiento de su articulación para hacer seguimiento de su curación.

Se coloca el parche con emplasto en la zona afectada, se usa una férula para inmovilizar y se venda hasta cubrir el sector.

“Estoy más segura aquí porque en el centro me van a enyesar y no confío”, expresa Saturnina a la salida de su consulta.

José Rocha

“El diagnóstico lo hacemos mediante la inspección, tocamos al paciente la lesión y vemos cuál es su problema. Inmediatamente tratamos de resolverlo de forma natural, lo más pronto posible. En la experiencia que hemos tenido, nos ha dado mejores resultados esto de lo tradicional, no invasivo”, argumenta.

Otra mujer que sólo habla quechua entabla una conversación con Escobar, y le comenta sobre su dolor. El doctor señala que también sabe hablar inglés y que trata de aprender aimara, debido a que recibe muchas visitas de la región occidental del país.

En las sillas de la sala de espera, se encuentran personas de diferentes clases sociales y orígenes, que acuden desde muy temprano para obtener una ficha de atención.

Las puertas del lugar abren desde las 8:00 y durante ocho horas atienden a alrededor de 70 personas, que buscan alivio.

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Personas esperan a ser atendidas en la clínica Escobar.
José Rocha

Con la migración de los cochabambinos al interior y exterior del país, la fama de la familia Escobar se extendió.

La afección más común son los dolores de espalda, que representan el 70 por ciento de los casos diarios.

“Vienen hasta aquí porque en sus países no encuentran esta clase de medicina”, reflexiona.

Además de Faritd, sus hermanos también se dedican a la medicina tradicional. José y Luis, atienden en Cliza, mientras que el mayor, Olmar, está en Santa Cruz.

Escobar tiene hijos que demuestran interés por mantener el legado. Además, tienen el proyecto de escribir un libro sobre su experiencia durante estas décadas en Cliza con la medicina tradicional y la fusión con la científica.

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Yvonne León

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José Rocha

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Gerardo Bravo