
Bebés abandonados: el drama social y una encrucijada de protocolos
José Romero
Cerca a las 22:00 del pasado 8 de noviembre, una joven universitaria que retornaba a su hogar en la OTB Martín Cárdenas, en el límite de Colcapirhua con Cercado, escuchó llantos que provenían de la parte inferior de un árbol en una zona con poca iluminación del barrio.
Al acercarse, halló una bolsa negra de plástico. Inmediatamente se percató de que algo se movía y emitía quejidos. Sospechó que podría tratarse de algún animal abandonado, abrió la bolsa y en su interior encontró una bebé que tendría menos de 24 horas de nacida. Junto a la pequeña se encontraban pañales desechables y una carta elaborada a computadora.
La universitaria pidió inmediatamente la ayuda de su madre para poder abrigar a la menor y se dio la voz de alarma en el barrio. Los vecinos comenzaron a movilizarse para que las autoridades tomen conocimiento del caso.
En la carta se informaba que la madre del bebé había fallecido, por lo que su pareja tomó la decisión de abandonarla. Recomendaba no reportar a las autoridades lo sucedido para que la pequeña no llegue a un centro de acogida donde podría sufrir malos tratos y que la persona que la encuentre realice la crianza.
Los vecinos alertaron a la Policía y se hicieron cargo de la bebé hasta que se produzca la intervención de las autoridades. Le dieron el nombre de “Estrellita”, por las características de la noche en la que fue encontrada.

La forma más extrema de abandono es aquella referida a neonatos con días, semanas, pocos meses de vida que son dejados a su suerte por sus progenitores en baños públicos, mercados, puertas de viviendas o calles abandonadas.
En Cochabamba este tema causa preocupación de autoridades, instituciones y despierta la sensibilidad de la población cuando los medios de comunicación reportan el hallazgo de bebés en situaciones precarias.
En 2018, el municipio de Cochabamba registró 234 niños que fueron reportados en una situación de abandono. Asimismo, hasta agosto de 2018, existían más de 3 mil niños en 54 hogares de acogida en el departamento, una cifra mayor que en 2017 cuando el número superaba los 2 mil.
De la población de infantes en estos centros, existe un promedio del 30 por ciento de menores de cinco años que se encuentran en estos centros.

Además de la historia de Colcapirhua, en 2018 Cochabamba registró varios casos de menores que fueron abandonados.
El pasado 29 de mayo un bebé, de aproximadamente tres días, fue entregado a un guardia de seguridad del Hospital Pro Salud, quien aseguró no haber identificado a las personas.
El 16 de octubre fue encontrado otro recién nacido en unos matorrales cerca del colegio Max Fernández.
El 28 de septiembre, un bebé recién nacido fue dejado en el puesto de una comerciante de zapatos en la avenida Blanco Galindo de Quillacollo.
Sin embargo, tanto la Defensoría de la Niñez y Adolescencia del municipio de Cercado como el Servicio de Gestión Social de la Gobernación no pudieron brindar a LOS TIEMPOS datos estadísticos referentes específicamente a casos de bebés que fueron abandonados.
Enrique Zabala, presidente de Defensa de Niñas y Niños Internacional Sección Bolivia (DNI-Bolivia), aseguró que hay dos factores para que principalmente madres decidan abandonar sus bebés: las dificultades económicas y un ambiente de machismo y violencia.
“Jóvenes de una extrema pobreza, económicamente no tienen posibilidades de salir adelante. Vienen de familias desintegradas con mucha violencia que tuvieron que salir a temprana edad de sus hogares”, manifiesta.
Zabala señala que esta extrema decisión puede comprenderse, pero no justificarse. “Es una situación muy complicada”, señala Zabala.

“El abandono de un bebé es la punta de un iceberg, porque debajo encontramos una cantidad de factores para que suceda”, explicó por su parte Juan Chávez Mendieta, responsables de proyectos de DNI-Bolivia.
Lidia Orellana, psicóloga de la Defensoría de la Niñez del municipio de Cercado, señala que de acuerdo a su experiencia de trabajo de cinco años, estos casos de abandono están relacionados a madres jóvenes.
“Los casos que hemos tenido son de mujeres jóvenes, del campo muchas veces, con bajos recursos, o personas que provienen de una familia muy disfuncional, con violencia”, explica la funcionaria de la Defensoría.
Asimismo, Orellana explicó que la mayoría de los bebés fueron encontrados en lugares como baños públicos, cerca de quioscos en la puerta de una vivienda o de un templo.

Una vez hallado un menor en situación de abandono, la primera tarea de las instituciones públicas es gestionar un centro de acogida.
La Defensoría de la Niñez indaga sobre las circunstancias del abandonado.
En las siguientes 24 horas, Defensoría pone en conocimiento de un juzgado de la niñez que el bebé fue ingresado temporalmente a un centro de acogida. La ciudad de Cochabamba cuenta con tres instituciones que tienen las condiciones para recibirlos desde los cero años.
En los posteriores días un equipo psicosocial continúa con el objetivo de hallar a los familiares del bebé. La institución tiene 30 días para encontrar a la familia de origen, ya sea los padres o parientes cercanos.
“Tratamos de agotar todos los esfuerzos con redes sociales u otras instancias. Hacemos nuevamente entrevistas a las personas que han visto por primera vez al bebé”, explica Orellana.
En caso de encontrarse a los padres del infante se realiza una evaluación de los motivos y las circunstancias por las que el niño fue abandonado.
“Evaluamos a esa persona. Si consecutivamente ha abandonado a sus hijos, dos o tres veces como en algunos casos, en ese caso solicitamos la extinción de autoridad materna para siempre”, añade la funcionaria de la Defensoría.
En caso de arrepentimiento de la madre o padre por el abandono, se realiza la evaluación de la situación. “Si vemos que esa mujer podría volver a asumir su rol de madre, también enviamos ese tipo de informe. Tratamos de que reciba terapia individual, que tenga seguimiento psicosocial y conecta con grupos de apoyo”, añade.
Se evalúa la potencialidad de que el niño pueda retornar a sus padres en un ambiente seguro. Si no se cumple con las condiciones, se decide apartar al bebé y se realiza su institucionalización en un centro de acogida.

A partir de la institucionalización del niño el Servicio de Gestión Social se hace cargo y lo ingresa a un programa de protección social para verificar la situación en la que se encuentra. Otro equipo del área de adopción paralelamente trabaja para que el bebé pueda encontrar una nueva familia para el infante bajo la modalidad de adopción.
Para este cometido se aplica los procedimientos de extinción de autoridad materna y/o paterna, que es el proceso mediante el cual los padres pierden de manera definitiva sus derechos y obligaciones con relación a un hijo y la filiación judicial, el proceso por el cual se restituye el derecho a una identidad del infante y lo habilita a ser sujeto de adopción.
Algunos de los bebés son abandonados con su certificado de nacimiento, pero para los infantes que no cuenten con esto, la Defensoría se encarga de registrar un nombre y apellido, normalmente se eligen denominativos comunes. Si el menor logra ser adoptado, sus nuevos padres pueden optar por registrarlo con un nuevo nombre y apellido.
Sin embargo, Erica Marcani, responsable de la Unidad de Atención y Protección del Sedeges, señala que hay casos en los que hay un estancamiento en el proceso para que el bebé pueda ingresar al programa de institucionalización y permanezca hasta dos años en una etapa de cuidado circunstancial.
“En muchos de los casos, un niño que entra a un centro de acogida, a veces por el descuido de la Defensoría, pasa de los 30 días de acogida circunstancial y donde la Defensoría debe ver que si al bebé se lo puede reincorporar a su familia ampliada”, señala Marcani.
Por otro lado está el reclamo del proceso de las adopciones que es excesivamente burocrático.
Paula Vargas Salamanca, oficial de protección de la niñez y adolescencia de Unicef Bolivia señala que otro de los factores de preocupación es la permanencia prolongada en una institución de acogida, sin los cuidados de una familia que puede llegar a tener consecuencias graves en su desarrollo emocional e integral.
“El problema es que a veces son bebés de meses o niños, una vez que son institucionalizados, terminan viviendo en el centro hasta sus 18 años. Privándoles del derecho a tener una familia, es uno de los problemas más graves”, explica Salamanca.

Alfredo Salazar, dirigente vecinal, alertado por su vecina, se aproximó para colaborar con la situación y llevó a “Estrellita” a un centro de salud privado para luego trasladarla al maternológico Germán Urquidi. “Para nuestra alegría la bebé estaba completamente sana”, relata.
Salazar comenta que al día siguiente, personal de la Defensoría de la Niñez de Colcapirhua se aproximó al centro médico y tomaron custodia de la menor.
“Teníamos un pensamiento iluso de que con un trámite podríamos hacernos cargo del bebé”, recuerda sobre el frustrado intento de que una vecina de su barrio sea la nueva madre de la menor.
Asegura que la experiencia de haber encontrado a un infante en esas condiciones será algo que nunca podrá olvidar.






