Maria Vdovychenko, una estudiante de secundaria de 17 años, consiguió huir con sus padres, su hermana pequeña y su gato de Mariúpol, la ciudad costera ucraniana que hasta el inicio de la guerra era la más próspera de la región oriental de Donetsk.
El 24 de febrero, día que comenzó la invasión rusa, el sonido de una explosión despertó a las 3:50 de la madrugada a la madre de Maria, que levantó a sus hijos y preparó las mochilas para marcharse, según cuenta la joven por videollamada desde un país europeo que no quiso especificar.