El camino hacia el perdón
El camino al perdón puede ser largo o corto, lleno de tropiezos o libre de caídas, pero tiene un elemento en común: todas las personas transitan por él. Uno puede saber qué o quién hirió, pero no cómo sanar realmente.
Pronto culminará un año e iniciará otro y una de las cargas más pesadas que puede llevar alguien es el no perdonar. Dos expertas coinciden en que uno es responsable de su propia liberación y que en este juego no existen víctimas ni culpables.
CONCIENCIA DE UNIDAD, PERDONARSE A SÍ MISMO
La psicóloga y terapeuta, Paola Salinas, explica, de acuerdo a definiciones y pasajes bíblicos, que cuando se habla de “perdón” inmediatamente uno se remite a la culpabilidad. “Alguien” ha hecho el “mal” y será (o no) perdonado.
Desde la bioneuroemoción (método para lograr el bienestar integral de la persona a través de la comprensión profunda del origen de los conflictos emocionales), existen dos tipos de perdón. Salinas explica que uno de ellos es visto desde la separación, es decir, desde la dualidad donde uno se considera separado de todo lo que le rodea. Esta dualidad conlleva culpa–victimismo. “Es el perdón del ego, perdonamos a ese otro que creemos tan ajeno porque somos buenos y porque desde pequeños nos han inculcado el gran valor del perdón”, dice la psicóloga.
Afirma que el otro tipo de perdón surge desde la conciencia de unidad. Se entiende que todo y todos estamos interrelacionados. Por lo tanto, cualquier situación y vivencia tiene su razón de ser y tiene que ver con uno mismo, con las creencias. “Tiene que ver con mi vibración y lo que proyecto afuera. Entonces, este perdón desde la conciencia de unidad, es el perdón hacia nosotros mismos. Perdonarnos por estar viviendo esa experiencia, en la cual yo no era consciente”, afirma.
En este punto, Salinas menciona el Ho’oponopono, un sistema de sanación físico, mental, emocional y espiritual practicado desde hace 5.000 años por los nativos hawaianos. Este está enfocado en el perdón y la resolución de conflictos. Explica que se basa en que los seres humanos repetimos sistemáticamente pensamientos tóxicos, pautas mentales y emociones negativas que provienen de nuestros ancestros, vidas pasadas y todo aquello que se adquiere en experiencias tempranas de la infancia y en el desarrollo posterior de la vida. “Esta información debe ser borrada, para luego ser realmente nosotros mismos”, dice.
Esta práctica era guiada por un chamán y se hacía de forma grupal. De esta manera, cuando surgía algún problema o conflicto en la tribu, se reunían, decían determinadas frases y solucionaban sus disputas sin violencia, discusiones ni guerras. Así funcionó durante miles de años.
Menciona que una de las frases más conocidas y que puede ayudar a trabajar el perdón es: “Lo siento, perdóname, gracias, te amo”.
Con todo lo expuesto y desde su propio punto de vista, Salinas concluye que “perdonar” tiene que ver con integrar y soltar.
“Integrar el aprendizaje que esta experiencia, por más dura que sea, trae a mi vida, comprendiendo que todo está interrelacionado. Lo que me ocurre tiene que ver conmigo y con lo que tengo que trascender como individuo y también con el clan familiar”, asevera.
“Soltar creencias y juicios sobre cómo deberían ser y desarrollarse las cosas. También aprender a soltar emociones y pensamientos que pueden atarme a determinada persona o situación”,adiciona Salinas.
UN SENDERO A LA LIBERACIÓN
La terapeuta venezolana especializada en bioneuroemoción (Enric Corbera Institute-Barcelona, España), Shane Medina, afirma que perdonar es un recurso, un acto para liberar el peso de la culpa, del juicio que hemos hecho a los demás y, por ende, a nosotros mismos. “Al perdonar de manera auténtica sanamos mente-cuerpo, allí su importancia”, añade la especialista, quien trabaja en el centro de bienestar Integrando en Cochabamba.
Salinas coincide con ella y adiciona que cuando uno perdona, logra también liberarse y liberar al otro.
La psicóloga apunta que cuando no se logra perdonar, la persona empieza a generar pensamientos de venganza o justicia que van rigiendo la vida. Estos pensamientos producen sentimientos de rabia, impotencia y resentimiento. “Estas emociones con el tiempo pueden provocar enfermedades tanto físicas como mentales.Cada vez que piensas en la venganza o la injusticia que te han hecho, la herida se abre y duele, porque recuerdas el daño y el recuerdo del sufrimiento te lleva a sentirlo de nuevo”, manifiesta.
Salinas señala que sacar el veneno del cuerpo implica dejar de querer vengarse, en resumen dejar de tener conductas destructivas hacia quien te “mordió”. “Trata de reconocer las emociones, mirarlas y usarlas para la autoindagación y no para la justificación de conductas de contraataque”, aconseja.
En este punto, la especialista recalca que el proceso de perdón no implica el abandono de la búsqueda de la justicia ni de dejar de defender los derechos. Uno hará lo que tenga que hacer, pero sin victimismos ni resentimientos, desde una actitud más sosegada.
“El perdón no es un acto único que se hace en un momento dado. Es un proceso continuo que se puede ir profundizando y completando a lo largo del tiempo”, resalta.
Ambas expertas coinciden en lo importante de comprender que la persona que logra perdonar es la primera beneficiada.
HACER FRENTE AL EGO Y A LAS ATADURAS
¿Por qué es tan difícil perdonar? Desde el bagaje de la bioneuroemoción, Medina señala que es el ego el que impide hacerlo. El no saber realmente quién se es y el potencial que uno tiene para comprender y aceptar que todo lo que sucede tiene un aprendizaje implícito.
“Hemos sido criados desde la culpabilidad y el victimismo. Por lo tanto, siempre buscamos fuera de nosotros alguien o algo al que culpar por la situación que vivimos”, dice la terapeuta. Siendo ello mucho más sencillo que comenzar a indagar y preguntarse: ¿para qué estoy viviendo esta situación? ¿qué estoy dejando de ver o atender en mí para que esa persona o situación me la muestre de esta manera?
Por su parte, Salinas manifiesta que el deseo inconsciente de mantenerse aferrada a una situación o persona puede impedir a perdonar. “No quiere soltar determinada situación o sentimiento, porque le permite de alguna manera mantener un vínculo en el que probablemente juega el rol de víctima”, subraya.
Identifica como otros aspectos que normalmente impiden perdonar las creencias y juicios sobre lo que es correcto o no o el cómo deberían ser las cosas desde la propia visión.
INVESTIGACIONES
Un estudio publicado en Annals of Behavioral Medicine en 2016 determinó que, con el tiempo, los aumentos en el perdón se asocian con disminuciones en el estrés. Otra investigación, publicada en el International Journal of Psychology en 2015, sugiere que las personas que practican la oración pueden perdonar más cuanto más oran.
De acuerdo a un artículo que se publicó en Journal of the American College of Cardiology en 2009, albergar ira y hostilidad se asociaron con un mayor riesgo de enfermedad coronaria. El documento incluyó la revisión de 44 estudios difundidos anteriormente sobre la enfermedad.
PASOS PARA COMPRENDER
¿Qué significa perdonar? ¿Cómo se puede llegar genuinamente a ello? Medina resalta que el auténtico perdón resulta de la comprensión de la situación. Perdonar no porque uno sea bueno: “Yo perdono, pero no olvido (perdón desde el ego)”, sino de la comprensión de que las experiencias vividas tienen que ver con uno mismo, con la proyección de culpas inconscientes para trascender las emociones o creencias sujetas a lo que sucede.
“En definitiva, no hay culpables porque todo está interrelacionado. De aquí deriva el único perdón posible que es el perdón a nosotros mismos”, enfatiza.
Partiendo desde la bioneuroemoción, Salinas y Medina exponen tres pasos que se pueden seguir para perdonar:
1. Identificar la causa: ¿Qué experiencia estoy viviendo? ¿Es la primera vez que sucede o ha pasado antes? ¿Para qué vivo esta experiencia? ¿Qué enseñanza hay implícita? Medina sugiere revisar a detalle la situación que uno vive respondiendo una a una a estas preguntas.
2. Deja ir esa causa: Retomar el poder personal al tomar la decisión de ver esa experiencia de forma distinta. Medina apunta que se refiere a dejar ir el victimismo y hacerse responsable al comprender que todo tiene que ver con uno mismo, que la víctima y el victimario son dos polos de la misma información. “Soltar lo que ya no queremos vivir”, agrega Salinas.
3. Aplicar la rendición: Uno ya no se identifica con la situación ni se apega a ella. “Deja de actuar desde el victimismo y la culpabilidad. Ya no hay ganas de venganza. Se da la oportunidad de que otras posibilidades se manifiesten, que ocurra algo diferente más gratificante, porque ha cambiado su percepción”, dice Medina.
Salinas resalta que tras esta etapa deriva un estado de paz interior que acercará a restablecer el equilibrio mental y emocional.























