Entre la brújula y el cronómetro
En abril de este año (2021) escribí algo que lo titulé “Divorcio emocional”, tuvo mucha repercusión en quienes se identificaron con el escrito. En ese entonces, decía que la brújula no es el camino y que es necesario entrar en sintonía con la conciencia para poder ubicarnos en el mapa de nuestra vida, ya que extraviarse es muy fácil. Podemos perder la brújula que nos guía en el transitar diario de nuestros días, ese es un problema serio sin duda; sin embargo, mucho más serio es otorgarle más valor a ella que al mismo camino. Por ello, en aquel escrito enfaticé que perder el camino –refiriéndome a una relación matrimonial– era casi irrecuperable, pero perder la brújula no, pues fácilmente podríamos reemplazarla para que nos vuelva a marcar el norte en la relación. En todo caso, el ejemplo que usé puede ser aplicado a cualquier otra dependencia: jefe/empleado, líder/seguidor o relaciones empresariales y familiares.
La brújula es un instrumento que sirve para orientarse, pero, repito, no es el camino en sí. El camino es una franja –por así decirlo– que nos lleva de un lugar al otro. Esa franja, metafóricamente hablando de la vida, para algunos está asfaltada y para otros no tanto, a pesar de esa diferencia el fin para todos es el mismo…transitarlo y, por supuesto, en las mejores condiciones posibles, como bien escribió en Facebook una amiga: “Aunque nada es eterno, todo lo que cuidamos dura un poquito más” (Marisol Gutiérrez R. en homenaje a su aniversario). Y es verdad, las relaciones deben cuidarse, a ellas se las cultiva en el día a día.
Ahora bien, si nos extraviamos en el camino, retomamos la brújula para encontrar el norte: ¿Qué nos unió? ¿Qué valores manejamos? ¿Estamos de acuerdo en ellos? ¿Qué es lo más importante para la relación? ¿Qué es urgente para la relación? ¿Te acuerdas de…? en fin ¿...? Preguntas que nos socorran para volver a encaminarnos y retornar a las sendas antiguas.
Sin embargo, ahora quiero incorporar un elemento más que nos puede ayudar en el tema. Tenemos el camino, tenemos la brújula y ¿qué pasa con el cronómetro? ¿Entre la brújula y el cronómetro cuál demanda más tu atención en tu día a día? Si la respuesta es la brújula, te felicito y si no, te exhorto. Me permito hacerlo con la autoridad que tengo al haber visto en carne propia las consecuencias de la presión del tiempo encima de las responsabilidades y compromisos asumidos. De igual manera, puedo dar fe de la cantidad de empresas que me solicitan capacitaciones en relación a la gestión del tiempo para sus equipos de trabajo. Y es que todos caemos en esa trampa, lo bueno, es que luego tenemos la opción de levantarnos y darnos cuenta que el tiempo no se gestiona y lo que en realidad se gestiona son las prioridades. Es así que las relaciones laborales, familiares, amistosas o matrimoniales duran un poquito más cuando se las cuida si es que le damos el lugar que les corresponde.
El cuidado implica volver a ver al mapa para reconocer el camino y asegurarse que estás en el correcto para caminarlo con mayor seguridad, sabiendo que encontrarás obstáculos que te desviarán, pero si tienes la brújula a mano y sobre todo la disposición de usarla, volverás a encontrar el norte –retomarás los valores importantes para tomar las decisiones importantes– y, finalmente, no dejar que el cronómetro te apure tanto como para no disfrutar el transitar del camino. En algunos casos el cronómetro nos ayuda para llegar a tiempo, pero en otros no nos permite llegar y si lo hacemos no es en buenas condiciones. Elige tú entre la brújula y el cronómetro, cuál te ayudará a llegar no solo primero, sino mejor.

















