Sobre la rivalidad femenina
Hace muchos años que tenía una tarea pendiente, escribir sobre nosotras las mujeres, hoy por fin decidí hacerlo. Existe una creencia vieja de que las mujeres nos odiamos entre nosotras, durante muchos años se mantiene la idea de que no somos capaces de generar amistades verdaderas, y aunque la idea se pusiera siempre sobre la mesa, esta era percibida como superficial, como un simple pasatiempo para que nos entretuviéramos hasta encontrar marido.
Muchos expertos han opinado al respecto. Esa agresión emocional entre mujeres que es explicada por la necesidad de protegernos a nosotras mismas (a nuestra descendencia) y aunque ya no vivimos en peligro físico ni necesitamos marcar territorio para conseguir al macho más fértil y asegurar la supervivencia de nuestra especie, los sociólogos tienden a pensar que el comportamiento se ha mantenido como una regla de conducta entre nosotras.
Sin embargo, también están los psicólogos con un enfoque mucho más progresivo y le achacan tu agresión indirecta a una internalización del patriarcado. “A medida que las mujeres consideran que su principal fuente de fortaleza, valor, logros e identidad proviene de la valoración masculina, se ven obligadas a luchar contra otras mujeres”. Es decir, que mientras liguemos nuestro valor a la capacidad por encontrar pareja y tener hijos, nos seguiremos percibiendo como enemigas.
Y aunque en este siglo la validación relacionada con el matrimonio ha disminuido, hemos trasladado la rivalidad a otros campos, como el profesional, en el que el estereotipo se mantiene y es común escuchar que las mujeres no sabemos trabajar en equipo y que nos ponemos el pie las unas a las otras.
Sin duda el tema tiene muchos matices, pero hay un claro componente de heteropatriarcado, sobre todo si consideramos que la sociedad percibe como negativos los adjetivos de competitividad, fuerza, liderazgo y autoridad si se asocian a las mujeres, mientras que se espera que los hombres tengan todas estas cualidades.
Todas estas percepciones no son nuevas y al parecer estamos constantemente encontrando pruebas de que las mujeres somos nuestras peores enemigas. Y entonces, ¿cuándo comenzaremos a dar un rumbo diferente a esta idea que casi siempre termina convirtiéndose en realidad? Creo que hoy es el momento de dejar de utilizar un lenguaje torpe y descalificador en contra de las mujeres, porque las palabras sí importan y, lo que es peor, afectan a nuestra autoestima. Saquemos las palabras ofensivas y busquemos nuevos adjetivos para decirnos cosas positivas. Está muy bien ser bonitas, pero también seamos exitosas, talentosas, inspiradoras, creativas, lideres.
Dejemos de sentirnos menos que las demás, dejemos de hacernos zancadilla y entendamos de una vez que nuestro valor no reside en los demás, sino en nosotras mismas. En la medida en que cada una de nosotras encuentre su valor y camine segura por la vida, no sentirá la necesidad de hacer menos a nadie, ni hombre ni mujer. Y una vez que encuentres tu valor y te sientas segura de él, no te lo calles, no lo escondas, no lo hagas menos, no lo dobles para caber en un estereotipo, no lo guardes para que los hombres pienses que los necesitas.
Otra de las grandes lecciones por aprender es que jamás debemos juzgar a nadie por su apariencia, ni por sus decisiones, ni siquiera por sus acciones. Si no hemos andado su mismo camino con los mismos zapatos, y durante el mismo tiempo, no podemos emitir un juicio y hacerlo entre nosotras, nos pone en desventaja.
Nosotras somos las responsables de acabar con ese prejuicio de la rivalidad femenina. Demostrémonos que somos más amigas y que el éxito de la de al lado nos alegre tanto como el nuestro. ¡El mundo necesita más mujeres que apoyen a otras mujeres!.


















