La pandemia no da tregua a la deforestación: el año pasado se perdió una superficie equivalente a la de Holanda en bosques vírgenes tropicales, con Brasil a la cabeza de una lista en la que Bolivia escaló al tercer puesto.
La rampante deforestación y contrabando de especies protegidas en los bosques es un negocio que involucra a las altas esferas y ha convertido a Camboya en uno de los países más peligrosos para los que intentan impedirlo.