Don Carlos Galindo Quiroga
La familia Guardia Galindo, con motivo de recordar los 50 años del fallecimiento de don Carlos Galindo Quiroga, vuelve a presentar el Discurso Homenaje póstumo que escribió y publicó en Los Tiempos, el 26 de junio de 1966 el señor Walter Peña Clavijo en su condición de representante de la Cámara Departamental de Comercio en nuestra ciudad.
“Hoy nuestro corazón está de duelo y la Cámara Departamental de Comercio de esta ciudad como toda nuestra colectividad viste en su espíritu los negros crespones del más hondo y sincero duelo por la inesperada desaparición de uno de sus ilustres y destacados miembros y Presidente en ejercicio de esa entidad a la que representó: Don Carlos Galindo Quiroga, ante cuyos restos venimos a ofrendar nuestro tributo de acongojado pesar”.
“Y esta pérdida se hace más sentida y dolorosa, si consideramos que en esta época en que la escala de los valores humanos parece haber sido trastocada o invertida, en que la honestidad y el decoro no son moneda de uso corriente en que lo material pretende subordinar a los altos valores del espíritu, la muerte de un amigo como la que lamentamos, que fue en todos los trances caballero sin mácula y de una honestidad vertical e insobornable, significa pérdida irreparable para la sociedad toda. Se explica pues el profundo pesar de todos los que le conocimos y apreciamos, que junto a su familia se nos hace difícil seguir la enseñanza cristiana de la conformidad, ya que en este caso, unos y otros, no sabemos ejercitar la suprema virtud de resignarnos”.
“Y ello, porque el escudo nobiliario de su ‘yo interior’ estuvo siempre orlado de los más altos emblemas: amigo en la más pura acepción de la palabra, hombre de empresa de límpida honradez, suave de índole en su trato cotidiano, honesto y justo en las relaciones con sus subordinados y heredero de una ilustre tradición familiar que supo incrementar con sus atributos personales. Todo ello y mucho más, hizo que su nombre y su recuerdo, se afincara desde antiguo, en el cariño de todos los que compartimos en esta tierra, anhelos y esperanzas, amistad y afectos”.
“Porque bien sabemos que los hombres, en su andar por los caminos de la vida, dejan marcadas las huellas de sus pasos y según sea la ruta seguida, del bien o del mal, las huellas serán surcos y de haberse seguido una noble trayectoria; de aquel surco sólo quedarán los espinos y guijarros del olvido o, como en el caso de Don Carlos Galindo, en cada recodo de sus sendas, florecerán los rosales del recuerdo, renovados siempre por la lluvia generosa de su ejemplo”.
“Y esos mismos rosales, serán para nosotros y para los que mantienen la fe en una humanidad mejor, como un mensaje de esperanza, porque pensamos que la decencia y el decoro seguirán dándose en nuestra tierra y de este modo, los espíritus escépticos podrán reconciliarse con el ideal de alcanzar una superación colectiva, por la acción individual de quienes, como el amigo a quien tanto apreciamos, hicieron de su vida una mística permanente del ejercicio de la bondad y del bien”.
“Al despedirlo con estas frases dichas con el corazón a flor de labios y que pretenden, sin lograrlo, traducir el inmenso pesar de la Cámara de Comercio y sus asociados, en este límite la materialidad de la muerte, invoquemos por su espíritu, al Supremo Hacedor, repitiendo la oración del evangelio cuando dice: “Señor, a él, que fue de tus elegidos, concédele a tu lado un lugar del refrigerio, de la luz y de la paz’”.























