No todo fue tristeza en la historia del torneo de selecciones de la región CUANDO BOLIVIA SABOREÓ LA MIEL
En contraste con lo que pasó en las últimas décadas, la selección nacional vivió momentos alegres en el fútbol de la Copa América. En 1963, hace ya 61 años, no solo el equipo, sino todo el pueblo boliviano explotó en júbilo con la campaña y el título logrado, el 31 de marzo en Cochabamba, en el entonces llamado Campeonato Sudamericano.
La final se jugó en el estadio Félix Capriles. Ese 31 de marzo cayó en domingo. En la fecha anterior, el jueves 28, en La Paz, Bolivia había conseguido un triunfo sufrido y esforzado frente a Argentina. Ganó 3-2 y el gol decisivo se convirtió en un pasaje que quedó para siempre en la retina de la prensa y el recuerdo.
Cuando el juego iba igualado 2-2, se presentó una ocasión propicia para Bolivia. El árbitro peruano Arturo Yamasaki cobró penal. Pateó Max Ramírez, el equipo le había dado esa confianza. Sin embargo, su remate fue rechazado por el arquero argentino Edgardo Andrada con sus pies. El balón se fue por un costado al córner. La desazón se apoderó de Ramírez y Wilfredo Camacho se le acercó para consolarlo y levantarle el ánimo.
Era el minuto 88. Fortunato Castillo fue el que inició la jugada que sorprendió a Argentina y que finalizó en el tercer gol. Le arrebató el balón con picardía a un pasapelotas y sacó el tiro de esquina desde la izquierda con rapidez.
Camacho recuerda que, mientras hablaba con Ramírez en el área, vio que el balón iba hacia él. “Es algo que no olvido nunca. Fortunato sacó el córner y la pelota me buscó. Yo salté y le pegué tan bien que se fue a una esquina. Creo que el arquero logró tocarla, pero no pudo desviar. Fue algo inolvidable”, recuerda emocionado el entonces capitán de aquel plantel.
Ese gol despertó aún más el entusiasmo de la gente. Más de 20 mil personas vieron ese partido y fue incontenible la euforia, porque cientos se metieron a la cancha del viejo estadio Hernando Siles y celebraron con los jugadores como si fuese una final.
MAREA HUMANA
La selección hizo maletas en La Paz y se fue a Cochabamba para jugar con Brasil el partido por el título. En el viejo aeropuerto Jorge Wilstermann, la gente se movilizó y le dio una tremenda bienvenida a los jugadores.
Miles de hinchas rodearon la terminal aérea y después de que la nave aterrizó, esta ya no pudo moverse porque la gente había ingresado a la pista. Ramiro Blacut recuerda que fue hasta peligroso porque las personas estaban eufóricas, corrían y no midieron las consecuencias.
“De pronto nos vimos rodeados de una multitud en el avión en plena pista. Por la parte de atrás del aeropuerto, la gente entró superando el alambrado y entonces todos querían ver al equipo. Fue tremendo, es algo que no olvido”, rememoró.
La final fue otro jolgorio. El estadio Capriles se vio abarrotado desde tempranas horas ese domingo. Más de 25 mil espectadores llenaron sus graderías, y en el palco estaba el presidente de la República, Víctor Paz Estenssoro, y su esposa, Teresa, quienes fueron dos hinchas más del equipo.
Bolivia ganó 5-4. Cuando el árbitro colombiano Ovidio Orrego dio el pitazo final, el campo de juego se inundó de gente. Los hinchas les quitaron sus prendas a los futbolistas y se las llevaron de recuerdo. La ‘vuelta olímpica’ fue multitudinaria.
La Paz no se quedó atrás. Les dio una bienvenida ruidosa y multitudinaria. Las calles se llenaron de gente y en todas las esquinas se escuchaba la cueca de Apolinar Camacho, Viva mi patria Bolivia… Se hizo un callejón humano para el traslado de las movilidades que llevaban a los campeones a la plaza Murillo, al Palacio de Gobierno.
Todo el país vibró con ese torneo y la copa ganada. Un recuerdo que hoy es solo eso.
En una época en la cual no habían todavía transmisiones de televisión, la radio jugó un papel importante para que la gente siga el Sudamericano en todo el país.
Mario “Cucho” Vargas (+) contaba que cuando retornaron de Cochabamba a La Paz después de la final, los pobladores los paraban en la ruta y les ofrecían comida y bebidas.
En Palacio de Gobierno, el presidente Víctor Paz Estenssoro recibió a los campeones, quienes salieron al balcón para saludar a una multitud que estaba en la plaza Murillo.