No repitamos la aritmética macabra de octubre negro
Los jóvenes que hoy le ponen el pecho a las imposturas del gobierno mediante ingeniosos memes y valientes marchas eran niños hace 15 años, cuando una aritmética macabra desalojó del poder a los antecesores de Evo Morales y el MAS.
Ante la arremetida de los movimientos sociales en las calles, algunos ministros y asesores del Presidente Gonzalo “Goni” Sánchez de Lozada le decían “Jefe, veinte o treinta muertos más y usted termina tranquilo su mandato.” Al mismo tiempo la dirigencia de los movimientos sociales lanzaba obreros y campesinos inocentes a enfrentar la represión gubernamental sin avisarles que su consigna era “veinte o treinta muertos más y el gringo se va para siempre.”
Esta aritmética macabra podría repetirse en las calles a partir del 21 de febrero de este año.
La versión de la policía ante la primera explosión de Oruro el sábado 10 de febrero fue que se trataba del mal manejo de una garrafa de gas. Esta versión probó ser falsa cuando se demostró que las garrafas de gas no se fragmentan en esquirlas como si fueran granadas de guerra. En esos momentos de incertidumbre el Presidente Evo Morales adelantó su criterio en sentido de que esa primera explosión pudo haber sido un atentado.
Luego vino la réplica macabra.
A pesar de haber cobrado ocho muertos y medio centenar de heridos, el efecto atemorizador de la primera explosión se diluyó con la versión de que fue un accidente de una garrafa mal manejada en un puesto callejero de comida. Personas interesadas en sembrar pánico en la población lanzaron un segundo atentado a pocos metros y a tres días del primero, esta vez con señales inconfundibles de explosivos que dejaron un saldo de cuatro muertos y casi diez heridos.
Hasta el envío de este artículo el gobierno mantuvo los detalles de la investigación en reserva. Lanzó conjeturas inverosímiles como la de un ajuste de cuentas por parte de cuatro sobrinos de la humilde vendedora de comida que murió en el primer atentado. Al mantener el suspenso aumentó el temor de la población a las reuniones callejeras. No sería sorprendente que sus portavoces adviertan a la población que no se arriesgue a salir a las calles el 21 de febrero por temor a este tipo de atentados.
Las plataformas ciudadanas que organizan el paro del 21 de febrero y piden NO+ son totalmente pacíficas. Un instructivo que circula en las redes sociales dice que si ese día los movimientos sociales o los agentes del gobierno los provocan de manera violenta, los y las manifestantes de las plataformas sociales se sentarán en el piso entrelazando sus brazos. En ningún caso responderán a la violencia con su propia violencia, así sea en defensa propia.
Los estrategas del gobierno actual tienen que resolver un dilema difícil. Si se producen muertos y heridos entre los manifestantes pacíficos, saben que aumentarán la resistencia al régimen de una manera incontenible. Eso sería cometer un suicidio político. Y si dejan que los manifestantes del 21 de febrero ganen las calles y paralicen el país, saben que esa bola de nieve puede obstaculizar gravemente su mal cálculo de imponer a la mala la re-postulación de Evo Morales.
Los manifestantes de las plataformas ciudadanas no pueden brindarse al juego de la violencia y del racismo. Así sea que los partidarios del régimen los provoquen hasta el límite de lo tolerable, tienen que apoyarse en la fuerza de la verdad y confiar en los resultados de la resistencia pacífica.
El autor es consultor
Columnas de WALTER GUEVARA ANAYA



















