Comprender la visión integral del manejo de cuencas
Tras meses de sequía, las esperadas lluvias en Cochabamba suelen llegar provocando inseguridad y temor a lo largo de las salidas de las cuencas que acompañan el recorrido de los valles Central y Bajo. Así, el recurso agua, vital para la subsistencia y el desarrollo se transforma en una amenaza afectando zonas cada vez más pobladas, generando destrozos y pérdidas de infraestructura pública y privada, peor aún, poniendo en riesgo la vida de la población.
Tras lo ocurrido recientemente en Tiquipaya, el concepto de manejo de cuencas ha vuelto a sonar como una sentida necesidad, al punto que el gobierno central anunció la creación de la Autoridad de Cuencas y la reactivación del Programa Manejo Integral de Cuencas, Promic.
Paradójicamente la cuenca Taquiña fue la cuenca piloto en la que el Promic desarrolló una exitosa metodología integral para replicarla posteriormente hacia otras cuencas de la región. Sin embargo, más allá de la dinámica propia de toda cuenca, cabe preguntarnos qué pudo pasar durante la última década para que una cuenca modelo se haya transformado en una verdadera amenaza.
El responsabilizar a los loteadores, a la venia de las autoridades para dar curso al cambio de uso de suelo y la ocupación urbana en zonas de riesgo, a los incendios y deforestación de la cuenca y otros factores, son apenas algunas de las aristas, ciertamente muy importantes, desde la complejidad del concepto del manejo integral de cuencas.
Un territorio mutifacético
Al norte de los valles Central y Bajo de Cochabamba se encuentra el Parque Nacional Tunari, cuya extensión supera en gran medida el sector boscoso que conocemos como tal. Se suele pensar también que, en su condición de parque nacional, su vocación es casi exclusivamente la forestal, cuando la dinámica de la zona es mucho más compleja.
Solo en el sector comprendido entre Sacaba y Vinto, existen 39 cuencas cuyas aguas superficiales llegan al río Rocha, como afluente principal.
Entendamos una cuenca como un territorio dentro de cuyos límites todas las aguas que caen en su superficie se dirigen hacia un cauce principal. Ese territorio, sin embargo, es rico y diverso, pues tiene distintos tipos de vegetación, fauna silvestre, animales domésticos, particulares formaciones geológicas, población que realiza actividades productivas y claro está, el recurso agua.
Por las características montañosas de nuestra región, una cuenca es también un territorio frágil, con fuertes pendientes y con dinámicas naturales propias y otras antrópicas (producido o modificado por la actividad humana) que requieren atención para estabilizar los suelos desde las partes altas, a través de medidas integrales que eviten, entre otros, los deslizamientos. Una mazamorra, es claramente producto de problemas serios al interior de una cuenca.
Acciones
Frente a un escenario complejo, las respuestas deben ser diversas e integrales, pues la intervención de emergencia podrá salvar el momento o minimizar los efectos temporalmente, sin embargo, la sostenibilidad requerirá de procesos de mediano y largo plazo.
Esto es trabajar bajo una metodología que contemple una etapa de diagnóstico técnico y participativo desde distintas disciplinas, una etapa de planificación, una etapa de intervención que puede durar algunos años dependiendo del tamaño de la cuenca, sus particularidades y estado, y un proceso permanente de monitoreo, acompañamiento y mantenimiento, vital para garantizar la sostenibilidad de las inversiones.
La visión integral permite incorporar soluciones complementarias a las distintas situaciones y problemáticas identificadas, desde la estabilización de laderas y taludes con diversas técnicas asociadas al repoblamiento vegetal; la construcción de diques de gavión para reducir la velocidad del agua, retener sedimentos a lo largo de la cuenca desde las partes altas y favorecer la infiltración; la promoción de la forestación con vegetación nativa; el impulso de la agricultura ecológica con técnicas como el cultivo en terrazas con todos los beneficios que ofrece; la incorporación de prácticas agroecológicas para evitar el uso de agroquímicos en los procesos productivos que contaminan el agua, entre otras.
Sin embargo, esta visión integral no se limita al trabajo al interior de una cuenca. Las principales tareas en las zonas bajas tienen que ver con la adecuada planificación del crecimiento urbano, por encima de cualquier intento de imposición de cambio de uso de suelo, la preservación de zonas de franjas de seguridad en función del tamaño, caudal y aporte de la cuenca, la preservación de los cursos naturales de los ríos y la limpieza de los cauces conocidos en las partes bajas como torrenteras, entre otros.
El conjunto de acciones realizadas en las partes altas y la preservación de estas zonas bajas no solo tienen un impacto en la reducción de riesgos, sino en otro aspecto vital para Cochabamba como es el incremento del nivel de agua subterránea y la preservación de zonas de recarga de acuíferos. Aquí cabe recordar que la principal fuente de agua para la región son las cuencas y de las medidas que se tomen dependerá su disponibilidad.
¿A quién le compete llevar adelante esta tarea?
El manejo integral de cuencas requiere de la participación de distintos actores sociales e institucionales. Ciertamente, es vital un programa enmarcado en un plan nacional que sustente el escenario y el marco normativo para la gestión de inversiones, así como las condiciones adecuadas para la institucionalidad, tanto de la instancia técnica y multidisciplinaria a cargo, como del marco que haga posible el asumir responsabilidades a los distintos actores involucrados, lo cual tiene que ver también con territorio, jurisdicción y competencia.
Un escenario de esta naturaleza contempla la participación del gobierno central, el gobierno departamental y los gobiernos municipales, además de la cooperación internacional y la población directamente involucrada, tanto al interior de las cuencas como en las áreas de influencia.
El manejo integral de cuencas, bajo el modelo desarrollado por lo que fue el Promic, es una necesidad y tiene un impacto directo no solo en términos de prevención de desastres, sino de desarrollo de la región.
La autora es comunicadora y fue parte del equipo PROMIC de 1996 a 2007
Columnas de GRISSEL BOLÍVAR VALLEJO





















