La fiesta del Ekeko
“Lleve su capital completo, mil dólares un boliviano”, proclaman los que venden billetes. Los que comercian otras materializaciones de sueños o deseos, son un poco menos numerosos y ofrecen lo suyo, también con menos alboroto. Claro, los billetitos: de dólares, euros, bolivianos o pesos chilenos aseguran la posibilidad de comprar lotes, casas, autos, provisiones… casi todo.
Casi, porque conseguir una pareja o un título universitario no depende directa o indirectamente sólo del dinero. Y para cumplir deseos como esos, existen también los instrumentos. El Ekeko es capaz de propiciar todo logro positivo, cualquier prosperidad material o realización afectiva, familiar, profesional, laboral… y otras más difíciles de clasificar, como esa simbolizada por un ¡Mandamiento de libertad!
La del Ekeko, es la fiesta de la abundancia. Abundancia de buenos deseos, de aspiraciones materiales o inmateriales, especialmente para uno mismo o para los allegados, para quienes se compra aquello que uno cree que les hace falta.
Opulencia de buenos sentimientos y de buenos propósitos… y de gente, muchísima gente que al final de la mañana del 24 de enero –lo más cerca posible del mediodía y mejor aún si es en ese preciso instante– acude a la feria de la abundancia para comprar el símbolo, en miniatura, de su deseo. O realizar el acto al que aspira: casarse, por ejemplo, ante notario de fe pública, de Alasitas, claro.
Y después de comprada la miniatura, se la sahúma, ahí mismo, pues cada vendedor está provisto de un brasero encendido y rebosante de humo aromático: de palo santo, copal, incienso…
Luego del sahumerio viene la bendición, ahí cerquita, en el atrio de la iglesia donde el sacerdote atiende la demanda de miles de devotos que se apretujan, se esfuerzan por acercarse al punto, con los brazos en alto, sosteniendo la promesa material de sus aspiraciones para que le llegue el agua bendita que el cura rocía, generosamente, con una escobita.
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“MAREMÁGNUM”
Es como una marea de gente, una riada. Frente al atrio del templo de San Antonio, en Cochabamba, la multitud se aglomera bajo el sol tórido del mediodía veraniego, respirando el abundante humo de los sahumerios, unos buscando lo que necesitan o comprando o esperando que el vendedor termine sus ritos propiciatorios, otros caminando hacia la iglesia con sus miniaturas: una, varias, muchas envueltas en un amarrito.
Tanta es la muchedumbre, que caminar es casi un logro, pero nadie se fastidia por eso.
Los buenos propósitos ahuyentan el enojo. Aunque hay las molestias inevitables, pues esta turba de gente risueña y soñadora es propicia para la ganancia de algunos, cuyas intenciones también –y a pesar suyo– favorece el Ekeko: son los ladrones. “Cuidado con sus pertenencias”, advierten los policías en medio de la multitud, su anuncio refleja una especie de impotencia ante la codicia sin escrúpulos, los robos que no pueden frenar y que están perpetrándose en esos mismos instantes.
Y las víctimas lamentan lo perdido, pero sin mayor drama. Como el fotógrafo que tomó estas imágenes y se quedó sin celular… por unas horas, pues pudo reemplazarlo pronto gracias a las facilidades de su telefónica.
Ahí está, cómo dudarlo, el Ekeko,el dios andino de la abundancia, es magnánimo e ilimitada su generosidad.
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GLOBALIZADA
La fiesta del Ekeko, Alasitas, es paceña de origen. Pero se la celebra en otras ciudades y no sólo en Bolivia.
Internacionalizada en su festejo Alasitas es también cosmopolita. Así, las novedades de este año incluyen los chanchitos. Puerquitos de variados tamaños y colores están ahí porque 2019 es el año del cerdo en el horóscopo chino.



























