El rol del padre en los futuros amores de su hija
Para muchas familias, la madre es la principal figura en el hogar y de ella depende el futuro de sus hijos. ¿Dónde queda el rol cultural y social del padre? A vísperas de celebrar el 19 de marzo, es lógico replantearse la importancia de la figura paterna que sin duda ha evolucionado con el tiempo. El rol del papá es también muy importante para sus descendientes y tiene un componente especial en las niñas. ¿O no?
El psicólogo Germán Burgoa explica que los roles del padre y la madre son constitutivos de la estructura de personalidad de los hijos, la misma se forma entre los 0 y los 18 años de edad.
El experto destaca que la presencia cotidiana del padre y su relación directa con su hijo le permite a éste crear una imagen paterna con cualidades positivas y negativas.
Indica que esta imagen paterna (que se establece y se construye a través de la relación cotidiana) se suma a la función paterna, que tiene que ver básicamente con todo un sistema de normas, reglas y hábitos que el padre enseña a su hijo, según el criterio de edad. “Es muy importante que el niño tenga una imagen positiva; es decir, un padre que sepa equilibrar entre lo afectivo y lo normativo”, dice.
La psicóloga clínica Lorene Congrains expone que la teoría psicoanalítica ha dicho muchísimo en relación al padre. Remarca que la paternidad, “el padre”, no necesariamente es el progenitor, no se trata de la persona en cuestión, sino de la función que cumple. La experta añade que el padre es quien introduce la prohibición y un orden. Es decir, permite que el niño o niña forme parte de la sociedad, que tenga deseos, identificaciones y una posición en la vida.
Burgoa especifica que la imagen paterna en la vida de la niña funciona como un referente masculino y figura de autoridad. “Cuando el padre está presente, le proporciona a la niña la capacidad de adaptarse al medio y establecer relaciones adecuadas consigo misma y con las personas”, añade. Destaca también que esta proyección de la ley paterna ordena la vida, pone límites y marca las pautas de relacionamiento y adaptación social.
El psicólogo hace hincapié en que el rol del padre actual no sólo es el de ser proveedor, sino que está involucrado en el cuidado y educación de los hijos. Es decir, debería cambiar pañales, ayudar a los hijos con las tareas y hacer los quehaceres de la casa, además de trabajar. “Esto enseña a la niña que el hombre cumple una función que no sólo es la de proveer, sino también una afectiva, de empatía y relacionamiento positivo”, apunta.
¿QUÉ PASA SI LA FIGURA DEL PADRE NO ESTÁ PRESENTE?
Burgoa expone que muchas niñas que crecen sin un modelo paterno masculino positivo son susceptibles a establecer relaciones negativas con su pareja o, por el contrario, van a enfrentarse a la figura masculina porque han perdido la capacidad de generar afecto positivo. También puede provocar que, a muy temprana edad, busquen este referente y establezcan relaciones precoces y de dependencia hacia su pareja; en resumen, vínculos patológicos.
El psicólogo explica que a los cinco años de edad, la figura, la presencia y la imagen paterna son muy importantes para la identificación personal y sexual. Una falla en esta etapa podría provocar algún tipo de problema en cuanto al objeto o al fin sexual en la niña, marcandosus futuras relaciones. Igual subraya como importante la imagen de la madre para ello. “Generalmente, buscamos un referente que se parezca mucho al padre o la madre a la hora de escoger pareja”, dice.
Por su parte, Congrains resalta que crecer con un padre ausente -ya sea porque no lo conocieron, falleció o porque jamás formó parte de la vida de la madre y del niño o niña- no implica necesariamente que la función paterna no se haya dado. “Más que la ausencia o presencia del padre, se trata de cómo fue transmitida esa función. Muchas veces el abuelo, el tío o algún profesor es el referente de figura paterna de la niña”, acota. Detalla que también la madre, a través de sus palabras, puede hacerlo existir, diciéndole por ejemplo: “tienes el mismo carácter que tu padre” o “tu padre siempre quiso que seas deportista” o lo contrario: “tu padre jamás se preocupó por ti”. “En la consulta diaria escucho a muchas personas cuyo padre jamás estuvo. Sin embargo, la ausencia o presencia no es determinante, más bien se trata de lo que el sujeto construye a partir de sus vivencias”, enfatiza.
PADRE MALTRATADOR: HIJA, ¿FUTURA MUJER MALTRATADA?
Tradicionalmente, se ha establecido que las niñas que vivieron maltratos en su infancia son propensas a sufrirlos también siendo adultas. ¿Qué dicen los expertos consultados sobre ello? Burgoa dice que si el padre es ausente o agresivo, puede determinar en un futuro de la niña una actitud de rechazo al género masculino, una relación de identificación con el agresor y/o una dependencia hacia la figura masculina.
“Muchas mujeres que han vivido violencia desde la infancia están muy acostumbradas a este modelo. Son vulnerables al abuso”, añade y subraya que el círculo de violencia se perpetúa, ya que buscan modelos que se parezcan. Ejemplifica que en casos de feminicidio, por ejemplo, existen dos actores principales: el feminicida y la persona que soporta la violencia, esta última tiene una estructura de personalidad muy debilitada y es incapaz de percibir señales de alerta y de poder romper el vínculo con esta persona violenta. “Encontramos un historial de violencia antiguo que dura años, en los que a la mujer le cuesta salir”, agrega.
El experto manifiesta que lo mismo ocurre con mujeres que ejercen violencia sobre el hombre. Explica ello como un intento de rechazar un modelo negativo con el que han vivido, al cual se oponen y por supuesto no las ha ayudado a estructurar adecuadamente su personalidad. “La madre y el padre cumplen el rol de modelos a los cuales los hijos se sujetan o rigen para establecer relaciones futuras”, reitera.
Congrains persiste en que no se puede hablar de una relación causa y efecto. Sin embargo, afirma que en la existencia de la mujer la relación con su padre genera ciertos efectos en muchos aspectos, no sólo en la relación de pareja. “Sobre todo tiene consecuencias en relación al deseo, a las identificaciones y a la brújula que le permite conducirse en la vida”, dice.
Resalta también que todas las personas, por más adversas que hayan sido las condiciones de su crianza, tienen la opción de elegir, aunque no sean decisiones conscientes. “En la práctica clínica escucho a mujeres que se criaron en hogares sin violencia y resulta que su elección de parejas suelen ser hombres violentos. Como también escucho a mujeres que se criaron en entornos totalmente violentos y que están casadas con hombres que jamás les harían daño”, cuenta.
Tomando en cuenta el contexto actual, Burgoa destaca que estamos en una etapa de transición de un pensamiento machista a un extremo feminista que descalifica al hombre. El experto guarda esperanza en que ello lleve a un futuro equilibrio entre el hombre y la mujer, en el que ya no haya diferencias abismales. “Ello va a depender de cómo se establezcan los vínculos de pareja y de cómo el papá puede proyectar esa imagen de equidad de género para que sus hijas no lleguen al extremo del feminismo recalcitrante o del machismo”, afirma. Recuerda que la generación machista ha sido provocada por las propias madres que, por ejemplo, no permitían que sus hijos varones realicen quehaceres en casa.
También destaca que las niñas del nuevo milenio piensan a futuro en realizarse, en su profesión, en crecer o en viajar para luego establecerse en pareja. No como antes, que se pensaba que su principal objetivo era el matrimonio. Esta generación abre un mundo de posibilidades y elecciones que es importante que las mujeres sientan que tienen.



























