¿Aprovechará Bolivia la era de los metales estratégicos?
Hay quienes dicen que vivimos un cambio de era sólo similar al que se desató hace más o menos 100 años. Entonces, el mundo ingresó en la era de los combustibles fósiles. Otros comparan el momento con los cambios que se desataron luego de las dos guerras mundiales. Lo cierto es que entre pandemia y guerra en Ucrania hay una conmoción económica cuyo eje son ciertos recursos que cotizan cada día más alto. Y según más de una voz autorizada, Bolivia cuenta con esos recursos.
La pandemia disparó el uso de los instrumentos tecnológicos del siglo XXI en la sociedad humana. La fabricación de pantallas, micro y nanocircuitos, sofisticados sistemas electromagnéticos, etc. demanda como nunca antes los singulares metales llamados estratégicos o críticos. La guerra en el este de Europa ha desatado la enésima crisis de los combustibles fósiles agravada por el problema de la contaminación mundial. Por ello, el otro gran salto es la construcción de fuentes y sistemas alternativos de energía. Y ahí también hacen falta los mentados metales.
Algunos de ellos resultan ultraconocidos para los bolivianos, de otros, en cambio, no se sabía ni su nombre. Pero valen tanto como su uso, y bien que se los usa en determinadas combinaciones. Es el caso, por ejemplo, de la combinación de dos metales abundantes en el país: el estaño y el indio. Con estaño e indio se fabrica óxido de indio y estaño, más conocido como ITO (por sus siglas en inglés: Indium Tin Oxide).
Exportamos gratis
Muy probablemente, en este momento, estas letras estén siendo leídas en ITO. “La principal característica del ITO es que forma películas finas y transparentes en las pantallas de cristal líquido —dice el investigador Justo Zapata Quiroz—. Estas pueden ser LCD (sigla en inglés: Liquid Crystal Display) o pantallas de cristal líquido. Con el ITO se pueden hacer las famosas pantallas táctiles que, como sabemos, permiten el manejo de una infinidad de dispositivos hoy. Ahí tenemos computadoras, cajeros automáticos, teléfonos celulares…”.
Sobra decir que Bolivia desde hace más de un siglo se destaca internacionalmente por ser productora de estaño. Pero quizás no sobre señalar las proyecciones que la consultora inglesa de inteligencia aplicada a los negocios CRU tiene para el mercado del estaño. CRU prevé un retorno boliviano al podio mundial. En crecimiento paulatino en 2022 se ubica como quinto productor de estaño, con 14 mil toneladas métricas (TM) anuales. Para 2035 se pronostica que le disputará el tercer lugar a Malasia, con más de 19.000 TM producidas.
“Somos uno de los pocos países que cuentan con mucho estaño —remarca Zapata—. En cuanto al indio, la cordillera oriental cuenta con abundantes depósitos de este metal considerado raro. Bolivia, actualmente, es el segundo o tercer productor mundial de indio del planeta, sólo después de China. El problema es que no lo sabemos”.
En efecto, según el Servicio Geológico de los Estados Unidos, si se clasifica por fuente de origen, Bolivia es el tercer proveedor mundial de indio. Hasta 2012, nuestro país aportaba el 12 por ciento de este metal a los mercados mundiales, alrededor de 234 toneladas métricas. El segundo proveedor era Perú, con el 28 por ciento, 564 TM; y el primero era China con el 50 por ciento de las provisiones equivalentes a 1.000 TM. Esos porcentajes no cambiaron significativamente en años recientes por una simple razón: el indio se encuentra asociado especialmente al zinc.
En otras palabras, el Estado boliviano y las empresas privadas venden zinc en bruto y mandan como yapa el indio. Paradójicamente, el zinc fue y es producido por las minas más emblemáticas del país. Las grandes transnacionales asentadas en Bolivia se dedican a exportar zinc en bruto. Porco, Bolívar, San Cristóbal, Colquiri, etc., producen concentrados de zinc. Quién sabe qué decisiones hayan tomado los ejecutivos de la Sumitomo, Glencore o antes los hermanos Sánchez de Lozada sobre el indio, pero básicamente se exporta zinc.
Denuncias no atendidas
La denuncia en relación al indio ha sido reiterativa. En 2017, la investigadora Adriana Zapata Rosso hizo una detallada investigación sobre el indio para el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA). Allí señala que el Gobierno boliviano ya sabía en 2007 que el indio se escapaba furtivamente del país con los concentrados de zinc.
No se hizo nada al respecto. Hay más, en enero de 2021 la revista belga Noticias Mundiales (MO) publicó un reportaje donde revela el tráfico de indio boliviano en ese país. La publicación describe un trabajo elaborado por los investigadores Silke Ronsse (geóloga) y Alberto Vázquez (maestría en Estudios de Conflictos y Desarrollo) para la ONG Gante Catapa. Ambos cubrieron toda la ruta entre las minas bolivianas de zinc y el puerto belga de Amberes. Y descubrieron que empresas como Nyrstar y Umicore separan el indio del zinc boliviano.
Sin embargo, así como en anteriores denuncias, ninguna autoridad tomó mayor iniciativa en relación con las “exportaciones” gratuitas bolivianas de indio. El investigador, doctor PHD en química Justo Zapata ha hecho cálculos sobre las pérdidas que ese descuido le causa al país. “Sólo en 2014 se perdió cerca de 140 millones de dólares, es casi tan caro como la plata”, señala. Quién sabe cuánto más se pueda perder en el marco de la nueva era de los metales estratégicos a lo acumulado ya en más de 15 años.
Negocios raros
Pero el estaño y el indio (que también son utilizados para fabricar paneles solares y lámparas LED) no son los únicos metales críticos bolivianos. Otro componente clave en las pantallas de los dispositivos, que usa masivamente hoy la sociedad y marcan el cambio tecnológico, son las llamadas “tierras raras”. Utilizadas, además, para motores híbridos, discos duros, turbinas eólicas, micrófonos, altavoces, circuitos magnéticos, dispositivos laser, superaleaciones y desarrollo de energía nuclear, entre otras aplicaciones.
Lo singular de estos elementos metálicos, que en conjunto suman 15, es que los mayores depósitos se hallan en China, Vietnam, Rusia, India y Brasil. Es decir, en la nueva pugna global entre EEUU y Europa occidental frente a China y Rusia dicho recurso marca un desbalance notable. Pero, además, según datos del Servicio Geológico de EEUU, la reserva china es de lejos la mayor del planeta. China tiene 44 millones de toneladas de reservas, casi el 37 por ciento del total mundial. Produce 140.000 toneladas anuales, casi 60 por ciento del total planetario.
Por esas y otras razones, el valor de las tierras raras, en el salto que actualmente vive el mundo, probablemente suba a cotizaciones récord. Y en Bolivia existen yacimientos de tierras raras. “Hace más de 10 años, China decidió cerrar la exportación de tierras raras al resto del mundo —explica el ingeniero metalúrgico Héctor Córdova—. Intentaba monopolizar el mercado. En ese momento varios países se lanzaron a buscar tierras raras en el resto del mundo. Llegaron a Bolivia coreanos y japoneses e hicieron algunos análisis sobre desmontes antiguos de minas de Comibol. Al parecer hallaron esos elementos”.
Córdova, tal cual han citado otros investigadores, añade que también se ha advertido un importante potencial en la zona del precámbrico, Santa Cruz. En específico, Córdova como también Bety Tejada citan el caso del Rincón del Tigre, donde además se confirmó la existencia de varios otros minerales críticos. Tres empresas transnacionales exploraron aquella zona: la canadiense Orvana, la brasileña Vorovatim y la inglesa Gosobyc.
Sin embargo, que se sepa, las autoridades estatales no han impulsado ningún otro trabajo que amplíe las perspectivas de explotar este recurso. Eso sí, el caso ya desató un sonado escándalo no resuelto del todo. En mayo de 2021, la publicación Siglo XXI, basada en datos de la unidad de inteligencia del semanario inglés The Economist, denunció un negociado con tierras raras. Aseguró que el Gobierno boliviano firmó un acuerdo de intercambio de vacunas rusas Sputnik por reservas de tierras raras con su par ruso.
Días más tarde, el viceministro de Comercio Exterior, Benjamín Blanco, señaló a los medios: “No hay ninguna otra compensación, es una relación de alto nivel, estratégica, que trasciende más allá de las vacunas, pero no tenemos ese condicionamiento (tierras raras)”. La autoridad añadió que el Gobierno boliviano pidió a su par ruso que revele los detalles del contrato sobre las vacunas, antes del plazo acordado de tres años “para despejar las dudas y especulaciones que han surgido”. Sin embargo, no citó en absoluto al semanario inglés ni menos cuestionó a su conocida unidad de inteligencia.
Evaluaciones recientes de la Agencia Internacional de Energía (AIE) señalan una lista de 17 metales críticos entre los que seis tienen una máxima importancia. La mayoría de los 17 y cuatro de los seis han sido hallados en Bolivia. Son explotados solamente tres y el intento de hacerlo con un cuarto es hasta hoy uno de los mayores fracasos de la historia económica boliviana.
Un elefante muy blanco
En efecto, otro de los metales que marca el boom de la transición mundial del presente tiene demasiada fama, pero poca suerte en Bolivia. Se trata de el litio. “Con el creciente cambio hacia el auto eléctrico varios metales han disparado sus cotizaciones y demanda —explica Justo Zapata—. Pero entre esos metales la demanda que más ha aumentado es la de litio, bordea casi el 3.000 por ciento de incremento. Luego están el cobalto, con casi 2.000 por ciento; las tierras raras, con 655 por ciento; el grafito, con 524 por ciento, y el níquel con 105 por ciento”.
Un hecho altamente llamativo afecta al país en relación con la explotación del recurso asentado en los salares: tras un proyecto que significó una inversión de casi 1.000 millones de dólares, Bolivia no exporta prácticamente nada al mercado mundial del litio. Una evaluación de The Economist señala que el país contaba en 2021 con las mayores reservas de litio del planeta con casi 21 millones de toneladas. Al mismo tiempo, el estudio proyectó que hacia 2025 Chile producirá 150.000 toneladas de carbonato de litio; Argentina, 100 mil toneladas, y Bolivia entre 20 y 25 toneladas. Sí, sólo 20 o 25, cuatro mil veces menos.
El caso constituye uno de los más denunciados en los últimos años. Cuando en 2011 el gobierno de Evo Morales lanzó el proyecto de producción del carbonato de litio (materia fundamental para las célebres baterías) anunció: “Bolivia, a partir de 2013, empezará a producir en escala industrial carbonato de litio, cloruro de potasio, sulfato de potasio, ácido bórico y sulfato de magnesio. Por la comercialización de estos recursos evaporíticos se prevé que la facturación alcance la suma de 500 millones de dólares anuales”. En la actualidad, el único recurso que se exporta significativamente de los salares es la ulexita, por un monto de 29 millones de dólares.
La actual crisis que suma los 17 metales críticos o estratégicos por los que se agitan los mercados y se mueven los intereses geopolíticos está en curso. Junto a los ya analizados, Bolivia también cuenta con varios otros como el cobalto, cobre y níquel. Del primero, según Córdova, existen dos minas, San Luis y Walter, en Potosí que pertenecen a Comibol. Pero no hay mayores planes de explotación.
En lo referido al cobre, en 2009 una empresa coreana, Kores, anunció que había descubierto un “megayacimiento” de cobre en el oeste de La Paz. Se adelantó también que se podría empezar a explotar dicho recurso desde 2012. Pero en 2015, Kores y el Gobierno boliviano rompieron un acuerdo de riesgo compartido. El presunto “megayacimiento” no te toca desde entonces.
Hay incluso más
“Bolivia es muy pero muy rica en recursos —dice el ingeniero en geosistemas Marco Montoya Rivera—. Cuando estudiaba en EEUU, escuché decir que Bolivia es una mesa de oro con patas de plata. Hay tantos recursos estratégicos que los ubicamos con los satélites y se confirma en la exploración en el sitio”.
Montoya cita, por ejemplo, que en cierta ocasión un grupo de expertos argentinos de la Mina Aguilar vino a evaluar unos yacimientos en Tarija. Recuerda la admiración que los minerales hallados despertaron en los visitantes. Y destaca uno en especial: el cesio.
“Normalmente se encuentra entre 7 gramos por tonelada, en el caso de la mina de Tarija, esta concentración alcanzó un promedio de 120 gramos por tonelada —remarca—. Dejaron a la mina a la espera de poder conseguir tecnología para la explotación de este metal tan raro en la naturaleza y con un alto costo en los mercados internacionales. Cada gramo de cesio refinado, tiene un costo de 200 dólares”.
El cesio igualmente se usa en diferentes áreas, desde los relojes atómicos hasta tratamientos médicos sofisticados. Se suma a la lista de los metales que marcarán la historia mundial del siglo XXI tras la actual transición. Vaya uno a saber qué historia tendrá en Bolivia.




























