Escalada el reto de vencerse
Pegado a la roca, a 10 metros del suelo, el vértigo amenaza, parece que no hay cómo seguir subiendo y sólo queda darse por vencido, soltarse y dejarse caer, sujetado por la cuerda.
“¿Qué hago?”, pregunto al guía que me cuida, desde abajo, unido a mí por la misma cuerda. “Subes”, responde animado y sin asomo de duda. Y la rendijita ansiada aparece debajo de las yemas de mis dedos que se pegan a ella y me animo a subir mi pierna derecha, buscando un apoyo para mi pie, calzado con unas zapatillas especiales que se adhieren a la superficie vertical.
Y ahí está la ranura en la que tomo apoyo para enderezarme, estirarme, soltar mi mano de ese canalito al que se aferra y lanzar mi brazo allá arriba, donde sobresale una roca que no alcanzo… en el primer intento, pero sí en el segundo. Y escalo, un par de metros, pegado a la roca, sujetado en cuatro puntos diminutos. Respiro profundo y una calma mágica me invade, una especie de apego afectivo al frío muro que deja de ser un desafío y se vuelve amistoso, por instantes. Sólo unos segundos mientras mis dedos buscan otra saliente de la cual asirme, la hallo y luego busco dónde apoyar mi pie, para repetir el gesto que me aleja del suelo, me acerca a la cima. Y alcanzo esa cima y, al mismo tiempo, la plenitud de vencer el temor que impone la altura de esa áspera superficie que asciende, desafiándome a escalarla.
RIESGO Y DESAFÍO
La escalada deportiva puede ser riesgosa en su versión solo integral, sin cuerdas ni otro equipo, pero la que se practica en Cochabamba está lejos de ese extremo. “El riesgo es mínimo y nunca nos ha ocurrido un accidente”, afirma Erick Weichert, propietario e instructor de El Muro, el gimnasio de escalada deportiva ubicado en la avenida Costanera, en el complejo deportivo del Club Olympic.
Weichert, ingeniero informático de profesión, aprendió a escalar y se enamoró de esta práctica deportiva en Nueva Zelanda, donde vivió una década. Para él, como para cualquier escalador, la escalada es un desafío, y lo fue desde un principio. “Una amiga me invitó a escalar, allí en Nueva Zelanda”, cuenta. “La primera vez fue un fracaso, no pude hacer nada, me caía todo el tiempo. Entonces me dije que tenía que aprender, y me inscribí a un gimnasio. Desde entonces no dejo de escalar”, dice sonriendo.
“Es como una adicción”, comenta Bernardo Leoni, estudiante de Ingeniería Comercial, escalador desde hace más de tres años y asiduo de El Muro.
Diana Andrade también entrena en El Muro y tampoco menciona el riesgo. Para esta joven médica, la escalada es un asunto integral. “Al principio parece difícil, pero luego es cuestión de superación personal. Cada vez que escalas te superas un poco, vas mejorando día a día. Es tanto físico como mental. Todo está en la cabeza”.
“Me gusta especialmente la adrenalina que hay acá, cómo te vas retando, cómo vas mejorando tu estado físico y tu actitud mental. Es una superación personal permanente”, asegura.
ENTRENAMIENTO
“La escalada es una práctica deportiva que, en su modalidad clásica, consiste en subir o recorrer paredes de roca, laderas escarpadas u otros relieves naturales caracterizados por su verticalidad, empleando medios de sujeción recuperables en casi su totalidad”, explica la página web de la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada. En términos más simples, escalar es ascender por una pared —vertical o inclinada, en cualquier dirección— usando sólo las manos, los pies, las hendiduras y salientes y aplicando técnicas que tienen que ver con la coordinación de movimientos y la flexibilidad. Es una práctica que exige más concentración y técnica, que fuerza muscular. La habilidad para trepar está impresa en nuestra memoria genética, desde aquellos muy lejanos tiempos cuando la vida dependía de cuán rápido y alto podíamos huir de los depredadores.
Aunque la escalada en roca significa también un contacto directo con la naturaleza y el disfrute del paisaje, es posible realizarla en la ciudad: en paredes equipadas para ello y en gimnasios de sitios de altura reducida, denominados “boulders” —como Gecko Boulders & Adventure, ubicado en la calle Juan Huallparimachi, cerca de la plazuela de Cala Cala—, donde se entrenan las técnicas de agarre sin necesidad de equipamiento, aparte de las zapatillas especiales, casi enteramente de goma, que permiten apoyar el pie con relativa firmeza en salientes o cavidades muy reducidos.
Las caídas en un “boulder” son inocuas, pues el suelo está cubierto de una colchoneta suficientemente gruesa. En las paredes de entrenamiento —como el muro de la Costanera, que alcanza 10 metros de alto— las caídas traumáticas, hasta llegar al suelo, no existen. Y eso porque nadie escala sin la asistencia adecuada ni el imprescindible equipo.
EQUIPO
Cuerda dinámica, freno, mosquetones, cintas, chapas, arnés, casco zapatillas y polvo de magnesio, para secar el sudor de las manos, aseguran una escalada sin riesgos y con la emoción asegurada. Uno de los cabos de la cuerda se asegura al arnés que sujeta al escalador por las caderas y los muslos; esa cuerda pasa por unos anillos fijados a la roca por pernos expansibles. Así, la cuerda parte del arnés del que va a subir, llega al extremo superior del muro y vuelve a bajar para sujetarse al arnés del que asiste al escalador desde el suelo, soltando o tesando la cuerda y listo para sujetar al otro, con su propio peso, colgado en el vacío, si es necesario.
NATURALEZA
Cada año, se realizan encuentros de escaladores nacionales e internacionalesque duran varios días: uno en Potosí, en mayo, y otro en Ayo Ayo, La Paz, al comienzo de la primavera.
Y todos los días del año, en Cochabamba, hay varios sitios, más o menos próximos a la ciudad, donde escalar en la roca viva. El más cercano es una cantera abandonada, vecina a la capilla del señor de Bombori, en la orilla sur de la Angostura, camino a Tarata. Existe otro al norte de la población de Sipe Sipe, a media hora de camino en vehículo.
El lugar más espectacular en Cochabamba está en los impresionantes farallones que rodean la laguna Taquiña, en la cima de la cordillera del Tunari, a 4.150 metros sobre el nivel del mar y una hora y 45 minutos de viaje en vehículo. Es un escenario impresionante para escalar. En el lugar existen una docena de opciones, de diversa dificultad, para escalar. Rutas les llaman los escaladores a esos caminos verticales de chapas fijadas a la roca a intervalos de unos dos metros o poco más.
Sobrecogedora vista desde la cima del farallón aquel. El paisaje, grandioso, ahonda la emoción de la camaradería con los otros, apasionados de la escalada, del desafío a uno mismo para vencer el vértigo.
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