Guardianes silenciosos: De árboles, bosques y ambiente
En el medio de la ciudad de Cochabamba, en la plaza de las Banderas, hay dos altos cipreses. Verdes y lustrosos, los dos árboles forman ya parte del imaginario de la ciudad. Nadie los mira directamente o les presta mucha atención, pero todos sabemos que están ahí. En la avenida Ecológica, a la altura del colegio Tiquipaya, los viejos eucaliptos del patio central forman un largo pasillo de sombras y colores, una postal perfecta del valle cochabambino. Subiendo hacia el Tunari, nos encontramos a cada paso con bellos y fuertes molles, con sus ramas bailando en la suave brisa valluna, guiándonos por los caminos empinados de nuestra montaña. Y, en la plaza 14 de Septiembre, en los meses de primavera, los jacarandás se visten de morado y blanco, decorando la ciudad con su encanto.
Si todavía existe una Ciudad Jardín, es gracias a que estos silenciosos ciudadanos todavía nos acompañan.
Cada árbol representa un espacio de verdor, paz y belleza para la ciudad. A su sombra, encontramos refugio y descanso en días de calor o lluvia. Los árboles de las aceras permiten que la ciudad sea caminable, que podamos pasear por nuestras calles y esto sea una experiencia agradable. Los árboles forman parte intrínseca de la esencia cochabambina y es momento de que la ciudad lo recuerde.
Por supuesto, la necesidad de protección de nuestros árboles no es meramente un tema estético o identitario. Como una urbe encerrada entre montañas, con mucha tendencia a la concentración de gases en el ambiente, Cochabamba se beneficia enormemente de la presencia de árboles en la ciudad. Su calidad de valle permite el crecimiento de muchísimas especies arbóreas, desde palmeras hasta molles, pasando por pinos, gomeros y eucaliptos, pero es la mentalidad urbanística la que empieza a ver a nuestros silenciosos compañeros como un perjuicio para la vida de la ciudad.
Reemplazamos parques por estacionamientos, plazuelas verdes por monumentos de cemento. Quitamos árboles centenarios de la ciudad porque “levantan las baldosas”. Cortamos los tiernos retoños plantados por algún colegio de buena intención para hacer espacio a las graderías en cualquier evento. Convertimos las aceras en parajes desérticos, donde caminar se hace un suplicio por la falta de sombra, de brisa, de vegetación.
Y aún así, en cada resquicio del pavimento, Cochabamba lanza tímidos brotes verdes, peleando contra la falta de verdor de la ciudad.
Para Una Gran Nación, la riqueza en bosques y árboles de Bolivia es uno de los tesoros más infravalorados de todos los que tenemos en el país. Según la Cámara Forestal, un 48% de la superficie nacional está cubierta de bosques, haciendo que casi la mitad del territorio pertenezca a esta clasificación ecológica, con más de 2000 tipos distintos de especies arbóreas presentes.
¿Qué se compara a los altos y orgullosos bosques chiquitanos? Que año tras año soportan incendios y tragedias y aún así, crecen y se expanden. ¿Qué es más hermoso que los verdes pinos de las faldas del Tunari, cubiertos de niebla y misterio? ¿Existe algo más arrebatador que los bosques húmedos del Oriente, vibrantes de vida y llenos de diversidad? Estos ecosistemas no son solo una belleza única, sino que son el hogar de innumerables especies que dependen enteramente de la supervivencia de su ambiente. Así, nuestros bosques se convierten en los guardianes silenciosos de nuestra riqueza natural.
Entre sus troncos, los caminos nos llevan a descubrir las maravillas bolivianas, escondidas en el corazón boscoso del país. En los anillos de su madera, encontramos escrita nuestra historia natural, ambiental y geográfica. En sus hojas y flores, vemos la máxima expresión de belleza del país. Y en su presencia, en su orgullo, en su altura y magnificencia, encontramos nuestra propia identidad y cultura.
Los árboles recuerdan, son sabios, amables y benignos. Es momento de que nosotros aprendamos de ellos y empecemos a tratarlos como se merecen, como el tesoro más grande de nuestra Gran Nación.
MAJESTUOSO
- ¿Qué es más hermoso que los verdes pinos de las faldas del Tunari, cubiertos de niebla y misterio? ¿Existe algo más arrebatador que los bosques húmedos del Oriente, vibrantes de vida y llenos de diversidad? Estos ecosistemas no son solo una belleza única, sino que son el hogar de innumerables especies que dependen enteramente de la supervivencia de su ambiente.

























