En Cochabamba, la lluvia es mucho más que un fenómeno meteorológico; es parte de una danza climática que revela la diversidad regional. La precipitación media anual varía entre 5.000 milímetros en las zonas tropicales más húmedas y menos de 500 milímetros en las alturas de la cordillera y los valles mesotérmicos, generando microclimas únicos. Sin embargo, el cambio climático acrecienta su variabilidad, tornando las lluvias más impredecibles en términos de frecuencia e intensidad y dando lugar a periodos alternantes de sequía e inundaciones.
Desde los océanos que rodean al continente y desde la cumbre de las más altas montañas, el agua ha construido rutas interminables por donde viaja, rauda, hacia donde necesita estar. Como consecuencia, los ríos, lagos y demás formaciones hidrográficas han creado a su alrededor algunos de los paisajes más icónicos, hermosos y espectaculares que nuestro país contiene.
La falta de agua “continúa siendo uno de los principales motivos de preocupación para muchas naciones, especialmente en África. Más de 2 mil millones de personas viven en países que padecen estrés hídrico y carecen de suministro de agua potable y servicios de saneamiento”, dijo el director de la OMM, Petteri Taalas.
En los registros mundiales, Bolivia ocupa ubicaciones privilegiadas en cuanto a la disponibilidad del considerado recurso estratégico más valioso del siglo XXI: el agua dulce.