Muchas personas sienten fascinación, pasión e incluso obsesión por los atardeceres, y a esta admiración estética y emocional por el ocaso se le han asignado denominaciones informales, de dudosa etimología, no reconocidas por los diccionarios y terminadas con el sufijo “filia” (afición, simpatía o amor a algo) como opacarofilia, ocasofilia, surupofilia o licofofilia.
Herminio Pedraza llegó al mundo en Santa Cruz de la Sierra el 15 de noviembre de 1935, poco después de que la Guerra del Chaco hubiese terminado. Nadie podía augurar en aquellos días que Pedraza sería un capítulo aparte en la historia de la vibración de los colores en la pintura boliviana. Lenta y continua experimentación pictórica. Investigación del secreto de los colores, las texturas y sus vibraciones. Todo ello fue Pedraza. El representante de una línea pictórica que en la historia del arte boliviano sólo ha tenido un miembro hasta la fecha: él mismo.