El clandestino negocio de la venta de huesos

02/07/2018
La venta de restos óseos, el silencioso negocio continúa inmerso en las carreras de medicina de Cochabamba, pese a las prohibiciones de las universidades.

José Romero

Christian Burgos

Jessica Vargas

El Código Penal no sanciona la profanación de tumbas como tal.

La madrugada del 6 de diciembre de 2017, Ernesto Valencia, dirigente de la localidad de Melga, recibió una llamada que lo alarmó inmediatamente. Otra vez habían profanado tumbas del cementerio de esa comunidad. 

Presuroso, se dirigió al camposanto donde se encontraban reunidos pobladores y policías. Esta vez habían atrapado a los ladrones. Ante la indignación y la zozobra, el dirigente comunal se dirigió a oficinas de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc) de Sacaba para sentar por primera vez una denuncia penal por el saqueo que ya sufrió en reiteradas ocasiones ese cementerio.

“No es primera vez que ocurre estos robos, sino más al contario debe ser la cuarta vez que se roban restos humanos”, dijo a los investigadores del Ministerio Público. El representante comunario explicó  a los fiscales que a Melga llegan personas que tienen la “maña” de profanar las tumbas para sustraer los restos humanos. 

Los detenidos eran Moisés Castillo y  José Luis Paina, quienes fueron acusados por el delito de robo agravado, ya que el Código Penal no sanciona la profanación de tumbas como tal. Los informes revelaron que los dos sujetos se encontraban trasladando cuatro saquillos llenos de restos óseos.

 

La venta de huesos, se caracteriza por ser un negocio sigiloso y remunerado.

De acuerdo al relato de los pobladores y las autoridades, tres sujetos habían ingresado la noche anterior al cementerio a través de un constado del muro que se encuentra deteriorado. Abrieron varios ataúdes y apilarnos los huesos en sacos para luego llevarlos al interior de un taxi que los aguardaba a un costado de la carretera. Una patrulla que se encontraba rondando el lugar a esas horas  se percató de la sospechosa espera del automóvil y procedió su intervención.

“No es la primera vez que estos sujetos realizan este trabajo y al parecer, de acuerdo a las investigaciones, vendían estos restos óseas a estudiantes de la universidad, a la facultad de medicina”, fue el informe que brindó Denni de la Torre, en aquel entonces subdirector de la Fecc. 

Tras ser detenido, Moisés Castillo negó haber cometido profanación pero confesó que fue contratado por un “médico” para trasladar los huesos. “Me dijo te puedo pagar 500 bolivianos y solo necesito que hagas un trabajo. El señor es médico”, fueron las palabras de Moisés cuando se encontraba tras las rejas después de ser detenido.

“Hace muchos años que nos preguntamos por qué roban, quién roba. Se generaron ciertas respuestas porque también había robos en otros cementerios. En comunidad piensan que son los médicos, pero en realidad son personas que se dedican a comercializar”, indica Ernesto.  

La venta de huesos, se caracteriza por ser un negocio sigiloso, remunerado y que mantiene silencio a  estudiantes, docentes y autoridades.

Restos óseos sustraídos del cementerio de Melga. | Gente
Saqueos silenciosos

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En los últimos años la Policía solo tiene el registro del caso de Melga

El robo de cuerpos de cementerios para venderlos para disecciones o clases de anatomía en las escuelas de medicina, data de hace siglos. Quienes practicaban el robo de cuerpos eran llamados a menudo “resurreccionistas”.

Los médicos y estudiantes de las escuelas de Medicina y Anatomía del siglo XIX en Europa debían conformarse con pocos cuerpos para el estudio.

Así surge la necesidad de conseguir “material de estudio” desenterrando cadáveres en los cementerios, práctica que se extendió en aquellos años.

El director de la Felcc, Jhonny Corrales, informó que en Cochabamba desde el 2017 solo se reportó el caso de Melga y no se tienen registros de denuncias pasadas sobre delitos relacionados a este tema.

“Lo que hemos podido notar es que estos casos no son denunciados, la sustracción aparentemente se lo hace en escala menor y nosotros tenemos conocimiento extraoficial que se lo realiza por motivos de estudio y algunos casos por motivos de creencias mágicas o llamadas brujería”, indica Corrales.

El director de la Felcc, Jhonny Corrales

Este tipo de robos pasan desapercibidos, salvo cuando los parientes del difunto se percatan de la profanación.

En inmediaciones de la ex Zofraco, en el Distrito 9 de la ciudad de Cochabamba, se halla el barrio llamado Fortaleza, el cual  cuenta con su propio camposanto. Se trata de uno de los cementerios periféricos de la ciudad que son administrados de forma comunal. Estos lugares  se caracterizan por encontrarse a la intemperie y no contar con las medidas se seguridad mínimas.     

Nancy Vaca, directora de la carrera de Antropología de la Universidad Católica Bolivia, señala que en los últimos años se pudo evidenciar que Fortaleza sufrió robos de restos humanos.  “Ellos se quejan que la gente que roba no tiene escrúpulos y no pertenecen a la comunidad”.

La docente señala que los hurtos están ligados a las carreras de Medicina de las universidades privadas.

“Los comunarios realizan misas para pedir disculpas por no haber cuidado esos huesos y misa también para que los que han robado sean castigados”.

Al igual que Fortaleza, existen otros cementerios en localidades como K’ara K’ara, Uspha Uspha y  Pucara que comúnmente son señalados como lugares precarios, propicios para el hurto de restos óseos.

“Los que hacen esto es por ganar dinero. Generalmente son personas contactadas con los estudiantes porque son personas que saben cómo hurtar, saben cómo tratar el hueso”, explica la académica.  

El administrador del Cementerio General, Benedicto Gonzales, indica que en los distritos 8 y 9 de la ciudad de Cochabamba se sitúan varios camposantos que son considerados clandestinos sin ningún tipo de regulación. “No hay quién controle esos cementerios, entonces son susceptibles a que un grupo de jóvenes de noche vayan y profanen”. 

Prohíben el uso de huesos

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La comercialización de huesos se intensificaba a principios del año académico

Tradicionalmente docentes de las carreras de Ciencias de la Salud solicitaban a los estudiantes, sobre todo a aquellos de primer año, que se consigan piezas óseas para hacer un repaso práctico de las enseñanzas que hay en los textos de anatomía.

Uno de los primeros contactos de los estudiantes con el cuerpo humano llegaba con la osteología, donde el dominio de los distintos huesos era primordial. Después se proseguía con los músculos, los órganos internos y las vísceras.  

Es en este contexto que la comercialización de huesos se intensificaba a principios del año académico, temporada en la que aparecían carteles pegados en los postes cercanos a la Facultad de Medicina ofertando huesos.

Jorge Carrasco, docente con 40 años de experiencia en la carrera de medicina de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) y titular de la materia de Histología, explica que la forma de enseñar Anatomía tuvo un cambio radical y que ahora se estudia los segmentos íntegros del cuerpo, por lo que ya no es preponderante que los estudiantes estudien por separado el sistema óseo. Asegura que no existe ninguna exigencia para que consigan este material.

“Antes los estudiantes tenían que tener sus huesos para poder describirlos, ahora como todo está integrado se tiene el material en el anfiteatro”, explica el docente. “Si consiguen por su cuenta ya es aparte, nada tiene que ver la universidad”.

El decano de la facultad de Medicina de la UMSS, Carlos Espinoza, asegura que esa universidad hace años desistió de exigir a los estudiantes el armado de esqueletos, el cual formaba parte de su evaluación para la materia de Anatomía. También indicó que se cuenta con una osteoteca para que estudiantes puedan tener el acercamiento con los huesos humanos, así como material sintético. “Se ha cambiado el sistema y metodología de enseñanza”.

“Hubo situaciones de personas que han cometido algunas acciones que no están de acuerdo con normas que existen en la universidad. En algunos casos han ido a las provincias a sacar restos humanos”, añade el decano.

El decano de la facultad de Medicina de la UMSS, Carlos Espinoza,
Se rompió el convenio para el el Cementerio done huesos a la UMSS

Durante muchos años el Cementerio General de Cochabamba otorgaba restos humanos a la facultad de Medicina de la UMSS, ya que estos pertenecían a personas en situación de indigencia e iban a ser cremados.

El decano y el administrador del Cementerio General revelaron que en los últimos años ese convenio se rompió.

Gonzales señala que desde hace por lo menos tres años no se realizó ninguna donación. “Tengo entendido que han prohibido el manejo de restos óseos”. También indicó que en pasadas ocasiones surgieron problemas por las profanaciones de tumbas.

 “En este tiempo hemos tenido solicitudes de universidades privadas […], nosotros no podemos tener convenios con universidades privadas entonces se han rechazados todas las solicitudes”, señala el administrador.

Sin embargo, asegura que la demanda de restos óseos continúa y hace tan solo un mes atrás, un grupo de jóvenes llegó hasta la administración del cementerio para solicitar este material.  “Aquí han venido varias señoritas o jóvenes a solicitar cráneos por el tema de estudios para la facultad de odontología, entonces no sé hasta qué punto todavía se les exige”.

A falta de un convenio estas solicitudes son denegadas. El año pasado también se registraron peticiones de esta naturaleza por parte de estudiantes de la facultad de Medicina.

Continúa la oferta y demanda de huesos

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Estudiantes defienden que el uso de huesos reales es “muy importante”

Estudiantes de la carrera de Medicina, de diferentes universidades, admitieron que el uso de huesos reales es “muy importante” para su formación como especialistas en salud ”.

“Los huesos pueden ser adquiridos en el mercado negro, por pedido o bien es personal. El estudiante se arriesga y recolecta huesos en persona de los cementerios, eso existe. Luego el estudiante los acondiciona para su uso”, comenta Carlos (nombre ficticio) estudiante de la UMSS que cursa su internado.

Mauricio (nombre ficticio), estudiante en primer año de la carrera de Medicina de una universidad privada admitió también que los restos óseos “todavía son muy buscados por algunos estudiantes”.

“Un hueso artificial no es igual a uno real, los orificios, las hendiduras e incluso los surcos son diferentes (...). Yo una vez estuve buscando un occipital pero el que vendía me dijo 'no amigo, todo se ha acabado' (...). Si tú tienes un hueso real sabes hasta los huecos que tiene (éste) y sabes que por ahí puede pasar una arteria o un nervio”, explica Mauricio.

“Es importante conocer anatómicamente diferentes partes del cuerpo. Si uno está operando y no sabe bien puede la parte del cuerpo que está manipulando puede fraccionar un nervio o seccionarlo”, agrega por su parte Carlos.

Los entrevistados también indican que las osteotecas no siempre encuentras el hueso que ellos requieren.

El cuerpo de un adulto tiene 207 huesos. Un cadáver enterrado demora tres años en convertirse en restos óseos. Sin embargo, el tiempo varía según las condiciones de humedad y temperatura.

El precio común de un cráneo es de 100 dólares.

Otra forma de adquirir huesos, cuenta Carlos, es a través de la compra a los mismos estudiantes de semestres superiores que “ya no necesitan ciertas partes” y las comercializan; aunque reconoció que estos casos son pocos ya que “tener una pieza ósea es un lujo, para mí son joyitas y como médico te puede servir de por vida”.

A pesar de que las autoridades universitarias manifiesta que la practica dejó de ser común, las experiencias de estudiantes y la oferta de restos óseos muestran otra realidad.

En los alrededores de la Facultad de Medicina de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) hay nombres de vendedores fácilmente identificables.

El número de don Sixto (nombre ficticio) se comparte en las casetas de la universidad  a cualquiera que pregunte por la compra de huesos.

A través de un contacto telefónico, Sixto confirma que la oferta de restos es a pedido. El conjunto óseo de la extremidad superior de segunda mano se oferta  con un valor de 300 bolivianos, la inferior oscila por el mismo precio. Sin embargo la cabeza supera los 100 dólares y el vendedor asegura que son “nuevos”.

“Tengo tres creo y la verdad no está muy fácil conseguir, para esta rotación están buscando harto, estoy tratando de conseguir pero está difícil, hasta principios de año sería”, dice el vendedor que ofrece el cráneo con corte transversal y maxilar.

El vendedor reconoce que el mercado se acentúa a principio de año cuando los estudiantes ingresan a  primer año y llevan la materia de Anatomía o cuando ingresan al propedéutico ansiosos por un cupo en la carrera.

Empero, no le toma más de uno meses conseguir nuevas piezas.

El cráneo es una de las partes que más se comercializa en el “mercado negro”. “Es porque son huesos más pequeños, son desarticulables y se los puede estudiar por partes. La clave es tener piezas óseas separadas”, indica el estudiante de primer año.

Los estudiantes también coincidieron en que ningún docente exige huesos reales para la formación académica o para las prácticas que se realizan en las universidades.

El comercio de huesos continúa en las facultades de medicina

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Oferta en redes sociales

Los grupos de compra y venta de Facebook, se convirtieron en otro medio por el que se da el primer contacto entre proveedor y comprador en la reventa de huesos.

La plataforma permite que estudiantes de medicina de universidades públicas y privadas oferten huesos para otros universitarios que inician la carrera. Los precios son similares a los que se ofertan a través de anuncios. 

Los estudiantes acostumbran publicar fotografías de los huesos como cualquier otro producto, acompañado del número de contacto.  Un estudiante que ofertó un conjunto de huesos de la extremidad inferior en abril, no demoró más de un mes en venderla.

Incluso se acostumbra nombrar a los cadáveres para diseccionarlos, una forma de mostrar respeto.

Los huesos que pasan de mano en mano a través de la comercialización en las redes sociales dan cuenta que la  necesidad y fasinación academica por los restos óseos sigue latente en el actual contexto estudiantil de Cochabamba. Sin embargo, los métodos para conseguirlos siguen siendo los tradicionales; recurrir a cementerios rurales o "clandestinos" para que el robo quede desapercibido. El caso de Melga fue la excepción. 

Después de tres meses del hurto, el Instituto de Investigación Forense devolvió los restos humanos a los comunarios de esta localidad. Se trataba de 10 cuerpos enteros que habían sido sustraídos. El municipio de Sacaba donó un ataúd para que puedan poner todos los huesos juntos y de esta forma volver a enterrarlos.

Según el informe de la Fiscalía Moisés Castillo y  José Luis Paina después de ser detenidos se abstuvieron de brindar declaración, solicitaron someterse a un juicio abreviado y el pasado mes de marzo obtuvieron una sentencia de tres años de prisión.  

Hace 15 años, ocasión en la que se profanó 30 tumbas, los pobladores de Melga solicitaron a la Alcaldía de Sacaba que les otorgue un panteonero que resguarde el cementerio. El municipio accedió y las profanaciones cesaron.  Sin embargo, el  contrato del sereno feneció en un año y los hurtos continuaron.

“En la comunidad no tiene lógica. Cómo algo que es sagrado, que es intocable, se lo llevan”, dice Ernesto sobre el sentimiento de la comunidad ante las los saqueos de huesos humanos.

Ese sentimiento no es nuevo y no es  algo propio solo de esa localidad. Las univeridades y autoridades tienen en claro que la mayoría de los saqueos que se producen en los cementerios tienen que ver con la búsqueda de los estudiantes de restos óseos y por ello la determinación de prohibir este manejo. Para los estudiantes que continúan con su búsqueda de huesos conciben que los restos reales siguen siendo un material necesario para mejorar su entendimiento sobre el cuerpo humano.

 

Créditos redacción: 

Director del proyecto: 
José Romero
Periodista: 
Christian Burgos
Periodista: 
Jessica Vargas

Créditos fotografía: 

Fotografías: 
Los Tiempos
Vídeo: 
Gerardo Bravo

Investigación realizada en el marco del Fondo Concursable Spotlight IV para el apoyo a la investigación periodística en los medios de comunicación que impulsó la Fundación Para el Periodismo (FPP). 

Fundación para el Periodismo

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