12 niños e historias “de película” en el rescate de la cueva de Tailandia
Doce niños atrapados en el fondo de una cueva por 18 días, un director técnico de fútbol, indocumentado y exmonje budista; un buzo fallecido en las tareas de rescate; otro rescatista que ayudó a salvar 13 vidas, pero que no pudo hacer nada por su padre; un rescate en que, para sacarlos, hubo que dormir a los adolescentes con tranquilizantes; una promesa de ir a la final del Mundial de fútbol y una cuarentena que frustró el viaje. Al final, un final feliz, todos bien de salud, reunidos con sus familias. ¿Qué más se podría pedir para una película?
Por eso, no es raro que la gesta de los Jabalíes Salvajes, como se llama el equipo, o Los Trece de Tham Luang, como se los conoce ahora, tras el rescate, se vea reflejada, no en una, sino en al menos dos películas anunciadas hasta la fecha, además de que la cueva en la que estuvieron 18 días atrapados será declarado “museo viviente”.
El entrenador Ekkapol Chantawong, tiene 26 años, es originario de Birmania. Es indocumentado (al igual que otros dos niños), y antes de dedicarse al fútbol era monje budista. Dicen que fue él quien enseñó a los niños técnicas de meditación para conservar el oxígeno lo más posible. Además, animó a los niños, de entre 11 y 16 años, a excavar con piedras un hueco en el interior para poder conservar el calor.
Uno de los adolescentes (el birmano Adul Sam-on) habla cuatro idiomas (birmano, tailandés, chino e inglés) y sirvió como intérprete del grupo y para comunicarse con los rescatistas. Llegó a Tailanda en busca de una mejor educación
Todos ingresaron a la cueva para celebrar el cumpleaños 17 de un compañero (Peerapat Sompiangjai), por eso llevaban algo de alimentos, pero la fiesta se volvió tragedia, aunque finalmente pudieron cantarle el Happy Birthday después de 18 días.
Dos de los niños habían escrito cartas a sus padres haciéndoles muchas promesas en caso de salir de la cueva. Al final salieron todos. Claro, que antes había que impartirles instrucciones básicas de buceo y ver que estuvieran bien de salud. De hecho, muchos tuvieron que ser sedados con tranquilizantes para evitar que en el recorrido sufrieran estrés o cundieran en la desesperación. Uno de los rescatistas cuenta que aconsejaba a los niños que cerraran los ojos. Pero ni siquiera al salir podría colocarse el The End a la película, pues los adolescentes aún tenían que esperar unos días más. Fueron puestos en cuarentena ante el temor de que hubieran contraído algún hongo contagioso, lo que finalmente fue descartado, pero durante todo ese tiempo, los padres tuvieron que resignarse a ver a sus hijos a través de un vidrio.
He ahí la historia, he ahí los personajes. Un par de medianas productoras ya se pelean por los derechos de una trama invencible y no es descabellado pensar que aparezcan pronto los grandes estudios.
Por ahora, la compañía estadounidense Pure Flix, especializada en producciones cristianas como “Dios no está muerto” o documentales ultraconservadores, ya ha comenzado a preguntar a gente de Mae Sai, la apacible localidad junto a la cueva.
A su favor juegan los vínculos de Michael Scott, su socio fundador: vive en Tailandia y su esposa local estudió con el buzo ahogado. Y en su contra, la cuestión de qué hace una productora de películas cristianas en una historia donde todos rezan a Buda. Del otro lado, el director sino-estadounidense Jon Chu, empleado en la productora Ivanhoe Pictures, quiere rodar la película para evitar el enésimo blanqueamiento en la interpretación de roles asiáticos por caucásicos.
EL ESCENARIO SERÁ “MUSEO VIVIENTE”
El escenario de esta historia de película, la cueva Tham Luang, se convertirá en “museo vivo” para mostrar a los turistas cómo se realizó el operativo de rescate de “los 13 jabalíes”. El museo complementará el tradicional menú tailandés de playas, templos y desmelene.
A la provincia de Chiang Rai no le faltan razones: un par de relevantes templos, paisajes espectaculares y su cercanía al Triángulo de Oro (Tailandia, Laos y Birmania), abundante en opio y prostitutas.
Tiene en contra el cariz inundable de la cueva, por lo que, desde ya, se descarta su apertura entre julio y octubre. Nadie quiere turistas atrapados, como ocurrió con los niños.
EL ENTRENADOR, DE VILLANO DE LA PELÍCULA A HÉROE DE LA HISTORIA
Antes de hallarse a los niños, los padres angustiados maldecían al entrenador Ekapol Chantawong por su irresponsabilidad al comandar el ingreso a la cueva.
Tras el hallazgo, el DT prometía a los padres, mediante cámaras, cuidar bien de los niños. Los rencores se disiparon y hasta pedían a las autoridades no procesarlo.
El monje budista birmano enseñó a los niños a respirar y guardar el calor haciendo un hueco en la pared.
EL BUZO QUE PERDIÓ LA VIDA ERA ATLETA Y AVENTURERO
Saman Kunan era un exmarine que trabajaba como voluntario junto al resto de los rescatistas, y murió entre la 1 y las 2 de la madrugada del viernes 6, después de llevar alimento a los niños y mientras colocaba recipientes de oxígeno bajo el agua.
La tarea tenía el objetivo de reponer el suministro de oxígeno en la cueva. Kunan se desmayó y los esfuerzos para resucitarlo no tuvieron éxito.
El perfil de Facebook de Kunan, de 38 años, muestra imágenes de un hombre en forma con espíritu aventurero: amaba andar en bicicleta y correr. Efectivamente, después de retirarse de la Marina, Kunan se convirtió en triatleta y trabajó como oficial de seguridad aeroportuaria.
Los soldados y los policías guardan gran respeto por Kunan, lo que se vio reflejado en que su ataúd fue cargado en un avión de la marina tailandesa en el Aeropuerto Internacional Chiang Rai. La Armada también busca permiso para promover póstumamente a Saman, que era un suboficial de primera clase cuando dejó la unidad.
EL ENTRENADOR Y DOS NIÑOS SON “APÁTRIDAS”
El entrenador y dos de los 12 chicos que fueron rescatados de una cueva tailandesa forman parte del medio millón de personas que viven en Tailandia como apátridas.
Las autoridades tailandesas se han comprometido en facilitarles la ciudadanía en seis meses si no surgen complicaciones con su documentación.
Los que se encuentran en esta situación son el entrenador Ekkapol Chantawong y los estudiantes Phonchai Khamluang y Adul Sam-on.
La falta de papeles les afecta porque no pueden acceder a educación superior, no se les reconocen derechos fundamentales, no pueden salir del país y tienen dificultades para conseguir trabajos, entre otras cosas.
Esta situación de irregularidad surge a la luz cuando la universidad tailandesa de Naresuan ha ofrecido a los chicos becas de estudios.
Los 12 chicos, de entre 11 y 16 años, y el entrenador, de 26, ni siquiera podrían salir del país a la ceremonia de entrega de los premios The Best de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), prevista para septiembre próximo.
De hecho, ellos ya habían sido invitados a ver la final del Mundial, pero eso no fue posible pues fueron puestos en cuarentena ante el riesgo de que hubieran adquirido una enfermedad contagiosa, como hongos, en el interior de la cueva.
Las autoridades tailandesas van a convertir la cueva en un “museo viviente” y Hollywood prepara dos películas diferentes que narrarán el feliz rescate.
AL SALIR, SE ENTERÓ DE QUE SU PADRE HABÍA MUERTO
El experimentado buzo australiano Richard Harris y especialista en anestesia estaba de vacaciones en Tailandia, pero cuando se enteró del hallazgo de los niños en la cueva, se presentó como voluntario. Permaneció tres días con los niños dentro de la cueva y su misión era diagnosticar que el estado de salud de los niños fuera el mejor posible para dar luz verde a su rescate. Si un niño estaba débil, debía hacer que espere.
Su misión era importante y fue uno de los últimos en salir de la cueva, pero no pudo celebrar durante mucho tiempo el éxito de la misión: al salir, le informaron que su padre había fallecido.
Las autoridades tailandesas dijeron que el dolor de la pérdida fue amplificado por el estrés y el esfuerzo físico del rescate.
Su amiga, Sue Crowe, dijo a la BBC que el doctor es un modesto y altruista hombre familiar, cuya presencia seguro ayudó a confortar a los niños dentro de la cueva. Las autoridades tailandesas, en tanto, valoraron la ayuda del equipo australiano.
EL PRIMERO QUE LLEGÓ Y EL GRITO TRIUNFAL “¡HOOYAH!”
El operativo del rescate fue coordinado por Narongsak Osotthanakorn, equipo formado por fuerzas de élite de la Marina tailandesa y rescatistas de varios países.
Miembros de las fuerzas especiales de Tailandia formaron parte del rescate: un médico, Pak Loharnshoon, y tres buzos voluntarios, cuyos nombres se desconocen, popularizan el grito de “¡Hooyah!”, al utilizarlo para celebrar cada momento exitoso de la operación hasta el feliz final. La voz de John Volanthen fue la primera que escucharon los niños y su entrenador después de nueve días atrapados. En el video, uno de los niños dice “gracias, gracias”. Luego le preguntan si serán rescatados, a lo que Volanthen responde que “hoy no, sólo somos dos, tenemos que nadar”, pero añaden que vendrá mucha gente. La siguiente pregunta fue “qué día es hoy”, lo que desconcierta a los rescatistas.
Volanthen y su compañero británico Richard Stanton fueron contactados por las autoridades tailandesas, junto a Robert Harper, otro británico experto en cuevas.
El trío llegó a Tailandia tres días después de que el equipo de fútbol fuera reportado como perdido.
Volanthen, asesor de Tecnología de la Información y Stanton, exbombero, son miembros del South and Mid Wales Cave Rescue Team, equipo de rescate en cuevas del sur y centro de Gales y tienen experiencia en operaciones de rescate en cuevas inundadas, en países como Noruega, Francia y México.




























