¡Yo te he dicho!, waway
En la actualidad, podríamos decir que la economía es psicología concentrada.
Vivimos una coyuntura donde las expectativas de lo que va a pasar con el tipo de cambio han sido alteradas por diferentes factores. Los economistas, para referirse a este fenómeno, utilizan dos conceptos. Las expectativas adaptativas que miran al pasado y las expectativas racionales que entienden el entorno.
En la coyuntura nacional actual existe una revira vuelta de las expectativas sobre la suerte de las divisas y el tipo de cambio. Veamos. Después de la hiperinflación de 1985, el tipo de cambio, es decir, el precio en bolivianos de la moneda extranjera, jugó un papel de ancla, sumamente importante, para las expectativas futuras que la gente tenía sobre la inflación. Al haberse estabilizado esta variable, respaldada con políticas económicas coherentes y sostenibles, convenció a las personas de que no se movería o que tendría una trayectoria predecible y que, por lo tanto, la inflación también estaría bajo control.
El 1986 tuvimos un régimen cambiario que se conoce como flotación sucia. El mercado de divisas se alimentaba de las exportaciones y se reducía con las importaciones, pero para que la divisa extranjera no fluctúe demasiado, el Banco Central de Bolivia (BCB), a través del Bolsín, intervenía en el mercado para que las fluctuaciones sean pequeñas.
Sin embargo, aproximadamente después de 1987, se modificó el régimen cambiario y se optó por el crawling peg, o tipo de cambio deslizante, que hacía que el BCB puede apreciar o depreciar gradualmente la moneda extranjera (un punto para arriba, un punto para abajo). Con esta metodología, el tipo de cambio subió de $us 1 = 2 Bs, en el año 1986, a $us 1 = 7,18 Bs en 2008. Hasta ese año, las expectativas de la gente estaban muy bien calibradas con este vaivén suave en el precio del dólar.
A partir de 2009, se optó por el tipo de cambio fijo con una banda de precios que oscilaba entre 6,86 Bs y 6,96 Bs por dólar. Este nuevo régimen cambiario se fortaleció con una acumulación significativa de reservas internacionales (RI) en el BCB.
El tipo de cambio no se modificaría porque había, por ejemplo, hasta 2014, 15.000 millones de dólares de RI. Quiere decir que, tanto si los agentes económicos miraban hacia atrás como si hacían lectura de entorno, las señales eran claras había muchos dólares, había exportaciones gigantescas, el crecimiento era elevado y registrábamos un superávit público.
En el periodo 2014 - 2015, se produce una inflexión del sector externo boliviano que había estado exportando más de $us 13.000 millones/año, pero, en 2015, las ventas al exterior caen a $us 8.737 millones. Además, se produce una desaceleración del crecimiento económico. Sin embargo, variables como consumo, inversión y gasto público no se modifican. El Gobierno decide el uso de recursos internos para mantener la demanda agregada. Para esto se aumentó la deuda interna y externa, pero, sobre todo, se comenzó a usar las sacrosantos RI.
Del año 2014 al 2019, el Gobierno de Morales usó $us 8.625 millones de las RI. Es en este momento que las expectativas de las personas reciben otro tipo de información y comienzan a interpretarla de manera diferente. Miraban al pasado y ya no había la enorme cantidad de RI. Además, veían que la política fiscal y monetaria era sumamente expansiva y en gran medida se financiaba con estos recursos.
Comienza a registrarse un enorme déficit público Posteriormente, los gobiernos de Áñez y Arce siguieron con esta línea y aceleraron el uso de las RI para atenuar la crisis de la Covid. Ambos Gobiernos gastaron $us 2.875 millones.
A pesar de que se habían gastado cerca de $us 11.500 millones hasta el primer bimestre de 2023, las expectativas de la gente sobre la situación del tipo de cambio estaban todavía estables, pero el pasado ya no era un buen indicador del futuro.
A inicios de este año, frente a la caída persistente de las RI, el Gobierno adopta una serie de medidas que mandan señales preocupantes a los radares de las expectativas de la gente: Se obliga a las empresas estatales a traer dólares de afuera, se emite un bono extraordinario para captar remesas internacionales, se busca aprobar una ley de compra y venta de oro y —tal vez la decisión más polémica— se ofrece un tipo de cambio preferencial a los exportadores que hace que el valor del dólar se sitúe en la banda del tipo de cambio (6,95).
Los agentes económicos no son tontos y saben leer sus entornos, interpretan todas estas medidas como signo de escasez de divisas. En suma, se desorganiza el mercado de las divisas que había estado estable por más de 13 años.
Hace muchos años que este su escribidor del lunes y otros insignes economistas hablamos de estos temas. Desde el árbol del poder recibimos desprecio. Sin embargo, la procesión de las expectativas se estaba llevado por dentro hace mucho tiempo. Se estaba “jochando a los petos” con palo corto, desde 2014.
Pues ahora debemos repetir la frase que, probablemente más divorcios, rabietas, dolores, interpelaciones, ataques de caspa produce en el mundo: “Yo te he dicho, waway”.
Columnas de GONZALO CHÁVEZ A.




















